4 mayo, 2021

La esperanza de la ‘abuelita’ que cumplió 103 años en Valledupar

Con sus más de 100 años, Agustina Díaz conserva todavía una amplia sonrisa aunque no tenga dientes en la mandíbula inferior. Vigorosa y llena de carácter desea seguir viviendo por muchos años más en compañía de sus tataranietos.

Agustina Díaz nació el 2 de mayo de 1918. 
Foto: cortesía.

En el barrio Los Fundadores de Valledupar ha vivido por más de 30 años Agustina Díaz, una villanuevera que cumplió el pasado 2 de mayo 103 años de vida. Esta amante del vallenato, que tiene 20 nietos y 4 tataranietos, relató con alegría y entusiasmo la experiencia que ha adquirido a lo largo de sus años y el gran logro de sobrevivir a su edad en la pandemia de la covid-19. 

Con ligereza de palabra explicó que nació en el año 1918 en el municipio de Villanueva, La Guajira,  y desde muy temprana edad encantada por la cultura vallenata tomó sus pertenencias y se encaminó a la aventura de vivir en Valledupar. En la capital del Cesar dio a luz a sus ocho hijos que actualmente la “veneran” y le expresan de manera constante el profundo amor que le tienen por aquellos años en los que luchó por “sacarlos adelante”. 

Sentada en una mecedora, que es su infalible compañera a la hora de coser, comentó que durante muchos años trabajó en el sector de Cinco Esquinas vendiendo diferentes tipos de comida para mantener a sus pequeños. “Desde  muy temprano me iba para lo que se conoce hoy en día como Cinco Esquinas a vender arepas, fritos y cuanto me inventara porque mis hijos solo me tenían a mí y yo tenía que responderles”, rememoró. 

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Entre risas y bromas aseveró que gracias a Dios durante esos años de trabajo pudo obtener el suficiente dinero para enviar a algunos de sus hijos al colegio y enseñarles a los otros el valor del trabajo duro y honrado. Hoy la acompañan en su hogar su hija María Díaz, de 72 años, y dos nietos, que según Agustina, cada día la llenan de cariño y la actualizan de las tendencias y noticias de la época moderna. Con un toque de orgullo en su voz señaló que tiene aproximadamente 20 nietos, 5 bisnietos y cuatro tataranietos, familiares que muy pocas personas llegan a conocer porque la muerte llega antes a sus puertas.

Este personaje tiene 20 nietos, cinco bisnietos y cuatro tataranietos. 
Foto: cortesía.

Al preguntarle si se había vacunado contra la covid-19 demostró un poco de renuencia al responde que no lo había hecho. “Yo no me vacuné porque tengo algunas afectaciones de salud que podrían hacer que esa vacuna me caiga mal”, esta misma posición la comparten algunos de sus hijos que tampoco se han vacunado. 

MÁS DE UNA CENTENA NO LE IMPIDEN SUS LABORES

Luego de explicar diligentemente y de manera contundente su negativa ante la vacunación, habló observando sus arrugadas manos sobre su gusto por la costura y como este se ha convertido en su pasamiento favorito. Hay  quienes pensarían que a la edad de 103 años no se puede tener un buen sentido de la vista, dicha suposición la derrumbó Agustina debido a que  inserta el hilo en el ojo de una aguja en menos de tres minutos. 

Expresando total orgullo comentó que  no tiene silla de ruedas, ni tampoco una andadera. Esta villanuevera solo necesita de la mano de algunos de sus familiares para caminar. Así lo indicó su hija María Díaz, recordando la rutina diaria que hace con su madre cuando ella tiene que tomar una siesta, comer, bañarse y hacer actividades que la distraigan. 

“La valentía que tiene mi mamá le permite caminar distancias que para algunos es sorprendente porque a su edad sus huesos están frágiles y una caída puede ser grave. Por ello siempre estamos dándole una mano o apoyándola de alguna forma para que tenga confianza a la hora de desplazarse”, manifestó Díaz. 

Estando la pandemia de la covid-19 ‘al asecho’ en Valledupar, la celebración de los 103 años de Agustina fue pequeña por las restricciones y protocolos de bioseguridad. Sin embargo, esta abuela y madre se vistió con sus mejores galas y departió con su hija y algunos de sus nietos la fiesta en honor de su natalicio. 

Con algo de vergüenza en su rostro precisó que un vecino colocó música que disfrutó oír y pasó un “momento agradable en compañía de sus seres queridos” en  este  tiempo de estrés y preocupación, en el que se debe celebrar cada día de vida como un gran regalo. 

UNA LUCHADORA DE LA FELICIDAD 

Utilizando un léxico con algunos vestigios de los años 40, 50 y 60 expresó con entusiasmo que a pesar de tener 103 años espera continuar viviendo muchos años más porque quiere “ver lo que le deparará el futuro a su familia”  y los ama tanto que todavía no se siente preparada para dejarlos. 

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Su piel canela que se resalta a la luz del día deja en evidencia las múltiples venas, manchas y lunares que le han salido por la edad. Sin embargo, la alegría que irradia contagia no solo a su familia, sino también a sus vecinos y amigos que la visitan y la recuerdan siempre por su arrolladora personalidad. 

Aunque su corazón sea el de una joven, su salud tiene ciertas afectaciones de las que no se pudo escapar. Insuficiencia cardiaca y problemas de presión sufre esta mujer que bendice a las personas que hablan con ella y a quienes llegan a su casa. 

A pesar de esas dificultades su radiante sonrisa está casi a diario en su rostro porque en palabras de la propia Agustina “la vida está llena de tropezones y bellos momentos que se deben estirar lo más que se pueda para encontrar la felicidad”, por esto espera que Dios le conceda más años para seguir en la aventura que es la vida.

Por: Namieh Baute Barrios / EL PILÓN