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A trabajar señores congresistas: el pueblo lo reclama

   El próximo 20 de julio inicia una nueva legislatura en el Congreso de la República, será la última oportunidad para que los actuales congresistas le demuestren a sus electores, por un lado, que valió la pena votar por ellos, y por otra parte demostrarles por qué deben ser reelegidos o si por el contrario deberán irse con su música a otra parte y darle la oportunidad a otros que sean capaces de interpretar una melodía que lleve inmersa las notas de la soluciones inmediatas que requieren los colombianos.

El estallido social como muestra del inconformismo arraigado en la mente y en los corazones de muchos colombianos durante décadas, ha tenido su punto de inflexión desde hace más de dos meses de manifestaciones y protestas en su mayoría validas, legítimas y necesarias dentro de un Estado social de derechos, deberes y obligaciones. Lamentablemente como suele suceder en un país tan convulsionado  y polarizado como el nuestro, en el transcurrir de dichos sucesos surgen otros actores que aprovechan la coyuntura y la efervescencia del momento para provocar acciones que distan mucho de los principios fundamentales que inicialmente dieron su origen y poco a poco dichas malas acciones (de algunos, no de todos) fueron deslegitimando y desnaturalizando el fin y el objetivo principal de las  marchas y sus exigencias pacificas iniciales para cometer actos de vandalismo y enfrentamientos con la fuerza pública, dejando un número considerable de heridos y muertos de parte y parte con un agravante adicional que incluye los destrozos a la propiedad pública y privada, dejando multimillonarias pérdidas económicas en todos los renglones de la economía.

   Todo esto pudo haberse evitado si existiera una comunicación directa entre gobernantes y gobernados, a través de unos interlocutores válidos y empoderados por el poder del voto ciudadano (congresistas), que son los llamados a recoger todo ese inconformismo y toda esa serie de necesidades que tienen las distintas regiones de la patria. Son los congresistas quienes deben mantener el rose y el contacto permanente con los líderes de las distintas comunidades y departamentos que los eligen para de esta manera hacerle los mandados, ante el Gobierno nacional, al pueblo que los eligió y que por razones obvias les es difícil hacerlo en forma personal e independiente.

 En este último año que les queda al actual gobierno y a los actuales congresistas es necesario que tanto el uno como los otros no echen en saco roto toda esa serie de demandas y peticiones justas y por demás necesarias que se han escuchado desde diversos sectores para que lejos de los sectarismos y las mezquindades ideológicas estériles e insípidas propias de los debates electorales, puedan entregar el mayor número de soluciones posibles a dichas demandas aún en medio de las dificultades ocasionadas por la pandemia del covid-19 que no podemos desconocer.

   Llegó el momento de que los congresistas se preocupen más por sus regiones y tengan  en cuenta a sus líderes, que son los encargados de transmitirles la información veraz y oportuna. Resulta triste y humillante para ellos recibir sus visitas y llamadas únicamente cada cuatro años (no todos, desde luego) para pedirles los votos, y el resto del periodo son condenados a la absoluta indiferencia.

Son tiempos de cambio y de grandes transformaciones, y los congresistas deben entrar en esa misma dinámica. O cambian la manera de hacer política o el pueblo los cambiará por otros, así de sencillo: el pueblo es la fuerza motriz que mueve el mundo y el único capaz de reescribir la historia… su propia historia.

No queremos más colombianos enfrentándose a otros colombianos igual de pobres y humildes entre sí, necesitamos congresistas que tramiten leyes e impulsen proyectos que enaltezcan la dignidad humana y propicien el mejoramiento de la calidad de vida para combatir la pobreza, la desigualdad, la inequidad y la miseria que azotan a nuestras regiones de manera cruel y desgarrante. Ustedes tienen la representación del pueblo y deben ejercerla independientemente de las distintas vertientes ideológicas que representan, pues, el pueblo no vive de ideologías, vive de realidades y de soluciones concretas.

Por: Gabriel Darío Serna Gómez

Categories: Columnista
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