10 octubre, 2020

La esquina sagrada de Valledupar (I)

Si hacemos arqueología en el piso donde funciona el Concejo, en el primer piso podríamos encontrar entierros de las monjitas que regentaron el colegio de la Sagrada Familia, ya que su reglamento ordena enterrarlas en el mismo piso del convento.

Centro ceremonial del Cacique Upar

FOTO/CORTESÍA.

En las excavaciones arqueológicas efectuadas en varios países de América se ha observado que debajo de los escombros de las antiguas iglesias católicas aparecen unos huecos grandes y redondos, donde estuvieron metidos los postes que sostuvieron la iglesia o templo ceremonial indígena.

Lee también: ‘El musical’, primer concierto virtual de Peter Manjarrés

Lo anterior, nos hace concluir que los europeos quemaban el templo indígena y sobre el mismo lugar edificaban el templo católico, utilizando los mismos materiales del templo indígena: palma o paja, según el clima, y armazón de caña brava rellenada con barro (bahareque). Esta era una forma de proselitismo religioso para que los indígenas experimentaran una sensación de arraigo con su antiguo templo, que era algo similar al que tenían.

Aquí en Valledupar es de pensar que los hechos fueron iguales, ya que los españoles actuaban con las mismas políticas y no había razones para una excepción.

Es por lo anterior que en la esquina donde funciona hoy el Concejo Municipal de Valledupar sucedieron varios hechos: allí estuvo ubicado el primer templo o centro ceremonial indígena, según relato oral de mamas arhuacos y koguis, lo cual confirma la ideología española, en la construcción de sus templos.

CONCEJO DE VALLEDUPAR

RESTOS

Si efectuamos una excavación arqueológica en el piso más profundo de la esquina donde está el Concejo, podríamos encontrar herramientas de piedra (cuchillos, raspadoras, lascas, puntas de proyectil o las flechas de piedra) del hombre cazador-recolector que aún no conocía la cerámica, si es que este hizo presencia en Valledupar.

No dejes de leer: Andrés Emilio extraña las caricias maternales de su querida vieja Olga del Socorro

Encima de la anterior excavación, es casi seguro que encontraríamos las bases del antiguo templo indígena, pero además las piedras quemadas de los cuatro fogones que permanecían prendidos dentro del templo, pedazos de la tinaja que se colocaba en la parte más alta del techo y restos de las vasijas de barro en forma de senos donde quemaban el frailejón como sahumerio.

También funcionó allí la primera iglesia católica de Valledupar, según el croquis ordenado por el Rey Felipe II en relación a 1578. Esta iglesia había sido construida en 1544, cuando el portugués Francisco Salguero funda a Valledupar como pueblo de españoles. Este se ausenta en 1548 y deja el pueblo abandonado y los indígenas queman esta iglesia.

En cuanto a la primera iglesia católica quemada por los indígenas, podríamos encontrar en la excavación santos a medio quemar, cáliz y patenas, pero además huesos de los entierros de los primeros españoles que murieron, ya que en el siglo XVI se acostumbraba enterrar dentro de la iglesia a las personas cristianas ya bautizadas; en contraste con los indígenas no bautizados que eran enterrados fuera de la iglesia en la parte del atrio.

También podríamos encontrar la campana del año 1544, el incensario y campanitas de cobre que utilizaban cuando se iba a consagrar la hostia y en las procesiones los acólitos o monaguillos para quemar la mirra y el incienso como sahumerio.

En 1550 viene el segundo fundador, el español Hernando de Santana, el cual, en el acta de fundación, sacada del Archivo Nacional, expresa que encontró un pueblo ya fundado y poblado por los cristianos, reconociendo así la primera fundación como pueblo de españoles.

Este fundador posiciona el acto jurídico que creó al primer pueblo de españoles y eleva ahora a la categoría de ciudad al pueblo ya fundado, llamándola ‘Ciudad de los Reyes’, en homenaje a los reyes magos.

El fundador ordena construir la segunda iglesia católica. Utilizando los mismos materiales dichos anteriormente.

2 Primera iglesia católica, edificada en la primera fundación de Valledupar

TOMA POR CUATRO PUNTOS

El 19 de diciembre de 1580, los indígenas tupes, cansados de que les violaran a sus esposas y a sus hijas, que guaquearan las tumbas de sus mayores para saquearles el oro, aprovecharon, como florero de Llorente, un maltrato más a una indígena tupe llamada Francisca y deciden a media noche quemar toda la ciudad, y con ella el templo, cuyos ornamentos fueron hurtados por el cacique tupe Coroponaimo, quien organiza un ataque a la plaza por sus cuatro extremos: por el uno va Coroponaimo; por el otro va su hermano Curunaimo; por otro va la india Francisca con su marido Gregorio, y su padre, el indio Francisco (antiguo ‘Francisquillo el Vallenato’, para ese entonces ya era don Francisco con 68 años); y por último ataca el cacique Quiriaimo.

