13 junio, 2019

Los riesgos externos en algunos colegios de Valledupar

Rodeados de asentamientos subnormales, puntos de seguridad críticos y contextos con deficiencias sociales, las rejas no bastan para evitar que la delincuencia permee algunas instituciones educativas.

Diferentes colegios luchan por dejar atrás la fama de inseguros, con procesos que mejoren la convivencia de los estudiantes y los proteja del entorno. 

Foto: Sergio Mcgreen

Con la jornada única, son muchos los estudiantes que pasan más tiempo en el colegio que en sus casas. En las instituciones deben enfrentar retos externos a los académicos: tanto la convivencia interna como varios entornos que rodean a las instituciones educativas de Valledupar y que representan una amenaza para una población menor de edad casi en su totalidad.

Se conoció ayer la noticia de una adolescente de 14 años que hirió de manera accidental a un compañero de su misma edad con un objeto corto punzante, en el colegio Manuel Germán Cuello.

“El niño llevó un objeto corto punzante y se puso a jugar con los compañeros y con la niña un juego peligroso y en eso la pequeña le alcanzó a quitar la navaja y se le fue la mano, alcanzándolo a herir en la parte de la ingle”, manifestó Ezequiel Montiel, secretario de educación municipal (e).

La dificultad en estos casos es que los accidentes se registran con objetos pedagógicos, tijeras, bisturí, según el capitán Andrés García, jefe de seccional de protección y servicios de la Policía de Valledupar. “Son materiales necesarios en las clases, es como quitarle el cuchillo al carnicero”, dijo.

Además, está prohibido revisar el bolso de los estudiantes, lo cual abre la posibilidad que ingresen objetos peligrosos a las instituciones.

“Anteriormente con Policía de Infancia y otras entidades se hacían requisas pedagógicas, se requisaban los bolsos de los estudiantes. Se encontraban 100, 150 armas de todo tipo, navajas convencionales, tijeras, agujas, elementos que en un momento dado se pueden convertir en un arma. En un colegio del país hubo un impase, un estudiante denunció que fue tocado, se elevó la denuncia y fue prohibido requisar el bolso del estudiante”, contó el secretario encargado.

La Ley 1620 de 2013 establece que en el caso de los docentes deben identificar, reportar y realizar el seguimiento a los casos de acoso escolar y violencia escolar que afecten a estudiantes, pero también establece responsabilidades a familias, como asumir responsabilidades en actividades para el aprovechamiento del tiempo libre de sus hijos. Es en las familias donde inician muchos problemas de los colegios, según las autoridades.

La mayor población de las instituciones educativas es menor de edad. Foto: Sergio Mcgreen

AMENAZAS DEL ENTORNO

Rodeados de asentamientos subnormales, puntos de seguridad críticos y de contextos con deficiencias sociales, las rejas no bastan para evitar que la delincuencia permee algunas instituciones educativas.

En esa lucha viven los profesores y administrativos de los colegios de varias comunas de Valledupar. En la institución Consuelo Araújo Noguera están ganando la batalla, pero aún falta mucho, aseguran las autoridades del colegio.

“Anteriormente entraba mucho pela’o de la calle a consumir, a vender a los estudiantes, pero eso está controlado porque cuando ingresa una persona extraña nos ponemos en contacto con los cuadrantes de la Policía y los sacamos”, argumentó Maribel Salas, coordinadora la institución.

Sin embargo, dentro de la institución aún se sufre lo que pasa en los exteriores. “Lo más difícil es el entorno, las parrandas que forman y lo de siempre, venden drogas, toca al estudiante. Los niños identifican: ‘profe sienta el olor’. Eso es terrible, que uno no sabe cómo salen adelante los pelaos”, aseguró un docente de la institución.

Pero la delincuencia no es el único desafío. Por ahorrarse unos pasos, habitantes del asentamiento subnormal que rodea la institución prefieren romper las rejas y pasar dentro de la institución. “Entonces las rejas tienen huecos por todos lados, eso se presta para que los estudiantes se vuelen, pero nosotros hemos tomado ciertas medidas, para mantener la seguridad en la institución: cuadrantes de profesores, de estudiantes, que ayudan a superar esas dificultades. Esa es la parte más crítica”, señaló la coordinadora.

El Consuelo Araújo Noguera hace parte de un grupo de instituciones que batallan con amenazas externas. En un momento, la Secretaría de Educación tuvo identificadas diez instituciones de Valledupar, entre esas Manuel Germán Cuello, Bello Horizonte, La Esperanza, Milciades Cantillo, que fueron focalizadas y corren riesgo por el expendio de drogas fuera de ellas.

“Vamos marchando por un camino que no es fácil. El Milciades Cantillo Costa está en la comuna tres de Valledupar, estamos rodeados de barrios subnormales. Afuera se habla, pero el profesor que está dentro es el que conoce la realidad. Algunos profesores practicantes tenían miedo de venir porque se tenía el concepto que atracan acá dentro, pero no es así”, relata Enrique Campo, coordinador de convivencia de la institución.

“Nosotros trabajamos con el plan de Entorno Escolares Seguros: se hace la intervención tanto al interior como al exterior, para desarticular lo que pueda poner en riesgo a los estudiantes, claro que se interviene el colegio conforme a la problemática que diga el rector”, señaló el capitán Andrés García.

Las autoridades escolares siempre recurren a un llamado a la Policía, para el control de la seguridad en esas zonas. Foto: Sergio Mcgreen.

El Milciades ha cargado históricamente con una mala fama por hechos que marcaron a la institución. Noticias como la de la estudiante que robaron con un puñal en el pecho mientras reposaba en las gradas del colegio. Le arrebataron el celular, sin embargo el encargado de convivencia asegura que gracias a varios procesos muchas han cambiado.

“Yo le doy gracias a Dios que estos muchachos estudian. Dentro de su situación, muchos intentan hacer las cosas. El Milciades era uno de los colegios violentos dentro del municipio porque eran recurrentes las peleas en las puertas. De la mano de Policía, los profesores y los estudiantes se ha reducido”, agregó el coordinador.

En el Milciades era costumbre la presencia de la Policía realizando operativos para incautar armas blancas y corto punzantes, eso sumado a la intervención del Icbf, porque un estudiante llegaba drogado.

El problema en el Milciades, ubicado en la comuna tres es similar al del Consuelo Araújo Noguera. Con la experiencia, los profesores van identificando los trasfondos en el rendimiento de los estudiantes, por eso cuando se corre a la urgencia porque un estudiante se desmaya lo primero que se le pregunta cuando reacciona es si consumió alimentos antes de ir a estudiar.

“Se me dio el caso de una niña que me dijo: ‘profe ya estamos mejor, ya mi papá está trabajando y se gana el mínimo’. El mínimo vital para vivir. Ella estaba feliz porque se iba a comer las tres comidas. Ellos viven en un medio difícil”, narró Enrique Campo, coordinador de convivencia de la institución Milciades Cantillo.

Por más que sea un ambiente diferente, es claro que el entorno social que rodea las instituciones de Valledupar afecta, positiva o negativamente, el proceso escolar de muchos estudiantes. En esa protección que necesita la población menor de edad, es necesaria la conjugación de todas las autoridades.

DEIVIS CARO / EL PILÓN