24 junio, 2019

¡Qué buen cuento!

“La intriga es más punzante que el morbo”, es una sentencia apodíctica que encontré en el último cuento que leí y la sentí fuerte, de esas que no se van, se quedan para repetirlas muchas veces y nos ponen a pensar en su veracidad, tanto que me llevó a leer de nuevo el cuento, que […]

“La intriga es más punzante que el morbo”, es una sentencia apodíctica que encontré en el último cuento que leí y la sentí fuerte, de esas que no se van, se quedan para repetirlas muchas veces y nos ponen a pensar en su veracidad, tanto que me llevó a leer de nuevo el cuento, que tiene un título también concluyente: ‘El miedo se pudre en tu garganta´, de Carlos César Silva Araujo.

Del joven autor solo había leído sus columnas de opinión, siempre orientadas a señalar, con argumentos válidos, la situación del país y de la región; y en una honrosa entrevista que me hizo me ganó la intriga, esa de la que él habla en su cuento: punzante.

Me intrigó su capacidad para abordar géneros periodísticos y literarios con la facilidad de un escritor consagrado, de un escritor que lleva muchos años domesticando palabras y creando situaciones, me intrigó su estilo limpio, sin eufemismos; me intrigó su respeto por sus propias ideas, ahora me intrigó su cuento ganador en el concurso departamental y me recordó mi comienzo, igual.

Es un cuento ganador. No podía ser de otra manera: bien estructurado de principio a fin, con una dosis de asombro, eso es lo curioso, que a pesar de que en el país se viva a diario un conflicto armado, engañoso con sus trampas al hacernos creer, por momentos, que se está extinguiendo a pesar de que permanece agazapado, larvado, no perdemos la capacidad de asombrarnos ante sus episodios cada vez más dolorosos.

Lo logra Silva Araujo con una narración en dos planos: la acusación al funcionario disfrazado de detective honorable, es una inculpación valerosa y con el dedo enhiesto el narrador le dice ‘Ahora el caos vibra en tus ojos’, lo describe a tal punto que se asemeja a lo que está ocurriendo ahora en el ámbito judicial del país; y en segundo plano emerge la voz fuerte, bronca, nada femenina de la mujer que cuenta la tragedia de su padre víctima de los grupos armados. Siempre que se presenta una obra sobre la violencia, sus consecuencias, los escombros de su accionar, la nostalgia por tiempos mejores hay alguien que dice que el tema ya está desgastado y no es así, porque la historia no se desgasta, hace más de setenta años ocurrió el Holocausto y año tras año se sigue escribiendo sobre sus horrores; la violencia en Colombia nunca será un tema desgastado, queda mucho por contar, siempre que haya escritores como Silva Araujo con una mente fresca que nos presenten el accionar de los violentos con lucidez, veracidad y algunos matices de ficción necesarios para apaciguar la dureza de los hechos.

Es elegante cuando trata con finura el tema de las inclinaciones sexuales: “Mi hermano falló como hijo y como varón. Razón tenía mi papá cuando decía que Javier era un muchacho muy delicado”, se lee, pero ese hermano se fortalece con el ímpetu de un renacido que quiere justicia, se muere para que nazca el valor en la figura de una mujer. Es el final que se esperaba y que se plantea al principio con la intriga que es más fuerte que el morbo. ¡Qué buen cuento escribió Carlos César! Tiene claro que los escritores que estamos viviendo la patria y nos comprometemos con ella, no dejaremos olvidado su lado triste, el de la guerra interna ni cuando se acabe, porque ese es el leitmotiv de su historia.