9 marzo, 2019

“Somos mujeres trans, no queremos ser mujeres”

En riesgo permanente, salir una noche sin saber si regresarán, la discriminación, las amenazas. El diario EL PILÓN habló con Kasandra Casanova, mujer trans y trabajadora sexual, sobre las luchas de las mujeres de esta comunidad.

En un pequeño apartamento viven las tres. De día se dedican a los oficios de la casa, de noche se van a la calle 44 en busca del sostén diario y rogar regresar a casa sanas y salvas en un ambiente donde la ley son las drogas y el alcohol.

¿Cómo es la vida de una mujer transgénero?

La mayoría de las mujeres trans estamos en una lucha, porque esto es un tema de aprender a compartir con nosotras, de interactuar, que los otros entiendan que no somos personas malas, porque muchos nos tildan de groseras, de problemáticas, pero no es así.

¿Mujeres o mujeres trans?

Mujeres trans. Somos mujeres trans, sabemos lo que somos. Nosotras nos fijamos en la mujer, pero no queremos ser mujeres. Somos un prototipo de la belleza de la mujer. No somos al cien femeninas, pero intentamos llevar la belleza de la mujer a la perfección. Sabes que somos perfeccionistas.

¿Tienen oportunidades las mujeres trans?

No, simplemente no tenemos oportunidades de trabajo. Siempre la mayoría somos peluquera o tenemos que dedicarnos a la prostitución. Te lo digo orgullosa, nosotras somos trabajadoras sexuales. Claro que el día a día es muy difícil porque toca enfrentarse a las agresiones, a las burlas, a los insultos, porque muchos llegan al maltrato, a los asesinatos, porque también hemos perdido amigas. La semana pasada una amiga fue apuñalada por atracarla.

¿Por qué no les dan trabajo?

Es obvio: discriminación. Yo fui empleada pública en el municipio de La Paz y solo por el hecho de ser mujer trans a todos les dio duro e hicieron lo imposible por echarme. La gente le cayó de todo, que la marica, que la travesti. Hicieron lo imposible por sacarme. Entonces encontramos escapatoria en el trabajo sexual.

Suelen señalarlas de llevar una vida desordenada…

Ser travesti no es una vergüenza, cuento con una familia que me apoya. Pero a algunas les toca lanzarse a la calle a sufrir por el rechazo. Muchas de las familias las botan de su casa. Caen en el mundo de las drogas por el rechazo. La comunidad también se encarga de eso. Entonces, cuando uno está en la calle, en la discoteca, todo está bien, pero cuando uno llega a la casa, entre cuatro paredes a veces se siente ese vacío del rechazo.

¿Por qué los excesos?

Para podernos parar en una avenida y estar expuestas a un tiro, a una puñalada, la mayoría se tiene que enfrentar con la mente ‘chifloreada’. Tu sabes lo que tu llegues y te amenacen: “Quítate porque te vamos a matar”. O estar parada y ver cómo matan a tu amiga de dos tiros o la apuñalan solo por el hecho de ser travestis, solo por el hecho de estar parada en una esquina, buscando el diario. Toca estar loca para hacerlo. Cada noche está vivo el riesgo de no volver…

¿Qué han recibido de las autoridades?

Ni un preservativo, con eso te digo todo. Eso es una mentira, que hacen organizaciones para los Lgtbi, que lo otro, pero en realidad la que debería de llegar a nosotros no llega.
Salimos a la calle a perder o a ganar. Pero siempre intentan hacerlo quedar a nosotras como las malas de la película, por eso toca unirnos nosotras mismas para apoyarnos. No contamos con apoyo de nadie.

¿Cómo hacen para dedicarse a la prostitución frente a las mujeres?

Hoy en día los travestis somos más solicitadas que las mujeres. Nosotras cuando salimos a trabajar somos de hacernos 5 o 6 ratos y tú le preguntas a una chica y cuantos ratos se ha hecho, y nada. Hoy en día para los hombres es más placentero estar con una mujer trans que con una mujer.
Eso para ellos es una fantasía. Somos la fantasía de todo hombre. Quiero experimentar lo que se siente, es algo que tengo desde hace rato y quiero vivirlo.

¿Y el riesgo de las enfermedades de transmisión sexual?

He tenido una problemática porque por ser la ‘madre’ debo responder por unas cuantas chicas que han salido con patología de VIH. Esto no es un crimen. Esa cuestión de que era un tabú, ya es algo natural, entre nosotras mismas nos ayudamos, por medio de nuestras líderes nos colaboran, nos movemos. Porque a nosotros nunca nos han llevado un preservativo. Sería espectacular que cada semana nos llevaran al menos una caja de condón.

¿Cómo son las noches de una mujer trans en una avenida?

Las noches son terribles, algunas son frías, otras son calientes. Es demasiado voltaje. A pesar de todo, nosotras nos reímos, hablamos, porque somos muy unidas. Pero también es una adrenalina al máximo. Hay de todo. Música, trago, la que consume, la que salta, la que baila. Llega el hombre millonario que te invita. Trago, botella, trago.

¿A quién se encomiendan antes de salir?

Cada noche volver. La petición a Dios es permíteme volver sana y salva a casa. Aunque la gente no lo crea somos las personas que más nos encomendamos a Dios. Con tanto peligro que vemos en la calle sabemos que Dios nos quiere demasiado. Llegas a vivir un voltaje de solo una noche con nosotras y no vuelves con nosotros. No hay ley, la ley somos nosotros.

¿Y la ley?

Ellos están ahí apenas nos ven subir a un carro con un cliente. Hay unos que aprovechan para hacer un pare con cualquier excusa para pedirles dinero o le muestran la foto a la esposa. El cliente hace todo por quedarse, hasta el propio banco va a retirar.

REDACCIÓN/ EL PILÓN