15 enero, 2020

Recordando a Federico Hegel

Los acontecimientos de turbación del orden público a finales del año pasado ocurridos en varios países latinoamericanos -Ecuador, Chile, Colombia, etc.- han traído a mi memoria la teoría del conocimiento filosófico, la epistemología dialéctica propuesta por el célebre pensador alemán Federico Hegel (1770-1831), hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Parece ser que […]

Los acontecimientos de turbación del orden público a finales del año pasado ocurridos en varios países latinoamericanos -Ecuador, Chile, Colombia, etc.- han traído a mi memoria la teoría del conocimiento filosófico, la epistemología dialéctica propuesta por el célebre pensador alemán Federico Hegel (1770-1831), hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Parece ser que lo que él llama “el espíritu”, representado por el “alma” y la “conciencia”, de tales pueblos, están penetrando en su devenir histórico de forma patética. A mi modo de interpretarlos, se están dando las condiciones socioculturales, que permiten pensar la dialéctica hegeliana: la tesis, la antítesis y la síntesis.

Pero antes de referirnos a ellos de manera particular, remontémonos hasta el pasado glorioso de la Roma Antigua, al mismo respecto. En su normatividad jurídica-política existió la institución del Senado–Senatus Populusque Romanus-(S.P.Q.R)–,que tenía la facultad de designar un Dictador cada vez que el orden público fuese turbado, con la finalidad de restablecerlo, y eso se lograba eficazmente.

Consideremos que el orden público, representaba la tesis hegeliana; la turbación del mismo, la antítesis, y su restablecimiento, la síntesis, lograda por la función del Dictador.

De forma semejante, décadas atrás, podemos pensar el orden público de los países nombrados, considerándolo como la tesis; la interrupción del mismo, como la antítesis; y el restablecimiento de él, como la síntesis, lo cual antes lo lograba un alto militar, casi siempre, un General de la República, que actuaba dando “un golpe de estado”.

Pero cómo algo va de Pedro a Pablo, esto es, como las circunstancias culturales han cambiado notoriamente, desde entonces acá, ya no es posible, o casi imposible, recurrir a este ultimo expediente.
¿Cómo entonces podríamos llegar, en los casos predichos, a la síntesis superadora de los extremos contradictorios respecto del orden público de los países nombrados, y de los que pudieran sumarse en el futuro?

Es el reto mayúsculo que tiene a su consideración, la contemporánea ciencia de la politología. Son muchas las variables para tener en cuenta, comenzando por las causas reales socioeconómicas, ciertamente; pero también las causas modernas, posmodernas y contemporáneas aupadas por la cultura de las ideologías políticas. Inventadas por los pensadores extremistas, generalmente, de cuño materialista, y puestas en práctica por los líderes políticos agitadores de ese cotarro. Más bien de corte jacobinista. Dios nos ampare de semejantes extremismos, respecto de los cuales, precisamente, protestó y se opuso, Federico Hegel.

Además, esos extremismos, hoy día de variopinta: anarquistas y nihilistas, etc., etc., hacen más difícil una solución para la convivencia pacífica de las naciones comprometidas, y con cuyas situaciones sociales dramáticas hemos ingresado al siglo XXI.