14 agosto, 2019

La libélula dorada

En territorios de la antigua Toscana, ciudad perteneciente a la vislúmbrante y gran metrópolis Romana, un anciano llamado Donato, vivía desde su juventud en una pequeña casa junto a un cementerio, en lo alto de una colina.

Ana Charris

En territorios de la antigua Toscana, ciudad perteneciente a la vislúmbrante y gran metrópolis Romana, un anciano llamado Donato, vivía desde su juventud en una pequeña casa junto a un cementerio, en lo alto de una colina. Era un hombre amado y respetado por todos los lugareños, que a menudo se preguntaban por qué vivía en soledad al lado del cementerio.

De tanta soledad, un día el anciano enfermó de gravedad, llegando así la hora de partir, su cuñada y sobrino eran su única familia quienes al enterarse fueron a cuidarle en sus últimos momentos. Pasaron varios días en el lecho de su muerte, hasta que un día, en la ventana de la habitación se posó una pequeña libélula de color dorado resplandeciente. El joven intentó espantarla en varias ocasiones, pero la libélula siempre volvía al interior, ya cansado, la dejó revolotear al lado de su tío anciano.

Luego de esto y tras un largo rato, la libélula salió de la habitación y el joven, curioso por su comportamiento y maravillado por su belleza, la siguió. La pequeña luz resplandeciente voló hasta el cementerio que existía al lado de la casa y se dirigió a una tumba, alrededor de la cual revoloteo hasta desaparecer. Aunque la tumba era muy antigua, estaba limpia y cuidada, rodeada de flores blancas y frescas. Tras la desaparición de la libélula, el joven sobrino volvió a la casa con su tío, para descubrir que este había muerto.

Desanimado y lleno de lágrimas, el joven corrió a contarle a su madre lo sucedido, incluyendo el extraño comportamiento de la libélula, ante lo que la mujer sonrió y le contó al joven el motivo por el que su tío Donato había pasado su vida allí.

En su juventud, Donato conoció y se enamoró de una joven llamada Bianca, la cual era su hermana, con la cual iba a casarse. Sin embargo, pocos días antes del evento la joven falleció. Ello sumió a Donato en una profunda tristeza, de la que no conseguiría recuperarse.

Por este motivo decidió que nunca se casaría, y fue entonces cuando construyó la casa al lado del cementerio con el fin de poder visitar y cuidar todos los días la tumba de su amada. El joven reflexionó y entendió entonces quién era la libélula, feliz sonrió porque ahora su tío Donato se había reunido al fin con su amada Bianca.

Autor: ANA BELEN CHARRIS VARGAS   – I. E. NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA