5 enero, 2020

Santander Durán Escalona, El poeta rebelde de la creación vallenata

Desde hace más de cincuenta años, su sentimiento aflora de manera espontánea para cantar al amor con poesía, lírica y abundancia en la narrativa. También con rebeldía cantó a las injusticias sociales de su pueblo y al costumbrismo de la Provincia que dio origen a los cantos vallenatos.

Santander Durán Escalona. 

FOTO/CORTESÍA.

El canto anduvo durante varios meses en la voz de los provincianos de la época quienes se llenaron de orgullo al escuchar la letra de quien, desde la lejanía, hacia una remembranza de su tierra con los cantos de Valledupar y las historias del Magdalena, en ese entonces, del Magdalena Grande.

Era la primera mitad de los años sesenta del siglo pasado y Santander Durán Escalona había compuesto sus primeros versos que encuadró en ‘Añoranzas del Cesar’.

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El hijo de la señora Abigail Escalona Martínez, la hermana mayor del juglar de Patillal, Rafael Calixto y de Santander Durán Gómez, desde Barranquilla, a donde había sido enviado a estudiar por sus padres, había compuesto su primer canto, el mismo que fue tomado en ese momento como el himno de la gesta que se inició en el Valle de Upar para lograr que el Cesar fuera un departamento autónomo por fuera del Magdalena Grande.

En la tradicional Plaza Alfonso López Pumarejo, con su entorno colonial y lleno de historias ancestrales, se estrenó junto a la voz de Gustavo Gutiérrez de abundante copete en su cabello y acordeón ‘de botones’ y Santander Durán la letra y música del canto que marcó el principio de la juglaría vallenata del sobrino de Escalona y quien ha ganado en más ocasiones, cuatro, la canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata.

Había llegado de vacaciones a su tierra y sorprendió a los paisanos con esos versos en donde se impregnaron desde la capital del Atlántico los recuerdos de las primeras novias en la distancia, de muchos amigos cercanos y cada uno de los rincones de la tierra añorada, siempre.

Un año después de esa “presentación en sociedad” de Añoranzas del Cesar a Barranquilla, a la casa donde Santander Durán Escalona vivía, llegó una “comisión” de vallenatos a pedirle que su canto fuera divulgado en todos los lugares para coadyuvar en la creación del Cesar. La condición del juglar fue la de grabar él mismo esa primera versión que se hizo en los estudios de Discos Tropical.

Unos días después, en todos los vehículos posibles que deambularon por la vieja Provincia y con el auspicio del Café Almendra Tropical se escuchó en los viejos megáfonos de la época la letra eterna donde Durán Escalona menciona los “versos de noche serena que hallan eco en el Cesar… donde canta el alma vallenata”.

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Santander Durán Escalona, ingeniero agrónomo de la Universidad del Tolima, tiene en sus adentros el cantar vallenato desde su cuna. En un apartamento de estudiante de la capital del Tolima recibió la noticia de su primera corona como rey de la Canción inédita del Festival de La Leyenda Vallenata con Lamento Arhuaco, una denuncia social en busca de la reivindicación de los indígenas arhuacos sacados de su Sierra y explotados por el hombre blanco.

Además, su formación literaria allanó un camino de lirismo y romance en cada una de sus composiciones. Ausencia, uno de sus más celebres cantos nació en la soledad de su habitación de la amplia casa paterna del barrio Cañaguate, con una fiebre corporal en su máxima expresión y con una motivación romántica en el esplendor de unos días finales de abril y comienzos de mayo de los años setenta del siglo pasado cuando su tierra ardía en el éxtasis de un Festival.

30 DE ABRIL DEL 2007 VALLEDURA EL NUEVO REY DE LA CANCION INEDITA SANTANDER DURAN ESCALONA EN EL FESTIVAL FOTO MAURICIO MORENO EL TIEMPO

El sobrino de Escalona, quien hizo su propio camino en la creación y composición de versos de toda estirpe, encabeza una generación de juglares vallenatos junto a Gustavo Gutiérrez, Emiro Zuleta, entre otros más, que llegó a enriquecer la narración vallenata con poesía evidenciada con el uso abundante de figuras literarias dentro de un marco costumbrista.

En ese escenario también cantó a la epopeya del ganado, considerado por muchos, como la semilla que parió el Cantar Vallenato. En Cantares de Vaquería, Durán Escalona despliega el más profundo y detallado relato del campesino de aquella Provincia inolvidable.

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No se vaya a descuidá, no se vaya a descuidá, coja el lazo compañero y pique al caballo melao, buscando la punta el monte se voló el toro matrero y el rey de los cimarrones, se voló pa’l otro la’o…y si llega a la montaña, se perdió y si llega a la montaña, se perdió. Porque no ha nacido quien pueda enlazar a un toro en las montañas del Cesar”.

Casi sesenta años después de sus primeras añoranzas musicales, Durán Escalona, sigue en el Cesar, en el Valle Querido de su tío Rafael, de Don Tobías Enrique Pumarejo, de Gustavo Gutiérrez, al que le cantó con su prosa y verso lleno de nostalgia y sentimiento. Desde los adentros mismos de siempre brota la inspiración de cantos que seguirán llenos de literatura como una expresión de quien los ha sentido desde el principio de los tiempos.

Por: Mauricio René Pichot Elles / EL PILÓN