7 abril, 2019

“Una plaga puede acabar con los árboles de mango de la ciudad”

Así lo manifestó el ingeniero forestal y arborista Carlos Llanos, durante su más reciente visita a la capital del Cesar, una de las ciudades más arborizadas de Colombia.

Por: DEIVIS CARO DAZA / EL PILÓN
defancaro1392@gmail.com

Hay muchos mitos acerca de los árboles, mitos que siguen vigentes y están relacionados principalmente con la poda. Sobre este y otros temas habló con EL PILÓN el ingeniero forestal Carlos Llanos, arborista certificado por la Sociedad Internacional de Arboricultura (ISA, por sus siglas en inglés).

¿Y sobre la cultura de pintar los árboles?
Encalar, pintarlos de blanco daña los árboles. Por favor no pinten más sus árboles. Si se utiliza pinturas de cal, de carburo, pues es básico: nuestros suelos son ácidos entonces cambia el pH del suelo. Luego de ese cambio del pH del suelo, además de quemar y matar raíces, mata la microfauna, la parte microbiológica alrededor del árbol y lo limita a la hora de comer.

“Encalar los árboles, pintarlos de blanco daña los árboles. Por favor no pinten más sus árboles. Si se utiliza pinturas de cal, de carburo, pues es básico: nuestros suelos son ácidos entonces cambia el pH del suelo”.

¿Entonces, es casi mortal pintar los árboles?
Además que va cambiando el pH del árbol, en la corteza tapa los estomas (poros que se encuentran ubicados en el envés de las hojas en la mayoría de las plantas) por donde las cascaras respiran. El árbol hace translocación de gases por la corteza, entonces cuando los sellamos con carburo y cal se les hace imposible. Y así sufren.

¿Qué tan profundas son las raíces de los árboles?
Otro mito es que los árboles tienen raíces pivotantes muy profundas para su sostenimiento. Eso es mentira. Es falso. Las raíces respiran y van hasta donde hay profundidad de oxígeno. En Valledupar va entre 1.5 metros y 2.2 metros máximo según los documentos técnicos de la zona. Entonces ningún árbol va a tener raíz más allá de eso. El 90 % de las raíces están en los primero 40 centímetros del suelo, en la capa orgánica, donde hay vida.

“Cada vez que podamos un árbol le restamos vida útil y pierde años de vida. Cuando un árbol iba a durar 100 años de vida, y lo mochan por una red eléctrica, dura máximo 30”.

Hay un asunto crítico en la ciudad: la poda de árboles de las empresas de servicios públicos.
Cada vez que podamos un árbol le restamos vida útil y pierde años de vida. Cuando un árbol iba a durar 100 años de vida, y lo mochan por una red eléctrica, dura máximo 30. Un árbol debajo de una red eléctrica es condenarlo a un corte cada cuatro meses. Por eso se debe investigar cuáles especies de nuestro bosque pueden estar debajo de las redes. En vez de podarlos cada seis meses, mejor quítelo y de inmediato reemplácelo por un árbol de tres metros que no va a crecer más de ocho metros máximo. El ahorro en inversión es increíble, y mejora la imagen.

¿Y los que utilizaban cicatrizantes?
Afortunadamente la corporación (Corporcesar) no exige usar cicatrizantes en los árboles una vez se poda. Eso es un paso adelante e ir delante de las corporaciones de otras regiones.

¿El árbol necesita nuestra intervención para curarse?
El árbol está preparado para defenderse solo, ellos evolucionaron solos. Nosotros necesitamos de ellos, ellos no de nosotros. Ellos tienen donde está la estructura de la rama un acumulado de fotosintatos, terpenos, auxinas que hacen que cuando se desprende la rama o la cortamos forman un callo y la cierran rápido. Ese proceso se llama compartimentación de las heridas de los árboles. Es un proceso que el árbol maneja para protegerse de la descomposición.

Hablemos de la siembra de árboles. ¿Todos están preparados para ser sembrados en la ciudad?
No tenemos un viverísmo desarrollado para lo urbano. Y ese es una de las herencias malditas. Todos creemos que un árbol ya está listo para ciudad cuando tiene un metro de altura. Eso es falso, es un arbolito creciendo que no se va a comportar bien y no va a progresar.
Ya fuertes, con raíces bien establecidas, para soportar las cosas que soportarán en los espacios confinados y el suelo esquelético de la ciudad. Los árboles para la ciudad tienen que ser diferente. Un árbol para la ciudad debe tener mínimo 10 centímetros de diámetros un poco más arriba del cuello de la raíz. Y que ojalá haya sido cultivado sin poda.

¿Cómo estamos en biodiversidad de árboles en Valledupar?
Se tiene que construir una norma de biodiversidad. De cada 100 árboles que planten no planten más de 20 árboles de una misma familia y no más de cinco del mismo género.

¿Cómo es eso? Las ciudades deben de tratar de emular en lo posible un bosque y ojalá ese bosque natural que emulen sea el que estaba en la zona antes de que quitáramos todo para urbanizar y hacer ciudad. Es importante porque esos árboles producen los alimentos que las aves nativas necesitan, insectos, nichos para los murciélagos para el ave-fauna.


En Valledupar tenemos cerca del 80 % de árboles no nativos, foráneos. Por ejemplo, el mango es de la india, los cuales son casi el 60 %.

¿Qué tantos árboles nativos hay en Valledupar?

En Valledupar tenemos cerca del 80 % de árboles no nativos, foráneos. Por ejemplo, el mango es de la india, los cuales son casi el 60 %. Muy pocos nativos: el cerezo es nativo, los campanos, orejeros, los matarratón, los robles. los prosopis, los algarrobos, entre otros.

¿Por qué es importante la biodiversidad?
Si tenemos biodiversidad lo que garantizamos es que es un árbol más resistente a plagas y enfermedades. Es un árbol que vive más tiempo y más longevo.
Por el lado contrario, ¿qué pasa cuando no hay biodiversidad?
Cuando hay una sola especie y llega una plaga, eso acaba con todo.

¿Qué tanto riesgo tenemos en Valledupar?
Ejemplo, el mango aquí puede llegar un hongo que se llama ceratocystis y es de esa especie. Y puede acabar con los mangos de Valledupar. Es más, ya existe el problema en unas plantaciones cercanas a Valledupar. Si llega una plaga y tenemos muchos árboles de una especie perdemos toda la especie, en este caso el mango.

¿Hay antecedentes en el país?
Ejemplo, las ciudades han tenido muchísimos. En los años cincuenta cuando teníamos la visita del Papa, Rojas Pinilla plantó hurapanes. Cincuenta años después llegó de México una chinche de encaje llamado tropidosteptes chapingoensis. Es un chinchesito pequeño que es vector de un hongo que es el fusarium, que es letal para ese género y acabó con más de 300.000 árboles en la ciudad. Fue un caos terrible para la ciudad y por eso tuvieron que plantar árboles de rápido crecimiento.