10 mayo, 2021

“Saber de donde venimos nos ayuda a entender el presente”: jefe de Cultura

Entrevistamos al director de la Oficina de Cultura de Valledupar, Carlos Liñan Pitre, quien investigó nuestra historia en el Archivo General de Indias, en Sevilla, España, ciudad donde se residenció.

Carlos Liñán, jefe de la Oficina de Cultura de Valledupar.

En medio de las manifestaciones del paro nacional surgió el debate sobre la pertinencia de conservar la  imagen pública de Hernando de Santana, fundador oficial de la ciudad; además, manifestantes amenazaron durante una protesta con derribar la escultura de Los Gallos.  Entrevistamos al director de la Oficina de Cultura de Valledupar,  Carlos Liñan Pitre.  

¿Cuál es el papel cultural de la estatua en honor a Hernando de Santana?

Para responder esta pregunta debemos revisar los conceptos de documento, monumento y lenguaje. El documento es una cosa que sirve para comunicar dando testimonio, acreditando o probando algo y puede ser utilizado con fines pedagógicos, informativos o ideológicos dada nuestra capacidad de interpretar; recordemos que somos seres simbólicos y estamos rodeados de signos que debemos descifrar en cada momento. 

Finalmente, los monumentos y las estatuas son elementos constantes en las sociedades humanas, especialmente en Occidente. La cultura se trasmite a través del arte, y a través de las obras escultóricas se busca recordar personas, hechos o conceptos. 

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Si analizamos la estatua de Hernando de Santana podemos darnos cuenta que es una obra sencilla: un hombre vestido a la usanza de la época, con la espada en la mano y la mirada en el horizonte, no hay más símbolos o signos que nos conduzcan a una interpretación problemática del personaje histórico y, según mi parecer, busca recordarnos el hecho histórico de la fundación de la ciudad en 1550.

Estatua en homenaje al conquistador y fundador Hernando de Santana. Foto: Joaquín Ramírez.

No faltará quien diga que la escultura tiene la espada en la mano porque Santana fue un genocida, criminal y asesino, cosa que no concuerda ni con la expresión de la imagen ni con las evidencias históricas que tenemos del personaje. 

¿Qué representa Hernando de Santana para la ciudad? 

Antes de aquel 6 de enero de 1550 se habían hecho tres intentos de fundar la ciudad; Hernando de Santana concreta el hecho fundante. Nos guste o no, los países latinoamericanos somos productos del mestizaje. La Valledupar que conocemos hoy inició el 6 de enero de 1550. 

Sin el hecho fundante de Hernando de Santana tal vez no estaríamos aquí, ese es el punto de partida de nuestra historia y desconocerlo, en un intento de ultracorrección política, es injusto y peligroso porque saber de dónde venimos nos ayuda a entender el presente y a proyectarnos hacia el futuro. 

Hace unos días, el historiador Peter Brown lo explicó con suficiente claridad: “No asumir la parte vergonzosa del pasado es un rechazo a estar aquí, a ser adulto. Parte de la identificación del adulto es la pertenencia a generaciones anteriores. Y al igual que una familia, que no siempre está orgullosa de su tío o su abuelo… Cualquier persona madura debe asumir a los anteriores miembros de su familia, es un signo de madurez. Una especie de resiliencia. Julio César es un ejemplo. Mató a millones de personas. Y lo horrible es que lo sabemos porque él lo publicó. Ahora bien, ¿rechazamos totalmente el Imperio Romano porque se basó en eso? No, tenemos que aplicar, supongo, lo que ahora llamamos visión binocular para enfocar correctamente”.

¿Por qué, cree, se le hizo ese reconocimiento a Hernando de Santana? 

Es difícil responder a esa pregunta pues cada acto humano está orientado por una motivación distinta que responde a un momento histórico específico. En el año 2000, la ciudad celebró sus 450 años de su fundación, y una manera de recordar el hito fue a través de la estatua de su fundador, que desplazó al tractor que nos recordaba la bonanza del algodón. 

Alrededor de este hecho hay un sinnúmero de preguntas que la sociedad vallenata debió hacer en su momento pero mira, estamos reaccionando 21 años después. 

¿Qué dice la historia sobre Santana y su papel en la conquista? 

Del capitán Hernando de Santana sabemos realmente poco. Las únicas noticias que nos llegan provienen del cronista Juan de Castellanos, que le acompañó en la fundación de la Ciudad de los Reyes del Valle de Upar y dejó consignados dos detalles interesantes que valdría la pena recordar hoy: el primero, que la ciudad se funda en el lugar donde los expedicionarios encontraron muchos indios y buenas tierras para la agricultura y el ganado, a orillas del río Guataporí, pensando en el gran servicio que le prestaría a Dios y al rey; el segundo, que el nombre que Santana le da al pueblo es “Valle del Upar” como homenaje al gran cacique que señoreaba estas tierras. 

Después de eso Santana se pierde en la nebulosa del tiempo. No tenemos hasta ahora un documento oficial relacionado con este personaje. Tampoco hemos podido localizar una Relación de Méritos y Servicios ni una Real Cédula respecto a la fundación de Valledupar.

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Hablar de genocidio en la conquista española es anacrónico si nos ajustamos al significado literal del término: “Exterminio sistemático de un grupo humano por razones de etnia, política o religión”. A los conquistadores españoles no les interesaba exterminar a los indígenas, les interesaban las tierras y los aborígenes eran la fuerza de trabajo. No podemos perder de vista que los españoles arriban al Nuevo Mundo con unas categorías de pensamiento definidas, estaban construyendo una nación bajo los ideales de un solo Dios, una sola lengua y un solo rey. 

