8 octubre, 2020

Los bemoles de la paz y de una democracia fallida

La situación del país está más grave de lo que muchos creen, los rábulas defensores de oficio niegan la realidad y no tienen ni percepciones, ni sentimientos, ni sensaciones aunque que están conscientes; no ven ni creen en las diarias masacres y abusos del poder pese a los testimonios grabados; esto les resbala. Tampoco ven […]

La situación del país está más grave de lo que muchos creen, los rábulas defensores de oficio niegan la realidad y no tienen ni percepciones, ni sentimientos, ni sensaciones aunque que están conscientes; no ven ni creen en las diarias masacres y abusos del poder pese a los testimonios grabados; esto les resbala.

Tampoco ven el ancho de la fractura institucional que se abre en el país, ni distinguen si estamos en guerra o en paz. Solo ven al país como un paraíso asediado por resentidos, odiadores, vándalos y atenidos. Pero lo más grave es la indiferencia de la gente, eso no es gratuito. Hace algún tiempo, Noam Chomsky publicó, de un texto apócrifo denominado “Armas silenciosas para guerras tranquilas”, las 10 estrategias de manipulación (Goebbels) mediante las cuales una elite domeña a la población con prácticas que llegan a lo profundo de las emociones cooptando la capacidad reflexiva de las personas.

Es como conducir un viaje de ganado al matadero con cantos de vaquería. El marco conceptual de estas es la mentira, el miedo, la estigmatización, la macartización y atribuirles a otros sus propios pecados: “Más vale una mentira no desmentible que una verdad inverosímil”; “miente, miente, que de eso algo queda”. Hemos visto eliminar a todos los integrantes de la Unión Patriótica, los falsos positivos en los cuales murieron miles de jóvenes para justificar un supuesto triunfo militar contra grupos insurgentes; somos testigos históricos de monstruosos fraudes electorales que han torcido nuestra historia; hemos visto caer “asesinados” (¿se podrá decir así, amigo rábula?) a varios candidatos presidenciales; vivimos el Estatuto de Seguridad y los jueces sin rostro (con capuchas).

Ahora estamos presenciando, cada día, las masacres de nuevo tipo que ya no se llaman así; es un término muy fuerte que puede incitar al odio; por eso es mejor banalizar. Más, ya son varias de ellas ocurridas en los últimos dos años pero nadie afecto al gobierno ha muerto, las víctimas son específicas, las que reclaman o dicen algo del gobierno. ¡Qué casualidad! Ahora se entra en una etapa superior de eliminación del contrario; la semana pasada mataron en su propio apartamento, en Medellín, al profesor universitario Campo Elías Galindo, miembro de la Colombia Humana en Antioquia quien había denunciado cuestionadas operaciones entre el GEA, EPM e Hidroituango.

La primera hipótesis oficial: “fue para robarlo”; pero el único patrimonio de un académico son sus ideas que nada haría un ladrón con ellas. Parece que se está cumpliendo la lapidaria frase de Bertolt Brecht; ahora le tocó a la CH. Igualmente, Piedad Córdoba sufrió un atentado en Bogotá, a quien vienen amenazando hace rato. La primera hipótesis: “querían robar a sus guardaespaldas”. Pero si hay otros blancos no tan armados para robar, ¿por qué elegir a estos bien armados? Ridículo, ni bobos que fuéramos. Pero, ¿por qué ocho tipos con armas largas en dos carros para un robo en plena calle? La paz tiene enemigos por fuera y por dentro del gobierno, como dijo Otto Morales B., un ministro. ¿Será que la paz comenzará cuando la guerra entre al hogar de los guerreros?