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Aborto y Naciones Unidas

Porque soy provida, combato el aborto. Entiendo que la vida humana es la base de todos los derechos que sin ella, por razones obvias, no pueden ejercerse. El derecho a la vida es el primero y el más importante. Y cuando los otros derechos entran en conflicto con la vida, esta última debe primar. 

Esa primacía resuelve la discusión sobre el supuesto derecho de la mujer a su cuerpo como justificación del aborto. Primero, porque ese tal derecho, el derecho de la mujer (o de los hombres) a disponer de su cuerpo, no existe. Y aún si existiera, el mismo estaría subordinado al derecho a la vida de la criatura por nacer. En esa colisión de derechos, el de la mujer a su cuerpo y el de la criatura a la vida, habría que decantarse por el derecho a vivir del ser por nacer. Después, y es mucho más importante, porque la criatura por nacer no es parte del cuerpo de la mujer, es un ser distinto. Depende de la madre, pero no es “parte” de ella.

Pues un magistrado de la Constitucional propone que el aborto sea libre hasta la semana 16. Si hoy no pudiera contestarse la pregunta de si hay vida antes de la semana 16, esa duda, mientras que se cuenta con los elementos para establecerlo de manera inequívoca, debería decantarse a favor de que sí la hay y no de lo contrario. Otra cosa sería mandar al demonio el famoso principio de precaución del que tantos se sienten orgullosos.

Mientras tanto, el representante en Colombia de la Alta Comisionada de DDHH de la ONU, no tuvo empacho en sostener que deberíamos “despenalizar el aborto en todas sus formas”. Alego las opiniones de los miembros de los comités de derechos humanos que defienden el aborto. Pues esas opiniones son eso, opiniones, no normas jurídicas, no crean derechos y no obligan a los estados. Por cierto, el Pacto de San José, en cambio, que sí es un tratado y sí nos obliga, protege la vida desde la concepción.

Brunori añadió que lo decía “con respeto en medio de la discusión que se está dando en las altas cortes” y que no quería involucrarse en el debate. Todo esto sin sonrojarse y creyendo que acá somos todos un montón de imbéciles. Es obvio que su propósito era influir en la decisión y que tal intervención va más allá de sus competencias y resulta una abierta injerencia en asuntos que debemos decidir los colombianos, sin interferencias indebidas de burócratas internacionales con agenda de izquierda.

No fue el único exabrupto de esa Oficina en esta semana. Uno sobre la ubicación de la Policía en el esquema ministerial, ameritó un claro rechazo del presidente Duque. Yo quisiera oír una declaración igual de enfática en relación con el aborto. Y que el Gobierno pensara, de una vez, en devolver a estos burócratas a sus oficinas en Ginebra y en frenar la transferencia de recursos hacia ellos.

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Rafael Nieto Loaiza: