20 septiembre, 2021

Una tragedia evitable

Muchas tragedias se pueden evitar. Ejemplo, las naturales son, en algunos casos, impredecibles, sin embargo, la naturaleza nos avisa que algo no está bien. Las tragedias provocadas por los hombres son más evitables porque casi todas son resultados de actos irresponsables. Nos referimos al accidente que les costó la vida a seis inocentes jóvenes en […]

Muchas tragedias se pueden evitar. Ejemplo, las naturales son, en algunos casos, impredecibles, sin embargo, la naturaleza nos avisa que algo no está bien. Las tragedias provocadas por los hombres son más evitables porque casi todas son resultados de actos irresponsables.

Nos referimos al accidente que les costó la vida a seis inocentes jóvenes en Santa Marta, atropellados, por quien según los testimonios y la Fiscalía iba conduciendo bajo los efectos del alcohol.

Los accidentes de tránsito son una pandemia que causa miles de muertes cada año. Solo en lo que va del 2021, la Agencia Nacional de Seguridad Vial, ANSV, reporta 4.602 víctimas fatales. Un escándalo que muestra que algo no está bien.

Empezando por la irresponsabilidad de los conductores, como sería el caso del empresario Enrique Vives, quien con unos tragos encima decidió conducir, con todo el riesgo que eso representa. Conceptos jurídicos hablan de que aunque las personas no cometan un delito de forma intencional, al actuar de forma riesgosa sí acarrea responsabilidades. Como han explicado juristas, existen las modalidades en los delitos, que pueden ser dolosos o culposos. La modalidad culposa es que no tuvo la intención, a diferencia de la modalidad dolosa en la que podría interpretarse que sí hubo intención.

En este caso, a Vives lo acusan de homicidio doloso, teniendo en cuenta que dolo significa que hubo intención. Sin embargo, no se señala directamente que Vives tuvo intención de matar, sino que asumió una acción riesgosa y además actuó con negligencia. En pocas palabras, fue irresponsable.

En ese sentido queda claro que la irresponsabilidad en las vías está cobrando vidas. Y tener un policía por cada irresponsable es imposible. Entonces será necesario que las autoridades, además de las acciones, trabajen en la cacareada prevención. Eso salva vidas.

Por otro lado, también está la polémica por los argumento de la defensa de Vives. Según el jurista, fueron los jóvenes quienes invadieron el carril izquierdo de la vía y se abalanzaron incluso hacia el vehículo, que según su teoría “nunca se desvió de su camino”.

Más allá de lo descabellada que se oye, esta tragedia es un llamado de atención para las autoridades de todo el país. Esa no es la única vía veloz en la que los peatones deben arriesgar su vida caminando por los carriles por la falta de espacios peatonales. Son bastantes ejemplos en Valledupar, no hay andenes entre la glorieta del terminal y la entrada al aeropuerto, y en ocasiones los peatones por falta de iluminación y de seguridad prefieren la propia vía. Y en los pueblos es más evidente: la orilla de la vía pública son los lugares a los que se puede ir a recreacionar.

Es hora de darle prioridad al peatón. Los accidentes son un problema de salud pública que requiere atención integral. Andar por las ciudades, por las avenidas, no puede convertirse en un deporte de alto riesgo. Y el alcohol, el licor, es repetitivo decirlo. No es fácil cuando hay una sociedad de culto al trago, al guaro, al ron, no de consumo social y razonable sino en demasía machista; por supuesto al whisky, en este también llamado valledeParr.

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