20 noviembre, 2019

La elocuencia de Monsalvo son sus obras

No dice la sagrada biblia: “por sus palabras los conocereis”, sino “por sus obras los conocereis”. Son, pues, nuestras acciones las que hablan por nosotros. El discurso del doctor Monsalvo está traducido en los 500 logros que obtuvo durante su gobierno, dirigidos estos a mejorar la vida de los discapacitados, desplazados, ancianos, campesinos, niños y […]

No dice la sagrada biblia: “por sus palabras los conocereis”, sino “por sus obras los conocereis”. Son, pues, nuestras acciones las que hablan por nosotros.

El discurso del doctor Monsalvo está traducido en los 500 logros que obtuvo durante su gobierno, dirigidos estos a mejorar la vida de los discapacitados, desplazados, ancianos, campesinos, niños y jóvenes de los estratos 1,2, y 3, lo que deja entrever una gran sensibilidad y un gran humanismo que nos hace ver a un ser sentipensante como corresponde a un buen caribeño. Ojalá todos los políticos prometieran menos e hicieran más.

Hay un dicho de la sabiduría popular que dice: “perro que ladra no muerde”, traducido esto a los humanos podría decirse: “el que mucho habla poco hace” o “el que mucho promete poco cumple”.

Monsalvo es hombre de pocas palabras, pero de muchos hechos. Su mejor cualidad es la discreción. Los logros de su gobierno están basados en el actuar, y no en el decir o en el prometer. Estos logros están construidos sobre la roca y no sobre la arena que se lleva el viento.

El silencio puede significar temor, discreción, astucia, aceptación, sabiduría, fortaleza, escucha para meterse en el zapato del otro; cada cual se matricula en un significado diferente. El joven Monsalvo tiene su fortaleza en el hacer, en el escuchar en silencio las necesidades de las comunidades, para dar una respuesta no verbal sino con hechos y obras, y se podría decir de él que “por sus 500 logros lo hemos conocido”.

Que haya dejado algunas obras inconclusas durante su mandato, es apenas natural, porque fueron muchas las que emprendió, en su anhelo de aminorar las necesidades; pero por lo menos puso la primera piedra para que él mismo u otro las terminara. Y esta es la meta que se propone en su segundo mandato, lo cual es algo sano y plausible.

A los políticos se les debe elegir no solo por sus discursos en sus giras políticas, sino por sus actuaciones en su vida privada; él presenta una hoja de vida limpia que lo hizo merecedor del triunfo obtenido.

Para guardar la objetividad, cuando juzguemos a un mandatario, debemos resaltar no sólo sus aspectos negativos sino también los positivos.