25 marzo, 2020

¿Tiene el Covid-19 algo de bueno?

Estoy pensando en que los habitante del mundo  estamos haciendo ahora  reflexiones filosóficas, científicas y religiosas acerca del sentido del universo   y particularmente  de la vida humanidad. No es para menos. La pandemia del Covid-19 nos está permitiendo  con angustia en algunos casos y en otros, con serenidad, unos cuantos pensamientos útiles. Recuerdo ahora lo […]

Estoy pensando en que los habitante del mundo  estamos haciendo ahora  reflexiones filosóficas, científicas y religiosas acerca del sentido del universo   y particularmente  de la vida humanidad.

No es para menos. La pandemia del Covid-19 nos está permitiendo  con angustia en algunos casos y en otros, con serenidad, unos cuantos pensamientos útiles. Recuerdo ahora lo que en alguna otra oportunidad escribí sobre las manifestaciones que hiciera el filósofo Martin Heidegger respecto de la vida y de la muerte: si quieres tener una vida auténtica-decía- visita más los cementerios.

La recomendación no es para preocuparnos negativamente, sino para meditar positivamente. Esto debe hacernos tomar conciencia del valor auténtico de la vida, priorizando su existencia valiosa y relativizando una serie de hechos  seguramente importantes unos, pero  baladies otros.

Entre los importantes  está, en primer lugar, la estimación por la vida, ante la cual debemos tener un respeto sacrosanto, desde el momento de la concepción hasta su declinación natural por la vejez y las enfermedades. Por consiguiente, no nos es lícito disponer de  ella personalmente,

 contra nosotros mismos, o contra la de los demás, cualesquiera  sean las circunstancias temporales.

Sí, esta pandemia nos tiene que ayudar a ser más cuerdos, serios y veraces.  Nos estamos esforzando ahora  mundialmente para preservar la vida de todos, de los niños, adultos y ancianos, y, sin embargo, hay sectores de la humanidad que atacan la vida de los que están por nacer. Es un contrasentido. Reflexionemos hasta encontrar la verdad de un máximo respeto por la vida humana  y  asegurarnos de un propósito personal firme de defenderla individualmente y de empeñarnos para que sea respetada en todas las instancias institucionales.

Recordemos la expresión de fe: todo es bueno para el que cree. De los males debemos esperar bienes.  Esta pandemia es terrible para todos, y

¿cuántas ha registrado la historia de la humanidad? Esperemos transformaciones benéficas para nuestra especie: lo primero que podemos observar es el espíritu de solidaridad entre todos los habitantes del mundo, independientemente del lugar en que se viva y de las circunstancias sociales. Esto es una señal muy positiva, que debemos continuar haciendo realidad hacia el futuro. Hagamos nuestro este humanismo cristiano.

Otro aspecto de la mayor importancia es el de la sanidad ambiental. El cielo del mundo se está volviendo más limpio y la respiración más saludable, porque, oh sorpresa, salimos de nuestras casas sólo a lo verdaderamente necesario, y desde allí despachamos nuestros trabajos de manera electrónica. De esta manera el pico y placa obligatorio, ojalá quede solamente para pieza de museo, pues estamos viendo que con autocontrol y uso de las plataformas virtuales, bien implementadas, podemos trabajar y estudiar desde nuestros respectivos hogares. Señal de que podemos y debemos cambiar hábitos malos por hábitos buenos, en beneficio de todos.

Aún nos quedaría un problema muy grave:  tenemos que encontrar unas soluciones para resolver el drama humano de la pobreza y el analfabetismo, que aún son vergüenza y atraso para el desarrollo equitativo de nuestra especie.