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Crónica - 9 julio, 2022

Mujeres importantes en el desarrollo cultural de Valledupar (9 entrega)

“Guardaba con mucho celo en su casa y con permiso de la iglesia, las tres potencias de oro de Santo Ecce Homo”.

Sacerdote José María Triana, de donde desciende la señora Dolores Romero.
Sacerdote José María Triana, de donde desciende la señora Dolores Romero.

En esta ocasión nuestras protagonistas son: Leticia Castro Monsalvo, Dolores Romero Palacio y Adela María Maestre Castro.

LETICIA CASTRO MONSALVO

Doña ‘Leti’ fue una mujer con gran dulzura y espíritu maternal y fabricaba unos dulces exquisitos, además profesaba un gran amor por los indígenas ya que nació dentro de la Sierra Nevada de los arhuacos, en su finca Cañabobal, durante la guerra de los mil días y allí creció durante sus primeros años y este amor se lo transmitió a sus hijos.

Dedicó su vida solicitando puestos de salud, escuelas, vías para los indígenas; ayudada por sus hermanas Magdalena y Rosa Dolores. Tuvo entre sus hijos al médico Raúl Pupo quien le prestó invaluables servicios a los indígenas de la Sierra Nevada, debido a que su finca era contigua con el resguardo arhuaco, y nunca les cobró una consulta. 

Su única hija Tem Pupo, quien heredó su mansedumbre y humildad, permanece hoy como la matrona de esta casona de sus antepasados, en medio del silencio, la soledad, y los recuerdos de sus mayores: “llevémosle cariño y compañía”.

Doña ‘Leti’ era hija de doña Rosa Monsalvo Maestre, de Patillal y de don José María Castro Baute (Pepe)

En esta fotografía se observa cómo era el barrio La Guajira en sus inicios, en el año de 1940, aquí se observa al señor Eriberto Miranda, llevando una carga de bastimento en dos burritos que traía de su rosa al pie del río Guatapurí, también trabajaba en la finca contigua de don Evaristo Gutiérrez, todas las casas eran de bajareque y palma.

DOLORES ROMERO PALACIO

Esta matrona es dueña de una memoria exuberante; guarda una rica identidad del nacimiento y de la historia de su barrio: La Guajira; hija de Rafael Palacios y Eufracia Romero Triana, y nieta de Estefanía Triana, quien era hija del sacerdote José María Triana; y estaba casada con don Carlos Romero Oñate, el último cartero que repartía sus cartas en una mochila atanquera y todas sus correrías las hacía a pie, y cansaba las mulas porque llegaba primero que ellas a los diferentes caseríos.

Cuenta la tradición oral que poseía la oración del perro negro andón; nació en 1.870 y murió en 1.966 de 96 años. Su trabajo como cartero lo desempeñó en parte, durante la guerra de los mil días, llevando la correspondencia a los generales liberales. Fue un gran liberal. 

La ascendencia de doña Dolores Romero se remonta por el lado materno, al sacerdote y senador José María Triana, quien fue el tronco inicial del senador José Guillermo Castro, de don Juvenal Palmera Cotes y del jurista Ovidio Palmera. Fue bisnieta de Dolores Romero y de Elías Oñate, atanquero, donde fue un gran jefe liberal. 

Doña Dolores fue y es una mujer bellísima: en su físico reúne las tres razas: morena, de ojos azules, nariz fileña y pelo indio; muy leal en la amistad, sincera, transparente, de un verbo exquisito, franca, y de un corazón humilde y grande, como fueron sus ancestros, quienes fundaron el barrio La Guajira. Los ancestros maternos de doña Dolores, Estefanía Triana, ‘Pepe’ y Antonio, vivían en la casa llamada Palacio Verde, de propiedad del sacerdote José María Triana, casa que todavía existe. Llamada así porque el techo de zinc, que no fue el original, estaba pintado de verde

Doña Dolores convive hoy con su hijita Zulis, a quien atiende como madre abnegada porque sufre quebrantos de salud.

Tuvo entre sus hermanos a Miguel Alberto Palacios (El Buey Mariposo), personaje pintoresco porque gallina que veía mal puesta iba a parar a su olla de sancocho; otros hermanos fueron Graciliano, Carlos, ‘Loló’, Sonia y la ‘Sabi’ Palacio Romero.

Entierro del agricultor Eriberto Miranda, saliendo de su casa, en la ventana la señorita Ana Julia Martínez, en el año de 1967, don Eriberto muere de 90 años; alrededor se observan a Marceliano Socarrás, Próspero Reina, ‘Nando’ Suárez, Abel verdecía, Humberto Morales, Francisco Borja, Mortimel Armenta, Mariela Palacio, “Chevo Palacio”, Manuelito González, Pablo Galindo, Juan Carlos Verdecia, Evaristo Gutiérrez, Claudio Freile, Tomás Rafael Nieves, Lucila Nevado, Adrián Nieves. Entre otros…

ADELA MARÌA MAESTRE CASTRO

Fue la esposa del médico Ciro Pupo Martínez; le guardó a su madre un luto riguroso, vestida de negro durante diez años. 

Fue una de las primeras alumnas fundadoras del colegio La Sagrada Familia, en el año 1.923, junto con doña Magdalena Castro, las hermanitas Maya, Delfina Mejía, Margarita Castro, Aura Baute, Paulina Mejía. Carmen Núñez, Paulina Maestre, María Uhía, Leticia Pupo, Olga Gutiérrez, Margarita Montero, Senobia Baute, María Margot y Beatriz Mestre y otras, que mi memoria no alcanza a recordar.

Fue una mujer profundamente religiosa y caritativa, de un gran corazón, de mucha dulzura y mansedumbre, no tuvo hijos y “porque toda mujer pues Dios lo ha querido, en su corazón lleva un niño dormido”, Crío como a hijos a varios familiares, entre ellos a su prima hermana María Margot Mestre Castro. 

Ella poseía una radiante belleza. Con esta y con sus virtudes conquistó el corazón del médico haciéndolo feliz.

En la puerta de su casa por las mañanas, se veía una romería de gente haciendo cola para pedirle ayuda, fuera una medicina u otro favor.

Guardaba con mucho celo en su casa y con permiso de la iglesia, las tres potencias de oro de Santo Ecce Homo que eran tres golondrinas de oro macizo que llevaba santo Eccehomo, una en la cabeza y las otras dos a los lados. También era curadora de los objetos de oro que las personas le obsequiaban a Santo Ecce Homo por los milagros recibidos, entre ellos una cadena de oro que el presidente Alfonso López Pumarejo le obsequió a Santo Ecce Homo, en gratitud por haberle salvado la vida, en el avión que se estrelló cuando venía de Riohacha.

 En la fotografía, Adela María Maestre, quien le guardó, luto a su madre durante 10 años.

POR RUTH ARIZA COTES/ESPECIAL PARA EL PILÓN