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A lo que se redujo la política regional

Es muy cíclica la política, esa que tiene que ver con el poder y las elecciones. Y los puestos, los contratos, el dinero y las ideas. En el escenario nacional ha sido refrescante que la última elección presidencial haya resultado en una confrontación ideológica, que relegó para sorpresa a un segundo plano a las fuerzas tradicionales, parlamentarias y clientelistas. Lo sucedido a Germán Vargas Lleras, un capacitado, valeroso e inteligente dirigente político, al  que no le dio su alianza de congresistas y jefes locales para imponerse en las elecciones presidenciales, muestra hasta qué punto hay un claro divorcio entre unas elecciones nacionales, por el alto cargo de voluntades libres y representación, y las elecciones locales.

Las regiones han perdido en cierto grado algún reconocimiento desde que el Senado se volvió una circunscripción nacional. El Cesar históricamente tenía, según su población, dos senadores, y por su amplia mayoría del partido Liberal los rojos solían ocuparlos a pesar de sus pronunciadas divisiones. Cuando el otro partido, el Conservador, se unía, podían disputar el otro senador.  Nunca dejaba de haber, por lo menos, un senador liberal.

La circunscripción nacional para el Senado, que fue una buena intención de los constituyentes  de 1991, con el propósito de que los congresistas empezaran a manejar mejor un concepto de nación y de los problemas transversales a todos los departamentos, ha tenido algunos beneficios. Pero no se hacen notar frente al hecho de que se ha desbordado el clientelismo en toda la nación y la financiación  de las campañas,  con el correlativo encarecimiento de las mismas, haciéndose más notables los ‘movimientos políticos de los contratistas’ y el fallecimiento de las ideas en el ámbito regional.

Que no se mueva una idea nueva, renovadora, una iniciativa de sorpresa entre los congresistas del departamento -o de la costa Caribe-, sino una reducción de su tarea a la gestión de conseguir cuotas burocráticas, hacer favores a contratistas y proveedores y recoger seguidores para la campaña, es decepcionante. La participación en número de los congresistas costeños en la actual legislatura es histórica, por lo numerosa, pero no proponen una idea de importancia que trascienda en la nación ni siquiera en la costa misma. Cuando más, se unen para pedir unas obras -a eso redujeron la política: a puestos, contratos y ciertas obras-, y lo hacen de manera desarticulada y con interés exclusivo en su particular terruño.

Por eso es gratificante que el Gobierno nacional haya convocado un pacto territorial Cesar-Guajira, recogiendo el clamor de los ciudadanos de ambos departamentos que lo interpretamos en el foro ‘Cesar-Guajira, una sola nación’, hace dos años. Pero parlamentarios y gobernadores del Caribe han dejado en el limbo iniciativas como las de unidad Caribe, mientras otras regiones, sumando departamentos en propósitos comunes y obras de impacto regional, en el Pacífico, en los Llanos, en la región cafetera y en centro oriente, vienen trabajando en forma; a pesar de haber sido los costeños los promotores de la integración. Faltan ideas.

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Redacción El Pilón: