15 febrero, 2020

Perder la vida por vestir una camiseta

Un contexto referente a la violencia que suscitan las barras bravas en Colombia y casos específicos: el caos, la incertidumbre y violencia social; que descontrolados propician a través de comportamientos violentos, factor que exige como primera medida una respuesta integral a ese flagelo; urge unificar criterios de seguridad en estadios y sus entornos en todo […]

Un contexto referente a la violencia que suscitan las barras bravas en Colombia y casos específicos: el caos, la incertidumbre y violencia social; que descontrolados propician a través de comportamientos violentos, factor que exige como primera medida una respuesta integral a ese flagelo; urge unificar criterios de seguridad en estadios y sus entornos en todo el país.

Esta situación que día a día cobra mayor trascendencia, no solo se soluciona con sanciones punitivas; se necesita un verdadero cambio que parta de investigaciones serias, que defina el problema con instrumentos constitucionales y legales para controlar los actos violentos y delitos que generan estos desadaptados; jóvenes sin objetivos claros crecidos en un ambiente peligroso, que aumenta bajo presiones muy notorias como el fanatismo extremo, las drogas y la violencia cotidiana.

Es por ello que se requiere la vital necesidad de enviar un mensaje de suma urgencia que convoque a construir mayor tolerancia, amistad y competencia sana entre estos protagonistas.

Esta realidad que no conviene, que enmarca los hechos en una trama transfronteriza, donde brota la angustia e inseguridad ciudadana y se encienden las alarmas, hecho este, considerado apremiante y no aislado de la sociedad, ya que sus resultados conducen a la muerte y la muerte es una instancia apocalíptica y severa.

El futbol genera alegrías, emociones, diversión; no debe originar violencia social, ni ser un canal ideal para expresar agresividad que protagonizan incidentes, disturbios, que producen fervor negativo. Podríamos afirmar que estas atrocidades de hinchas en los estadios de Colombia y fuera de ellos es una especie de matoneo y odio, que hay que desarticular; expresiones de las feroces barras en el ámbito de la pasión del deporte que en el país asolan una frase: violencia futbolera.

No se puede confraternizar con – violentos; es necesario institucionalizar una cultura de convivencia, no con esas emociones tergiversadas que estamos viendo en los estadios, aquí los medios de comunicación, todos, tienen la palabra y están en la obligación de contribuir a aplacar euforias que se pueden desbocar. La pelota la tiene en estos momentos el Estado Colombiano.

Se hace imprescindible encontrar un discurso renovador, medidas justas, que favorezcan a los demás espectadores. Se está reviviendo la nefasta época de los Hooligans en Inglaterra, que reglamenta violencia, asesinatos y desgracias. Colombia está padeciendo un estado preinsurreccional que de acuerdo a la opinión pública es bastante generalizado ¿y se quiere agregar otro? Es necesario implementar una elevada dosis de manejo, respeto, cultura y no actuar con frases combativas, arrogantes e innecesarias que utilizan los jóvenes hoy.

Finalizando, es trascendental, direccionar lineamientos que incursionen en incentivos sin límites, con estrategias enfocadas en solución de conflictos, en sintonía con la gente, canalizar la justicia, y que aflore la sana convivencia entorno al futbol colombiano.