¿Casualidad?

Tres cuentos cortos

Por Leonardo José maya

Un soleado día de julio el campesino Pedro fue confrontado por su mujer, quien lo acusó de infidelidad con María, la lavandera, mostró evidencias y trajo testigos. Pedro derrumbó uno a uno los argumentos en su contra, los testigos no fueron contundentes en sus declaraciones por lo que su mujer pidió disculpas por su  acusación.
Con el pecho henchido de júbilo, Pedro hizo una de más. Quiso adornar su verdad sin presentir que ese día los astros no estaban a su favor. Eran exactamente las 11:53 minutos cuando saltó al vacío con un juramento apocalíptico.
__ Que se apague la luz del sol si te engaño con esa mujer -dijo.

En ese instante el mundo empezó a oscurecerse, las madres rezaban buscando sus hijos, los perros ladraban asustados, los espantos de la noche salieron confundidos de sus guaridas,  las aves no hallaron sus nidos y se extraviaron en el cielo sin encontrar la luz. Pedro perdió el juicio y enloqueció para siempre.
En la humilde mesa reposaba un inocente almanaque Bristol que anunciaba para el 25 de julio a las 11:53 un eclipse total de sol.  Pedro no sabía leer. No pudo evitar su desgracia.

Una mirada

Entró al café de la Plaza Mayor se sentó despreocupada, se arregló el cabello perfumado de frutas silvestres y colocó su bolso sobre la mesa, miró en derredor y observó al escritor.
El la miró y se sonrojó al saberse observado. Ella siguió mirándolo y sonrió tiernamente. Las añoranzas llegaron de golpe a su corazón, se le pareció a un viejo amor del que nunca había renunciado a su recuerdo, extrañamente comenzó a sentir esa sensación agradable y plácida que él le inspiraba. Su imaginación viajera recorrió momentosfelices, suspiró profundo y ansió revivirlos. Entonces comenzó a imaginar momentos que la alejaban de su viejo amor y la acercaban a la ilusión.
El se desentendió de la situación y se refugió en su timidez.Dejó escapar su próxima historia de amor que viviría o escribiría –o ambas-  solo por no levantar la mirada como desde hace siglos hacen las aves del cielo para encontrar nuevos rumbos.

Realidad

El no la conocía pero había soñado con ella, no una, sino varias veces en los últimos quince días. Le prometió amarla y ella le correspondió igual, solo esperaba soñarla de nuevo para atarla a su corazón por siempre.
El sábado la vio en la barra de la disco, respiró su perfume de jazmines y se extasió en su hermosos ojos claros, se acercó y en su mirada comprendió que ella también había soñado con él, la invitó a bailar y antes de terminar la primera canción ya habían convertido su sueño en realidad.

ljmaya93@hotmail.com

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