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¿Saludable el chisme?

Por: Luis Augusto Gonzales


Los avances científicos son descrestadores: lo que es bueno hoy, mañana resulta siendo dañino y viceversa. Así, no termina un medicamento de ser destacado como la panacea para curar determinada enfermedad cuando al poco tiempo le descubren nefastos efectos secundarios. De manera que no sabemos a qué atenernos, o a qué tratamiento someternos. Por ejemplo, está en boga la medicina alternativa o no convencional que es recomendada tanto por médicos bien acreditados como por culebreros. Pero simultáneamente hay quienes la ven con recelo y a veces con hostilidad.

Reconozco que tengo la inclinación a leer todo lo concerniente a estudios científicos. En esa forma me enteré de que tomar aspirina antes de una operación de corazón abierto aumenta las probabilidades de supervivencia. Otro estudio pone en duda los beneficios de la medicina homeopática; uno más, que productos con testosterona en forma de parches, lociones y ungüentos prometen mejorar la libido de las mujeres.

Y siguen. Un equipo noruego de científicos reveló que un producto antidepresivo estaría relacionado con intentos de suicidio. También se ha descubierto una sustancia más efectiva que la quinina para combatir la malaria. Que mediante el control de la insulina (al menos en los ratones) se puede retrasar el envejecimiento. Que medicamentos para controlar el colesterol también sirven para evitar riesgos de infarto. Que la risa es remedio infalible para la angustia. Y un sinfín de novedades.

Pero la última sí que es inquietante. Según algunos investigadores el chisme es saludable para nuestras vidas, pues cumple tres funciones esenciales que ayudan a la mente: genera redes, logra influencias y afianza alianzas sociales. También reportan los estudiosos que el chisme suma el 55 por ciento del tiempo de la conversación de los hombres y el 67 por ciento del de las mujeres. Eso fue lo que salió publicado.

Recibo este resultado con beneficio de inventario y mucho me temo que termine dándole licencia al chisme para salir de los rincones y entronizarse en la plaza pública. Hace algunos años tuvimos un ejemplo en el Congreso de la República cuando un senador reveló el tráfico de drogas en sus instalaciones y denunció a sus colegas como consumidores, sin tener pruebas. Según la tesis de que el chisme es saludable, tanto los congresistas como el país entero deberían estar agradecidos con el senador denunciante por proporcionarles un rato de esparcimiento y por mejorarles la salud.

Si llegara a ser cierto que el chisme es saludable, la salud mental de los colombianos estaría asegurada por los siglos de los siglos, máxime si como se indica en dicho estudio dos tercios de las conversaciones humanas son chismes y nosotros somos dados a superar los promedios históricos.

Desde luego Valledupar no escapa a esta creencia convertida en moda. No faltaba más. Si hasta hay quien afirma que aquí fue donde se inventó. Cuando era una aldea se repartían pasquines difamatorios por debajo de las puertas de algunas casas. Con la llegada de la telefonía se dieron las llamadas anónimas revelando una tropelía, una infidelidad o un asalto al erario. Posteriormente se nos vino encima la suplantación de personas a través de la falsificación de firmas o el escaneo de las mismas. Como cuando pusieron a renunciar de un cargo a quien jamás había pensado dimitir. Y, finalmente, el correo electrónico que es el desahogadero de las bajas pasiones.

Me niego a creer que el chisme sea saludable. Por el contrario, produce zozobra de ánimo en quien lo genera y ocasiona no pocas tragedias, cuando la persona involucrada se entera de lo que de ella se dice, por boca de otro chismoso, claro está, y recurre a la violencia para reparar lo irreparable. El chisme es una manifestación de envidia y como siempre nos lo recuerda “Cochise” Rodríguez, en Colombia se muere más gente de envidia que de cáncer. ¿Cómo puede entonces, ser  saludable?.

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