23 abril, 2019

Pablo Salas Anteliz

En 50 años de existencia, la Diócesis de Valledupar, además de construir legitimidad, ha concebido pastores que se destacan dentro de la Iglesia Católica colombiana y que son ejemplo para las nuevas generaciones de nacidos en esta región del país. Cuando a mediados de la década de los 80, monseñor José Agustín Valbuena Jáuregui, ordenó […]

En 50 años de existencia, la Diócesis de Valledupar, además de construir legitimidad, ha concebido pastores que se destacan dentro de la Iglesia Católica colombiana y que son ejemplo para las nuevas generaciones de nacidos en esta región del país. Cuando a mediados de la década de los 80, monseñor José Agustín Valbuena Jáuregui, ordenó como sacerdote al hoy arzobispo Salas Anteliz, seguramente entendía que era el inicio de una vida sacerdotal que evidenciaba vocación pastoral, más no el inicio de la vida de un referente.

No me refiero exclusivamente a un referente para los sacerdotes, de antemano entiendo que lo es; tampoco lo circunscribo únicamente en el plano de la iglesia católica, su ascenso permite entender la valoración que dentro de la misma de él se hace; me refiero a alguien que sin buscar ser referente, debería ser considerado como tal, cada vez que a las nuevas generaciones de nacidos en Valledupar se les quiera mostrar un ejemplo a partir del cual construir.

Me refiero a Salas Anteliz, el hombre; su disciplina, nada de vanidades superfluas. Qué bien recordar que el hoy monseñor Salas Anteliz es del Colegio Nacional Loperena, como muchos de nuestros jóvenes vallenatos que cursan su año escolar en esa institución educativa.
También cabe recordar que en su ministerio sacerdotal, Salas Anteliz se desempeñó como párroco de la iglesia San Francisco de Asís de La Paz y capellán de la escuela normal superior María Inmaculada en el municipio de Manaure, pueblos que son de nuestra vida cotidiana regional.

Qué bien hace recordar que el arzobispo Salas Anteliz, fue párroco de la Inmaculada Concepción y canciller y rector de la catedral diocesana de Nuestra Señora del Rosario; parroquias que todos los de Valledupar conocemos y con las que muchos hemos crecido. Pablo Salas Anteliz, es de acá y como cualquier parroquiano conoce nuestra realidad, de hecho la ha vivido; los suyos son personas que a partir de la normalidad han hecho vida en Valledupar, de acá son y de acá siempre serán; el mismo surge de esa normalidad de la vida común y corriente, eso quizás es lo mejor de él, que conoce lo que es común a todos.

Ya fuera siendo el párroco de La Paz, o el sacerdote de vida cotidiana en las dos parroquias del centro de Valledupar, Pablo Salas Anteliz entendió que la disciplina junto con la vocación de trabajo eran el compromiso que le demandaba la vida sacerdotal.

Hoy muchos de los nacidos acá y de las nuevas generaciones, entendemos que lo bueno es lo fácil y lo mejor es la vida sin sacrificios y sin complejidades. Qué bien que tengamos un arzobispo que sin afán, ni protagonismo alguno, tiene liderazgo dentro de la Conferencia Episcopal Colombiana; que bien saber que monseñor Salas Anteliz fue considerado un buen obispo en el Tolima y en el Quindío y es respetado en Barranquilla. Qué bueno que en monseñor Salas Anteliz se vea la mano formadora del sacerdote Rafael Daza Díaz y las orientaciones del obispo Oscar José Vélez Isaza.

50 años de nuestra diócesis y un referente; un referente que no buscó serlo, pero que con su ejemplo lo es.
El próximo 25 de abril, se cumplen 50 años de existencia de nuestra Diócesis; una institucionalidad incuestionable, con sacerdotes que sin buscar serlo son referentes. Obispo Oscar J. Velez I., con el ejemplo sigan construyendo referentes.

Por: Josefina Castro González

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