En esa época y desde mucho antes, los pueblos se conquistaban entre sí a través de la violencia bástenos recordar a los romanos que llamaban “bárbaros” a quienes no vivían dentro de los límites del Imperio.  

Nada justifica la violencia cometida contra los pueblos originarios pero debemos abordar la historia de manera crítica y objetiva, reconociendo y recordando lo oscuro para no repetirlo,  de hecho, nuestra sociedad ha ido superando muchas cosas que antes eran vistas como normales y que hoy son actos que violan los DDHH, como por ejemplo la esclavitud que era normal y legal en el mundo antiguo, romanos y griegos la practicaban y no por eso dejamos de admirar la filosofía griega o las demás instituciones del derecho romano.   

¿Cómo se toma la decisión de retirar una estatua? 

Las estatuas son bienes públicos y hacen parte de la riqueza cultural de una ciudad. Ahora, no todas las estatuas son iguales, algunas tienen mayor arraigo y reconocimiento por parte de la comunidad que otras, por lo tanto, la posibilidad de tomar una decisión como esa exigiría una revisión minuciosa, no solo por parte de la Oficina de Cultura sino por otras dependencias que se verían obligadas a participar: Oficina de Planeación, Secretaría General y, si llegare a ser el caso, el mismo Ministerio de Cultura.  

Kankuamos también lo han pedido. ¿Está más representada la religión católica que los indígenas que precedieron a la colonia en la simbología, monumentos  y leyendas de la ciudad?

Valledupar es un museo a cielo abierto, en nuestras calles y glorietas abundan las obras escultóricas sobre todo aquellas que nos evocan nuestra música. Afirmar que está más representada la religión católica o los conquistadores es un argumento que no está ajustado a la realidad: así como tenemos a Hernando de Santana también tenemos al Cacique Upar y a María Concepción Loperena; así como tenemos al Ecce Homo en el cerro también tenemos el monumento a los poporos. Y si analizamos los monumentos relacionados con la tradición oral tenemos la Sirena de Hurtado. 

Entre los murales que instalamos días atrás en el Callejón de la Purrututú encontramos uno que representa la leyenda de Francisco el Hombre y en la misma cuadra tenemos otro titulado ‘Chipire’, que sintetiza los elementos de la etnia kankuama. Es más, los dibujos de los adoquines del Centro Histórico están inspirados en los tejidos tradicionales de las etnias de la Sierra Nevada.  

Una de nuestras mayores fortalezas es la diversidad y así lo creemos, lo vivimos y lo mostramos al mundo. 

Ha seguido la reacción de los historiadores y estudiosos culturales Tomas Darío Gutiérrez, Simón Martínez y Leonor Dangond sobre la idea contra el monumento de Santana expuesta en nuestras páginas por el dirigente Rodolfo Quintero y el líder indígena Iván Lúquez? ¿Qué opinión tiene? 

Todas las opiniones son respetables pero las opiniones no son certezas. Las opiniones son juicios que se emiten con temor de equivocarnos, existe la posibilidad que las cosas puedan ser distintas a como las pensamos.

La Historia es una ciencia cuyo objeto es el hecho del pasado, abordado no desde suposiciones, opiniones o deseos sino a partir de evidencias contenidas en documentos. Se nos ha repetido hasta la saciedad que la historia la escriben los vencedores, también se nos inculcó que los hechos históricos eran absolutos.

Hoy, gracias a la especialización del saber propio de la modernidad y a su cientificidad, la Historia se va superando a sí misma como cuando aparecen nuevas evidencias, y también gracias a que han aparecido espacios de experimentación que proponen amplificar la voz de los silenciados, como la historia social o la microhistoria. 

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He podido conocer las dos posturas frente a Hernando de Santana como personaje histórico y el monumento de la Avenida Salguero (avenida que lleva el nombre del primer fundador de la ciudad) y veo que oscilan entre la Historia entendida como la reconstrucción objetiva de un pasado que dejó de existir, a partir de las distintas fuentes que se tienen a la mano, y la memoria histórica que se pretende construir subjetivamente a partir de los hechos recordados o imaginados con tintes de ideología, y esto es un coctel peligroso en una sociedad convulsionada e hiper-frágil como la de hoy en día.

Retorcer las palabras y afirmar las opiniones personales sobre los hechos históricos no es hacer historia, es hacer política. Es cierto que la sociedad va avanzando y debemos cuestionar la validez de algunos memoriales u objetos de memoria que pueden ser concebidos como figuras de represión o exaltación de los dominantes que ofende a los reprimidos, pero se deben revisar los argumentos que utilizamos o la motivación que suscitaría ese cuestionamiento y que muchas veces responde a una moda, a la interpretación arbitraria de los hechos históricos o simplemente al desconocimiento.   

¿Algo por agregar?

Debemos empezar a reconocer la utilidad de lo inútil como lo llamó Nuccio Ordine, al estudio de los clásicos y a la reflexión sobre la historia que va mucho más allá que aprender de memoria fechas, nombres y acontecimientos, si no que consiste en reconocernos parte integrante de un mundo amplio que se desarrolla en el presente y se expande hacia el pasado y el futuro.

Por: Redacción EL PILÓN