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Especial - 21 noviembre, 2022

La inseguridad alimentaria en el Cesar y Valledupar: ¿Estamos pasando hambre?

Las razones por las que el departamento del Cesar y su capital presentan una de las cifras más altas de inseguridad alimentaria en el país responde a temas de desempleo, pobreza y altos precios de los alimentos.

En agosto de 2022, el 41,8% de los hogares vallenatos consumió menos de 3 comidas al día.
En agosto de 2022, el 41,8% de los hogares vallenatos consumió menos de 3 comidas al día.

LA SITUACIÓN ACTUAL EN EL CESAR

De acuerdo con datos del DANE, en agosto de 2022, el 41,8% de los hogares vallenatos (cerca de 210.000 personas) consumió menos de 3 comidas al día. De ellas, unas 16.000 consumieron una sola comida diaria, ello puede incluir ancianos, niños y mujeres embarazadas o gestantes. La cifra es alarmante de por sí, pero más aún cuando se le compara frente a otras regiones de Colombia. 

La cifra registrada en Valledupar duplica la del promedio nacional (24,2%). De este modo, la ciudad se ubica en la quinta posición nacional en donde hay un mayor número de familias sin tener las tres comidas diarias y supera de lejos a Santa Marta, Riohacha y Barranquilla, aunque está mejor que Montería, Cartagena y Sincelejo (Gráfico 1).

Gráfico 1. Porcentaje de hogares, por número decomidas consumidas al día (agosto 2022)

Gráfico 2.  Porcentaje de hogares que consumen menos de 3 comidas al día

Fuente: DANE. 

La dinámica al interior de Valledupar ha sido creciente en el tiempo, con excepción de algunos altibajos observados en la segunda parte del 2021. De hecho, la tendencia del consumo de comidas diarias ha sido diferente a la del promedio nacional, la cual viene cayendo, aunque ligeramente, desde hace un año. En Valledupar, por el contrario, la inseguridad alimentaria es un tema cada vez más sensible, pues, de hecho, hoy hay más hogares sin acceso a las tres comidas que durante la pandemia (Gráfico 2). 

¿A QUÉ SE DEBE ESTE COMPORTAMIENTO?

Las razones por las que el departamento del Cesar y su capital presentan una de las cifras más altas de inseguridad alimentaria en el país responde a temas de desempleo, pobreza y altos precios de los alimentos.

La incapacidad para acceder a los alimentos es un reflejo más de la desigualdad social. Según el DANE, el 55% de los hogares del Cesar manifiestan que sus ingresos no alcanzan a cubrir los gastos necesarios, mientras que otro 42,5% dice que alcanzan a cubrirlos, pero a ras. 


La incapacidad para acceder a los alimentos es un reflejo más de la desigualdad social.

En el caso de las zonas rurales dispersas, hasta un 67% confiesa que sus ingresos son insuficientes. Mientras miles de hogares padecen de hambre día a día; por otro lado, se sabe que un 5% de los hogares del departamento desperdician comida, bien sea por descomposición o compras innecesarias en el supermercado.

Ciertamente, la prevalencia de la pobreza es la piedra angular de los problemas del departamento. En el 2021, el 56% de los cesarenses, equivalente a 618.000 personas, vivían en condiciones de pobreza, es decir que vivían con ingresos mensuales por debajo de los $354.000 cada uno. De estos, un 20,9% estaban en condiciones de pobreza extrema, 230.000 personas. 

Ambas cifras recogen los efectos ocasionados por el altísimo desempleo en la capital y en el departamento, que ronda el 17%, siendo Valledupar la tercera ciudad con mayor desempleo nacional y la segunda en desempleo juvenil.

La inflación también es galopante en Valledupar. Con una subida anual del precio de los alimentos del orden del 27% y de la energía del 43% no hay ingresos que resistan dichos incrementos.

¿QUÉ OCASIONA LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA?

Las consecuencias más directas e inmediatas de la inseguridad alimentaria que padece la región recaen en problemas de salud física, principalmente en la población infantil. 

En efecto, de acuerdo con el Ministerio de Salud, en el 2021, el 5,8% de los niños menores a 5 años padecían de desnutrición, es decir, 9.090 niños (Gráfico 3). 

