16 febrero, 2020

Valledupar, ‘de niña a mujer’

La aldea provinciana que se trasformó en pujante ciudad.

La capital del Departamento del Cesar, originalmente “Ciudad de los Reyes del Valle de Upar”, fue fundada inicialmente el primero  de octubre de 1544, por Francisco Salguero, para servir de enlace en la ruta de Santa Marta hacia el río Magdalena, por la vía de La Ramada y Río de la Hacha.

Por no cumplir requisitos formales, la fundación definitiva la realizó el capitán Hernando Santana, el seis de enero de 1550.

Según el autor Nicolás de la Rosa, el origen de la ciudad estuvo ligado a la necesidad de un sitio estratégico desde donde se pudiera explotar la ganadería cimarrona que abundaba en el valle .

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Y como una de las primeras fundaciones, al interior de la provincia de Santa Marta, se convirtió en referente obligado de las acciones desarrolladas en esta región durante La Colonia; como primer punto de contacto de las comunicaciones de Santa Marta con el interior de Tierra Firme.  

Su proceso durante La Colonia se circunscribía a las elementalidades que se podían realizar en una lejana aldea de cualquier provincia del reino, marginada de los ejes nodales de las comunicaciones y de los epicentros del desarrollo socioeconómico y cultural que en la región representaban ciudades como Santa Marta, Cartagena, Ocaña y Mompox.

En 1560 fue erigida parroquia, regentada por los padres dominicos, y mantuvo esa categoría jurídica y la de ciudad, durante el periodo colonial. Ya en La República, logró ser capital de provincia, proveída de constitución propia y posteriormente elevada a capital del departamento de Valle Dupar del Estado Federal del Magdalena.

FOTO/JOAQUÍN RAMÍREZ.

En 1875 fue declarada capital del Estado Soberano, y con tal categoría fue sede presidencial del Estado entre el 12 de julio y el 11 de octubre.

Con la reestructuración político-administrativa de la Constitución de 1886, Valledupar, fue la capital de la provincia de Valle de Upar, conformada por los distritos de Valle de Upar como capital, Espíritu Santo y Chiriguaná, del cual saldría después el distrito de Chimichagua. Ya en el siglo XX fue erigida como municipio del departamento del Magdalena por Ordenanza de 1915.

Al crearse el departamento del Cesar en 1967, Valledupar fue escogida como su capital, con estatus a partir del 21 de diciembre, fecha de inauguración del departamento.

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Desde los inicios del período republicano, el escaso acumulado histórico que recibió como herencia de La Colonia no permitió que la ciudad despegara como otras ciudades provinciales del interior del país, o Barranquilla y Cartagena en la costa. Su proceso durante todo el siglo XIX y primera mitad del siglo XX, fue lento.  

Era tan precaria y atrasada la condición de Valledupar al iniciarse la vida republicana, que el historiador José Alarcón refiriéndose a la vida socioeconómica desarrollada aquí, solo destacaba su carácter apacible, en donde todo giraba alrededor de la vida doméstica, “bien que de ella dependía una mala vida social”.

Pero a pesar de este rezago Valledupar incubaba en su alma centenaria el germen oculto de su desarrollo futuro, portador de grandes sorpresas.

El viajero franco-suizo Louis Striffler, al visitarla en 1876, encontró un estado poco prometedor de un futuro polo de desarrollo; pero en su aspecto socio-urbanístico visualizó una especie de “proyecto hacia el futuro”.

Analizadas hoy sus apreciaciones parecen una premonición de la ciudad actual: modelo de crecimiento planificado y organización socio-urbanística. Sus palabras, escritas hace siglo y medio, hoy recobran vigencia, cuando la ciudad ha proyectado su desarrollo urbano en forma ordenada, planificada y armónica.

La ciudad inició un proceso de cambio socio-urbanístico muy lento cuando logró un ligero equilibrio frente a Chiriguaná que, durante La Colonia y el siglo XIX, había sido el centro con mayor dinámica económica, social y demográfica de la región, dada su privilegiada posición y condición de puerto fluvial de primera importancia sobre el río Cesar y centro de control y dispersión de relaciones económicas.

El equilibrio se rompe hacia 1910, cuando comienza a despuntar Valledupar, que a pesar de haber conservado siempre la hegemonía político-administrativa, y el centro del poder en lo económico y demográfico había estado a la zaga.

Valledupar Ciudad Creativa

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A mediados del siglo XX, a pesar de que Valledupar se había convertido en el centro urbano más destacado de la región, aún no superaba los 30 mil habitantes; pero contaba con una infraestructura básica que le permitía consolidarse como epicentro regional y de servicios, en educación, salud, cultura, comercio, bancos, comunicaciones aéreas y terrestres, entidades del poder judicial y sede eclesiástica.

A partir de ésta época y dadas sus ventajas comparativas, se inicia un proceso de crecimiento, incentivado por varios factores, entre ellos la apertura de la carretera Troncal de Oriente (1950); las migraciones masivas procedentes del interior del país, acosadas por la violencia política y la implantación en la región de cultivos tecnificados en gran escala, especialmente de algodón, que trajo altos volúmenes de inmigrantes de diversas regiones del país.

Estos procesos, ocasionaron que en los trece años del período intercensal 1951-1964, la población se incrementara en un 296%, pasando de 26.442 habitantes a 78.437. Ritmo que decreció ligeramente en el siguiente período, pero la ciudad mantuvo la dinámica de crecimiento acelerado.

