22 mayo, 2020

La crisis trae fortaleza

“Si flaqueas en el día de adversidad, tu fuerza quedará reducida”. Proverbios 24,10 La situación de crisis que poco nos gusta y tanto buscamos evitar, tiene a la larga, un enorme valor para las personas que buscan crecer en la vida espiritual y ofrecen un camino de formación, no convencional, pero efectivo, La crisis, cualquiera […]

“Si flaqueas en el día de adversidad, tu fuerza quedará reducida”. Proverbios 24,10

La situación de crisis que poco nos gusta y tanto buscamos evitar, tiene a la larga, un enorme valor para las personas que buscan crecer en la vida espiritual y ofrecen un camino de formación, no convencional, pero efectivo,

La crisis, cualquiera que sea, nos permite evaluar el verdadero estado de nuestras reservas emocionales y espirituales. En cuanto a nuestra relación con Dios, todos nos sentimos fuertes y capaces cuando la vida nos trata bien. En esos momentos, hacemos buenos propósitos, proclamamos nuestra lealtad al señor y afirmamos nuestro compromiso de vivir conforme a su palabra. Pero, cuando la tormenta azota, la devoción y los compromisos se esfuman y dan paso a la queja e inconformidad, preguntándonos por qué esa situación nos pasa justamente a nosotros.

Una condición indispensable para las personas que buscan una transformación en su vida es tomar conciencia de las áreas de la vida que necesitan la reingeniería de Dios y deben ser tratadas con urgencia. Mientras no vivamos situaciones que ponen a prueba nuestra estabilidad, probablemente, nos hagamos una idea errada de nuestra verdadera condición espiritual. No solamente nos convenceremos de la existencia de realidades que no son reales; sino que, tampoco seremos conscientes de la verdadera naturaleza de nuestras debilidades, errores y pecados.   

La crisis le pone fin al engaño de nuestras percepciones. En la crisis tenemos la oportunidad de vernos tal cual somos. Allí, salen a flote nuestras imperfecciones, inmadureces, falta de consagración a Dios y propios errores.

Ilustro este principio con el caso del apóstol Pedro: La última noche que pasó con el maestro, afectado seguramente por las fuertes emociones del momento, proclamó confiadamente que nunca lo abandonaría e incluso estaría dispuesto a dar su vida por él. Estoy cierto que, Pedro estaba sinceramente convencido y dispuesto, no dudaba de su pasión y compromiso. Sin embargo, horas más tarde, cuando llegó la prueba, en tres diferentes oportunidades, negó su amistad y no alcanzó siquiera a confesar con su boca su lealtad al maestro.

Pedro, ahora derrotado y arrepentido, había aprendido la valiosa lección de no confiar en sus emociones, su propio entendimiento y evaluación de su compromiso espiritual. Como genuinos buscadores de Dios aprendamos la lección sin tener que pasar por la nefasta experiencia. Seamos cuidadosos de lo que proclamamos o nos comprometemos en tiempos de abundancia y bendición. Es fácil sentirse invencible cuando todo está a nuestro favor. También debemos justipreciar el valor de las crisis en nuestras vidas. Es cierto que al presente no pueden ser causa de gozo, pero, pueden dejar frutos apacibles de justicia cuando no las evitamos ni pretendemos escondernos de ellas; sino que, ponemos el pecho a la brisa y procuramos sacar lo mejor de ellas.

Es justamente en los momentos de dolor, cuando nuestra relación y dependencia de Dios se fortalece. El estilo de vida sano nos debe llevar a través de la crisis por el camino de la plenitud y el aprendizaje constante en Cristo. ¡Saquemos lo mejor de la crisis de aislamiento colectivo! ¡Adelante con valor!

Virtual abrazo en Cristo.