Con la coronación de las reinas culminaron los carnavales de Valledupar

La alegría del Carnaval también la viven los niños. Así ocurre cada año durante la coronación de la Reina Infantil del Carnaval, donde las nuevas generaciones muestran su deseo de mantener viva esta tradición cultural de los costeños.  Leonardo Alvarado/EL PILÓN

Un derroche de alegría, música y folclor se apreció ayer en la Escuela La Sabrosaza, en el marco de la final de los concursos de comparsas profesionales e infantiles del carnaval, así como la coronación de la Reina Infantil y de la Reina Juvenil. Al son de chandé, cumbia y mapalé, las representantes de la alegría y el desorden de las fiestas carnestoléndicas de Valledupar bailaron enérgicamente, dando muestras de espontaneidad y carisma, contagiando al público asistente.

Las protagonistas de este evento cultural fueron las reinas populares: Camila Andrea Herrera Jiménez, del barrio La Nevada; Natalia Michel Torres, de Villa del Rosario; Angie Vanesa Bolaño, de Tierra Prometida; Ruth Estefany Moya, de Santa Rita; y Carolay Castilla, del Divino Niño. Así como las reinas corregimentales Mabelis Romo Medina, de Valencia de Jesús; Melany Reyes López, de Los Corazones; Dayana Doria Muñoz, de Río Seco; Rosa Paola Anaya, de Las Raíces.

Ayer finalizó el Carnaval de Valledupar, un encuentro de expresiones folclóricas, dancísticas y musicales que dan rienda suelta a la alegría. Leonardo Alvarado/EL PILÓN

El ramillete de reinas infantiles: Natalia Rodríguez Tarazona, reina central; Danna Sofía Teherán, Capitana de la Fundación Cultura Vallenata; Andrea Vides, del 5 de Noviembre; Danis Vanessa García González, de Santa Rita; Lauren Sofía Bustos, de Villa Dariana; Danna Michel Moya, de Candelaria sur; Rosa Isabel Martínez, de Amaneceres del Valle; Sara Franchesca Ustaris, de San Jorge; Valentina Galeso, del Primero de Mayo; Mary Paz Pimienta, de Santa Rosa; Daniela Escobar González, de Los Fundadores; y Loren Dayana Ávila, de Hernando Marín, demostraron que esta tradición se gesta en las nuevas generaciones.

Ellas bailaron temas como: El Torito, El Congo Grande, El caimán cienaguero, Checumbia, entre otros, con el ánimo de sorprender a jurado calificador, que hasta el cierre de esta edición no había dado su veredicto final.

Las comparsas

Las manifestaciones tradicionales del Carnaval de Valledupar que se presentan específicamente para esta celebración, que son expresiones de baile con coreografía, música y otras creaciones artísticas, tuvieron su espacio en el cierre del carnaval, donde les sería premiado aspectos como: la coreografía, escenografía, coordinación y creatividad.

Las 10 comparsas que había eran inspiradas en disfraces, danzas y costumbres de tradición popular, con coreografía especial, acompañada de música tradicional del Caribe colombiano.
¡A rescatar el carnaval!

Este fue el mensaje claro de la Fundación Valledupar Tradición y Cultura, organizadora del Carnaval de Valledupar, que resaltó el respaldo económico de 30 millones de pesos de la Alcaldía, que sirvieron para la premiación de reinas y comparsas, y reprochando al mismo tiempo la negativa de la Gobernación del Cesar, que un principio les prometió ayuda y luego se negaron a materializarla.

El investigador cultural Pedro Pinto, de la Fundación Artística y Cultural Nabusímake, se refirió a que es necesario avivar las tradiciones del Carnaval Vallenato en vista que se está perdiendo esta tradición.

Con pocos recursos, la Fundación Valledupar Tradición y Cultura realizó las fiestas carnestoléndicas por el amor que sienten por estas fiestas antiquísimas. Leonardo Alvarado/EL PILÓN

“Los gobiernos de turno argumentan que la fiesta de la ciudad es el Festival de la Leyenda Vallenata, pero uno se pone a analizar y Cartagena tiene Festival de Música del Caribe, las Fiestas del 11 de Noviembre, el Reinado Nacional y todo eso cabe; en Valledupar solo cabe el vallenato y no es justo que una fiesta donde los artesanos, coreógrafos, modistas, almacenes de tela, el que vende el agua, el que vende la maicena, el que vende la espuma, el que arrienda la silla, el que organiza la caseta, entre otros, les representa empleo y nuevos ingresos, que se decline por un decreto que hizo Elías Ochoa y se arriesgue una tradición”, subrayó.

Orígenes

Días antes a la clausura del carnaval, el investigador cultural Pedro Pinto habló de los orígenes del carnaval en la capital del Cesar, asegurando que se dieron a partir de la casa que está al frente de la catedral, de propiedad de Oscarito Pupo, pionero del carnaval en Valledupar.

“Inicialmente las mujeres no hacían parte de estas fiestas. Los hombres eran los que se disfrazaban e iban de casa con un pilón a través del verso del ‘Amor, Amor’ y allí surgieron los versos del Pilón Vallenato. Con el pasar del tiempo los carnavales de Valledupar tenían mejores eventos folclóricos que la misma Barranquilla. Todas las orquestas y conjuntos de moda en la década de los 70 o 80 se encontraban en los barrios de la ciudad; fácilmente podía estar Jorge Oñate, El Binomio de Oro, orquestas internacionales y las personas podían escoger los espectáculos a asistir, dependiendo de sus gustos. Es una tradición que se niega a desaparecer, que necesita impulso, talleres, y respaldo económico de las administraciones municipales y departamentales”, puntualizó.

Por su parte, el folclorista Olger Baena, del grupo Chingalé, acotó que esta celebración reúne expresiones emblemáticas de la memoria e identidad del pueblo del Caribe colombiano, argumentando que “su mezcla cultural sustentan lo que somos como nación, su capacidad de movilización social que supera todo tipo de diferencias y su poder de convocatoria está en el corazón de la gente que hacen de la diversidad un motivo de fiesta y de celebración que alienta el arte popular y mantiene vivo nuestro pasado”.

El Carnaval tiene su origen remoto en el Carnaval que vino a América desde España. De ahí viene su espíritu de renovación y cambio parecido al que animó estas fiestas en Europa. Las fiestas de Carnaval, de origen europeo, fueron introducidas a América por los españoles y portugueses.

Annelise Barriga Ramírez/EL PILÓN