13 enero, 2021

La desidia contra los trabajadores de la salud

No es uno ni veinte, tampoco treinta ni cincuenta, son cientos los jóvenes médicos, especialistas y personal de la salud de Valledupar, del Cesar, que se han ido para otras ciudades del país y del exterior a ejercer sus carreras, porque aquí no les pagan sus salarios devengados. De algo les ha servido irse de […]

No es uno ni veinte, tampoco treinta ni cincuenta, son cientos los jóvenes médicos, especialistas y personal de la salud de Valledupar, del Cesar, que se han ido para otras ciudades del país y del exterior a ejercer sus carreras, porque aquí no les pagan sus salarios devengados.

De algo les ha servido irse de sus terruños y abandonar a sus padres, hermanos, amigos y ese amor de patria chica, porque en otras ciudades al menos les pagan cada dos o tres meses. De algo ha servido ese sacrificio que hoy los mantiene en la peor crisis del sector.

Hay muchos ejemplos de médicos, enfermeras(os) y especialistas que hoy están ejerciendo su profesión en otras ciudades. Pareciera que las clínicas particulares del Cesar les han dado la espalda, ni qué decirse de las entidades del Estado.

Tanto Gobierno nacional, como departamental y municipal debieran procurar mantenerlos vivos y sanos, o al menos pagarles mensual sus salarios, pero no. Se hacen los miserables.

El Estado los ha abandonado, especialmente en este momento de pandemia. La cuota de sacrificio ha sido total, con un saldo considerable de inmolados.  

Uno no sabe qué es peor para el sector salud. Sus salarios son irrisorios en comparación con lo que se gana mensual un congresista colombiano que no es ni bachiller, o un ministro, o el asesor del congresista o un asesor de la Universidad Popular del Cesar o un asesor de la Gobernación del Cesar.

De verdad que uno no entiende cómo el director o secretario de una entidad del Estado gana un salario diez veces más que el médico del hospital o de la clínica privada.

Estamos hablando de un científico, de alguien que salva vidas, que cura enfermedades. Un médico o profesional de la salud no es cualquier congresista apellido Cabal, Valencia, Mejía, Char, Macías o como cualquier solapado delincuente que purga una domiciliaria.

Uno no entiende, o al menos mis consejeros periodísticos, Tíochiro y Tíonan, no comprenden qué argumentos tiene el presidente Duque para criticar y echarles peste a los siete médicos que renunciaron de un hospital de Cali. Renunciaron porque no les pagan y este tramposo presidente sale a vociferar improperios contra ellos. Eso es fascismo.

Hay miles de ejemplos y el Cesar no es la excepción. Les deben siete y nueve meses a los empleados del hospital y a los trabajadores del Instituto Departamental de Rehabilitación y Educación Especial del Cesar, Idreec, les deben 27 meses, y a todos los trabajadores de la salud del Cesar les deben meses en clínicas privadas y en hospitales del departamento.

Pero no, aquí los únicos culpables de la pandemia son los trabajadores de la salud y un grupo de personas agrede a los médicos como acaba de ocurrir en Medellín o brillan por su ausencia los miembros de la Policía para proteger a los verdaderos héroes de este país de mier… 

Para mal peor, no se vislumbra ni aquí en Valledupar, ni en el Cesar, ni en ninguna otra parte, que les hagan los contratos por órdenes de prestación de servicios –OPS- a los miles de trabajadores de la salud.

Ya estamos a mitad del mes de enero del 2021 y nada que les hacen los contratos en las secretarias de salud, a pesar de la gran necesidad que se tiene para que los profesionales sigan trabajando en este momento de conmoción por la pandemia.  Por Dios, ¿qué esperan? Hasta la próxima semana.