Valledupar abrió sus puertas y su alma al inmigrante, quien llegó como a su propia tierra hallando aquí su nuevo hogar y adaptándose a la idiosincrasia y adoptó los patrones de la cultura local. Surgieron nuevos barrios y los tradicionales dejaron de ser epicentro de la nueva ciudad, que desde el punto de vista urbanístico fue implementando una amplia red urbana con tendencia de crecimiento hacia el suroccidente del eje urbano inicial.

Valledupar fue adquiriendo fisonomía de ciudad contemporánea, con todas las implicaciones derivadas de ésta condición. La proporción poblacional entre urbano-rural se fue modificando radicalmente y el incremento urbano generó la percepción de crisis que era normal experimentar en un proceso de transición como el vivido.

Los cambios demográficos y urbanísticos que dieron al villorrio forma de ciudad, movieron a la dirigencia local a exigir al Gobierno Nacional y Departamental mayor atención a las necesidades locales y regionales, a crear espacios de participación política, económica, social y cultural y a buscar autonomía como entidad territorial, con acciones para crear el departamento del Cesar, lo cual constituyó a Valledupar en capital.

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Tras este hecho, y realizado el primer Censo nacional de población en 1973, Valledupar arroja un volumen total de 112.057 habitantes, que representaba un notable incremento respecto al Censo anterior, y el Plan Piloto de Desarrollo, le permitió orientar la gestión pública con criterios ordenados de desarrollo y planificación técnica.

 A partir de 1975 empieza a sentirse la consolidación urbana de la ciudad, cuando se definen lineamientos de la malla urbana con proyección planificada; dotándola del equipamiento básico para un funcionamiento satisfactorio y realizaciones como la interconexión eléctrica y los servicios sanitarios básicos de agua, alcantarillado y aseo; que, al comenzar la década siguiente alcanzaban una cobertura superior al 80 %; y los barrios surgidos como subnormales, comenzaron a transformarse con las condiciones mínimas requeridas. Se construyeron avenidas, e incrementó la construcción de edificios públicos para el funcionamiento operativo de instituciones del Estado, que dieron a Valledupar el aspecto de una ciudad moderna y “sin tugurios”.

Los años 80 representaron para Valledupar mayor apertura y acercamiento al resto del país y al mundo, con la adecuación de su infraestructura de comunicaciones. Muchas empresas agroindustriales, de transporte y servicios se asentaron aquí; despegó la Universidad Popular del Cesar y otros horizontes mostraron nuevas perspectivas como referentes hacia donde se debía orientar la dinámica citadina.

Pero la crisis económica de finales de los 80 dio un frenazo a esa dinámica, aunque no la detuvo del todo. Y ya en el Censo de 1985, la población había llegado a 223.637 habitantes, de los cuales el 48 % tenían origen o procedencia foránea. Ese empuje demográfico se ratifica en los censos del siglo XXI, en el más reciente la población de la ciudad se consolida en unos 500.000 habitantes, el 45% de la población total del departamento.

Los nuevos planes de desarrollo orientaron la proyección de la ciudad hacia una perspectiva de progreso como polo de desarrollo regional. Permitiendo ordenar la construcción de la estructura física, con previsión futurista, manteniendo la calidad de los servicios públicos, con cobertura muy alta, comparada con el resto del país; lo cual ha permitido reducir las Necesidades Básicas Insatisfechas, NBI, a pesar de las deficiencias relativas persistentes.

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El crecimiento ordenado de la ciudad, a partir de los ochenta, mejorando la calidad de los servicios, despertó en los pobladores el sentido de pertenencia con actitudes cívicas y de participación ciudadana; lo cual se proyectó en una notable mejoría de la apariencia estética de la ciudad, con arborización y plantación de frutales; construcción de centros y unidades habitacionales con estética y funcionalidad; mejoró la calidad del parque automotor del transporte público y los medios y espacios para la recreación; las avenidas y bulevares arborizados e iluminados adecuadamente, sumados a una recuperación y humanización del espacio público.

Todo lo cual, en conjunto, contribuyó a darle a Valledupar aspecto de ciudad moderna, modelo de desarrollo sostenible, que se convirtió para el nuevo visitante en motivo de admiración, permitiendo acuñarle el apelativo de ‘Sorpresa Caribe’.

Monumento a la Pilonera Mayr enValedupar. REFERENCIA

La gestión planificada y los resultados logrados, permitió a Valledupar transformarse de pueblo en donde todo estaba por hacerse a una ciudad moderna y pujante, y que la lejana y polvorienta aldea provinciana se transformara en el centro urbano que es hoy, cuando se perfila hoy como epicentro de servicios del nororiente colombiano, pues cuenta con centros educativos, variada oferta de programas universitarios incrementados en los últimos años, ofreciendo servicios en pregrado y postgrado, en modalidad presencial y a distancia y cerca de  cuarenta instituciones técnicas de educación no formal.

Cuenta además con un equipamiento cultural de gran valor e interés como bibliotecas, casa de la cultura, Escuela de Bellas Artes y una serie de espacios públicos para recreación, turismo y cultura; escenarios deportivos y recreativos, canchas múltiples, coliseo cubierto; conchas acústicas y tarimas para eventos masivos en plazas públicas.

Sintetizando, el desarrollo de la ciudad en época reciente en menos de medio siglo, le permitió pasar de ser un villorrio perdido de la provincia colombiana, con sus calles polvorientas y plazas detenidas en el tiempo, como escenificando la magia surrealista de una novela del hijo de Aracataca, para entrar con el pie derecho en el siglo XXI y enfrentar el futuro con firmeza.

En ese cuarto de siglo, Valledupar tuvo el sorprendente cambio acelerado que la transformó –como en la canción de Julio Iglesias-, de “Niña en mujer”

POR: Simón Martínez Ubárnez/ EL PILÓN