Te puede interesar: Para preservar la tradición realizarán el Festival del Cantante virtual en El Molino

Mueren 50 personas calcinadas, ya que el incendio fue a media noche y estaban dormidos. No quedó una sola casa en pie. Si hacemos la excavación arqueológica de la segunda iglesia, en esta esquina, podríamos encontrar una capa de ceniza que dejó el incendio, huesos quemados, imágenes de la Concepción y de la virgen del Rosario y otras a medio quemar, ya que en esta iglesia funcionaban tres cofradías: las de estas 2 advocaciones y la del santísimo sacramento. Encontraríamos, además, el incensario y las campanitas que se tocaban para la consagración de la hostia y en las procesiones; pero además la campana de la iglesia de 1550.

Lo que no encontraríamos serían las vasijas metálicas como el cáliz y la patena, pues fueron sustraídas por el cacique Coroponaimo, en retaliación porque los españoles también les profanaban sus lugares sagrados. Era, pues, este hurto un castigo simbólico.

En el mismo año de 1580, el gobernador de Santa Marta, Lope de Orozco, se viene a Valledupar y ve con asombro cómo todo ardía; inmediatamente ordena reconstruir la ciudad, pero con elementos duraderos, tejas de barro y adobes para las casas, asimismo para el nuevo templo, que duró prestando sus servicios desde 1580 hasta 1782, esto es 282 años.

 Pero además hace construir una gran muralla fuerte y alta alrededor de las 9 manzanas que formaban la ciudad, con dos puertas y una garita en la parte superior de la esquina que miraba hacia el sur, por donde venían los indígenas tupes. La garita le dio el nombre al barrio.

Este muro fue derrumbado con el tiempo porque la ciudad necesitaba crecer y la iglesia se fue desmoronando debido a la humedad, al comején, y otros factores climáticos. Por este motivo fue trasladada en el año de 1782 a la esquina opuesta de esta misma cuadra, pero  con el nombre de Iglesia de la Pura y Limpia Inmaculada Concepción de María.

Quien la hizo construir fue el obispo de la orden franciscana, Francisco Navarro y Acevedo, quien se vino de Santa Marta a vivir a Valledupar a un lugar llamado El Palacio, antigua edificación española que quedaba frente a lo que hoy es el batallón La Popa.

Este nombre se lo puso a la nueva iglesia porque la patrona de los franciscanos capuchinos es la virgen Inmaculada; este mismo obispo funda aquí en Valledupar el primer convento de franciscanos en 1782 (en lo que es hoy la sede política de Aníbal Martínez Zuleta).

Las ruinas de este tercer templo católico, con tejas de barro y que estaba situado donde hoy funciona el Concejo Municipal, estuvieron en pie hasta 1923, cuando don José Trinidad Mejía, caballero de Valencia de Jesús, decide comprar el lote para obsequiarlo, como un mecenas de la educación, destinándolo a la construcción de un edificio donde funcionaría el colegio de las hermanas capuchinas de la Sagrada Familia.

 Este colegio inició sus labores en la Casa de la Estrella, que quedaba frente al lote mencionado, que era de propiedad del señor Mejía, y laboró allí durante 7 años, desde 1923 hasta 1929, ya que en 1930 se estrena el edificio. El colegio inicia sus labores hasta 1995, año en el cual las monjas deciden cambiarle al municipio este edificio por un lote de mayor extensión ubicado en el barrio Los Campanos.

Si hacemos arqueología en el piso donde funciona el Concejo, en el primer piso podríamos encontrar entierros de las monjitas que regentaron el colegio de la Sagrada Familia, ya que su reglamento ordena enterrarlas en el mismo piso del convento.

Allí murieron sus cuatro fundadoras, todas antioqueñas: la reverendísima madre Bienvenida de Domatías, Margarita de Jericó, Catalina de Yarumal y Teresa de Sonsón; posteriormente llegarían la Hermana Eugenia de Urrao y otras.

Lee también: Para preservar la tradición realizarán el Festival del Cantante virtual en El Molino

También es posible que encontremos escapularios, cajas mortuorias, restos óseos, camándulas, crucifijos y, de pronto, los hábitos de las monjitas si es que no fueron deshechos por el tiempo que todo lo destruye.

Actualmente funciona en esta esquina el Concejo Municipal.

Bendita y sagrada esta esquina que guarda en sus entrañas la historia eclesiástica y de la educación de la Ciudad de los Reyes.

Por Ruth Ariza