10 julio, 2021

Neomarxismos y movimientos sociales

Algunos socialismos democráticos han tratado de lavarle la cara al socialismo comunista belicoso, entre ellos el laborismo británico, el socialismo escandinavo, y otros europeos, cuya subsistencia se debe al capitalismo interno de dichos Estados.

Partido Comunista Colombiano en marchas.

Me refiero a movimientos sociales revolucionarios que han añadido elementos  que no estaban contemplados en la ortodoxia original del marxismo. El primero lo caracteriza Lenin. Primera experiencia de acción política que ocurrió donde no se esperaba, en la Rusia zarista. Introdujo en la teoría marxista tres conceptos nuevos: el imperialismo, la función del partido comunista y el Estado proletario. Motores impulsadores de praxis política.

Muerto Lenin, dos personajes se disputan la dirección del marxismo político: Stalin y Trotsky, cuyas vidas y acciones son suficientemente conocidas. La idea fundamental de Trotsky fue la necesidad de una revolución permanente de carácter mundial. Pero  como donde hay desarrollo no hay  socialismo comunista, dicha idea carece de realismo. Stalin fue más práctico e impuso la idea de “socialismo en un solo país”, que es la tesis que ha triunfado. Pero esta vía representa: represión, genocidio, burocratismo, militarismo.

Otra experiencia fue la de Mao Tse Tung,  que será completamente distinta, pues él sustituyó el proletariado por el campesinado, por obvias razones. El maoismo chino será marxismo y nacionalismo.

Si en aquel mundo asiático campeaba la practicidad de sus líderes, en Europa occidental, la cuestión es más teórica e intelectual. Aquí  nos encontramos con el mayor influencer, como se dice ahora, de la teoría marxista, fundador del partido comunista italiano, el sardo Antonio Gramsci (1891-1937).

Consideraba una estrategia revolucionaria propia en la Europa occidental. Ahora difundida por el resto del hemisferio occidental y que actualmente lidera todos los movimientos socialistas, particularmente en América Latina. Los ejemplos están a la vista.

Si en Rusia y en la China el Estado lo era todo, en Europa y el resto de occidente la cosa es otro cantar. Si allá había que imponer el socialismo comunista a través del Estado, en occidente había que hacerlo por medio de las superestructuras sociales. Consiguientemente aquí no se trata de apoderarse del Estado para dominar a la sociedad, sino al revés, de conquistar la sociedad para adueñarse del Estado.

Por lo tanto, el adoctrinamiento marxista comunista ha de llevarse a los estadios intelectuales, a los colegios, a las universidades, a la academia, a la burocracia del Estado, a todas las ramas del poder público, particularmente a la magistratura, al arte, y por qué no, a ciertos sectores eclesiales, larvados o manifiestos. Los intelectuales vanguardistas al respecto han de enemistarse con el poder político y se hacen cargo del cambio de valores. 

El intelectual Gramsci hace un cóctel con las  ideas del renacimiento humanista, el jacobinismo francés, la ilustración, la revolución a como fuere, elementos que unidos al materialismo marxista conforman el molotov de la revolución social contemporánea. De ahí nace una nueva religión secular inmanente enemiga de las religiones tradicionales.  

Por tanto, la nueva iglesia es el partido comunista en el que Gramsci constituye como uno de los principales sacerdotes a su paisano Nicolás Maquiavelo, cuya deriva filosófica política se presta para lo bueno y para lo malo, para ejercitar todas las formas de luchas sociales  en procura del poder político. En los tiempos que corren hay que reconocer también la participación de una enorme riqueza dineraria puesta al servicio de la revolución socialista. 

Después de la caída del imperio ruso se han modificado algunas ideas políticas y económicas de aquel totalitarismo, pero subsiste su ideología materialista, dando vida a una cultura laicista que rechaza todo intento de trascendencia del hombre.

Fue una utopía, pero la leña de ese fuego no se apaga sino  prospera, y permanece su ideal en la memoria de sus secuaces, quienes suelen tener muy presente además las revoluciones francesas de 1789, la de 1948, la Comuna de París de 1871, la revolución china maoísta de 1949, igualmente fracasada porque hoy día China es un estado capitalista. No obstante,  aquellos fogonazos han incentivado los revolucionarios socialistas-comunistas  cubana, nicaragüense, venezolana.

Solo una profunda toma de conciencia de liberalismo democrático  político y económico justiciero podría sobreponerse  a ese anarquismo aporético.

 Algunos  socialismos democráticos han tratado de lavarle la cara al socialismo comunista belicoso, entre ellos el laborismo británico, el socialismo escandinavo, y otros europeos, cuya subsistencia se debe al capitalismo interno de dichos Estados, lo que no ocurre con los socialismos de los países tercermundistas, aún preindustriales, zarandeados por un populismo agresivo.  Desde los montes de Pueblo Bello.

Por: Rodrigo López