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A vender y a entregar fincas

El programa de adquisición de fincas por parte del Gobierno nacional viene avanzando en el departamento y al tiempo la entrega a trabajadores de la tierra. Es un proceso que ojalá no sea interrumpido por los ruidos sorprendentes de los procesos administrativos y burocráticos, cuando no de escándalos que hacen visibles los organismos de vigilancia y control o los medios de comunicación. De sucederse, sin perjuicio de que se investigue y procese a los responsables, el programa no debería paralizarse pues tiene beneficios notables para la sociedad. 

Es el tipo de acciones de transformación que no requieren cambio legal y que tienen una importante y pocas veces vista ventana de oportunidad. En las arcas del Estado se han presupuestado este año del orden de $5 billones y la meta es alcanzar las 500.000 hectáreas adquiridas y entregadas a los nuevos beneficiarios.

Muchos propietarios de tierras, la mayoría ganaderas, a pesar del atávico apego a ellas, han decidido ofrecerlas con el incentivo de que se pagan de contado a precios comerciales. Es una oportunidad pues también sienten preocupación de la evolución política nacional, de la inseguridad en los campos y de que tienen que hacer la transición familiar a una nueva generación de sucesores que se han preparado en universidades, no tienen amor por la actividad agropecuaria y solo vendrían a estas ciudades de la provincia de vacaciones ya que optaron por profesiones diversas que los mueve con facilidad entre empleos y viajes. Nosotros recomendamos que se vendan esas fincas y sean entregadas a necesitadas familias cuyos líderes serán nuevos agentes productivos en el departamento. Vendrán con nuevos bríos, con ansias, con el ‘hambre de producir’ y eso es bueno para nuestra paquidérmica economía regional. 

Que se puedan transar este año más de 50.000 hectáreas sería un punto alto del Gobierno nacional y del proceso de movilidad social: serían más de 5.000 familias objeto de proyectos cofinanciados y asistidos por la Agencia de Desarrollo Rural, el Banco Agrario,  Agrosavia y a los que deberían sumarse la gobernación y las alcaldías. Ojalá en este cuatrienio se adquirieran más de 150.000 hectáreas en el Cesar, una superficie similar a la ocupada por el cultivo del algodón en los  años 70 y 80. Hoy hay 100.000 en palma de aceite.   

El turismo,  flojo de pasión 

Hay preocupación por lo que pueda pasar en la temporada de Semana Santa, según informan hoteleros y operadores turísticos. Aunque el país ha tenido un reciente auge de esa actividad en la región de Cesar y La Guajira el impacto ha sido menor. Esa situación se interpreta no tanto por el estado de la política, o la desaceleración de la economía en 2023 después del gran crecimiento del año anterior, 2022; sí por el grado de inseguridad y de bloqueos viales en la región, en especial en el vecino departamento guajiro, en el que los obstáculos son continuos, sorpresivos y puedan tornarse violentos.

En esta época de semana de pasión cristiana Valledupar y sus alrededores son frecuentados por turistas cuyo destino final es el desierto, el mar y los cardonales de la altiva  península . Pero con el conocimiento que se tiene de los constantes problemas en las carreteras si no se hace un esfuerzo mayúsculo por las autoridades, la fuerza pública y los gremios va a pasarse una semana de desventurada pasión.

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