Esta es una cifra muy superior al 3,6% del promedio nacional. Aunque la primera infancia es el grupo donde principalmente se materializan las consecuencias, en el caso de los infantes, que son los que tienen de 6 a 11 años de edad, la situación también es de urgencia, pues 1.300 de ellos (0,8%) estaban en estado de desnutrición.

Gráfico 3. Principales morbilidades en el Cesar  

Diagrama

Descripción generada automáticamente

Fuente: Ministerio de Salud. Elaboración propia

Entre otras morbilidades, se ha detectado una prevalencia del 25,7% de niños con anemia y del 8,5% de bebés nacidos con bajo peso. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los bebés que nacen con bajo peso tienen mayor riesgo de tener deficiencias en el desarrollo cognitivo y de sufrir enfermedades cardiovasculares y diabetes en etapas posteriores de la vida. 

Gráfico 4. Mortalidad en menores de 5 años por desnutrición en el Cesar 

Gráfico 5. Mortalidad en menores de 5 años por desnutrición (por 100.000 nacidos vivos)

Fuente: Ministerio de Salud. Elaboración propia

En los casos más extremos, la desnutrición pasa a causar la muerte de niños y niñas. En todo lo que comprende el departamento del Cesar, en 2021, murieron 23 niños menores de 5 años como causa de este drama (Gráfico 4). En términos relativos, esta cifra es equivalente a 17,6 menores por cada 100.000 nacidos vivos, un valor que solo es superado por el Chocó (87,3%), La Guajira (52,6%), Vichada (50,2%) y Magdalena (18,7%) (Gráfico 5). Además, los casos en el Cesar se han mantenido relativamente constantes a través del tiempo, sin una mejoría clara.

Entretanto, las consecuencias indirectas de la inseguridad alimentaria son más profundas y difíciles de borrar. El vínculo entre la inseguridad alimentaria y la pobreza es complejo y puede verse como un círculo vicioso. 

En efecto, las deficiencias nutricionales en una persona a causa de la insuficiencia alimentaria que sufrió a edades tempranas impactan la productividad futura y el curso de vida en sí mismo, llevando a una trampa de pobreza difícil de escapar.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

En el departamento del Cesar, la inseguridad alimentaria persiste y sigue aumentando en varios hogares, especialmente los más pobres y vulnerables, en donde la disponibilidad y el acceso a la canasta básica son limitados. 

La gestión intersectorial de las autoridades locales y regionales con el Gobierno central y agentes privados será fundamental para la promoción de la seguridad alimentaria y nutricional.

Aunque algunas acciones, como el mejoramiento de la infraestructura vial, la creación de centros de acopio para recoger la producción, la capacitación a los campesinos para la comercialización de sus cosechas, las campañas para promover la lactancia y el consumo de frutas y verduras, entre otros, pueden ser efectivas y ayudar a atenuar el déficit en la disponibilidad de alimentos y corregir la ingesta de los mismos.

No hay duda de que la mejor ruta de acción será la de reducir el desempleo, la pobreza y acelerar el  crecimiento económico para que las personas puedan tener la capacidad de compra de su comida.

Lo anterior cobra mayor importancia en un contexto en que la inflación sigue aumentando y golpeando principalmente a las personas más vulnerables. En Valledupar, la inflación de septiembre del grupo de alimentos fue del 27,1%, mayor a la nacional (26,6%). De hecho, al contemplar la inflación total, Valledupar es la tercera ciudad con mayores incrementos en los precios, después de Santa Marta y Cúcuta.

Los esfuerzos por retornar a los niveles pre-pandemia de pobreza y seguir bajando los umbrales de esta son una prioridad para el departamento, cuya tasa de desempleo bordea el 14% y en Valledupar el 17%. 

En ese sentido, serán necesarias las acciones para la protección del trabajo, para la generación de incentivos a la creación de empleo formal, para la continuación de transferencias económicas condicionadas a la población más vulnerable y para la promoción de un clima empresarial amigable, medidas que han sido explicada en detalle por el Centro de Estudios Socioeconómicos Cesore. 

Con el apoyo de María Alejandra Martínez. Economista.

Por: Cesore