14 enero, 2019

La bailarina de Auschwitz

Por Mary Daza Orozco Empezar el año con la lectura de dos profundos, hermosos y ejemplares libros, es garantía de que hay una preparación para abordar lo que nos traigan los nuevos días, se aplaca un poco el miedo, la incertidumbre por lo que pueda ocurrir. Todo ser humano siente un cierto temor cuando emprende […]

Por Mary Daza Orozco

Empezar el año con la lectura de dos profundos, hermosos y ejemplares libros, es garantía de que hay una preparación para abordar lo que nos traigan los nuevos días, se aplaca un poco el miedo, la incertidumbre por lo que pueda ocurrir. Todo ser humano siente un cierto temor cuando emprende una nueva etapa y cada año es otra etapa que se inicia con promesas y con ilusiones.
Edith Eger ha asombrado al mundo lector con su libro La bailarina de Auschwitz, con el título ya sabemos que nos va a hablar del Holocausto judío, y sí, pero en esto de la literatura cada escritor tiene una magia especial para describir los sucesos que lo atormentan o lo asombran y que han sido común para muchas personas con las que se compartieron. En este caso la escritora es una superviviente del desastre del campo de exterminio, una conmovedora narrativa que es un grito al mundo, tal vez indiferente, del horror al que puede llegar a desatar o vivir el ser humano y a la vez un ejemplo de superación, del reencuentro con el valor y la libertad.
La autora, hoy una afamada psicóloga, narra en su primer libro casos ejemplares de pacientes angustiados que encuentran en su orientación la ayuda para hallar el camino de la esperanza; pero lo más asombrosos es que la Eger tiene noventa años de edad, otra prueba de que el ser humano puede actuar hasta el fin de sus días, ya lo dice al final, en los agradecimientos: “A todos, en mis noventa años de vida, nunca me he sentido más afortunada y agradecida, ¡Ni más joven!”.
Y otro libro que me ha subyugado en estos días es el del exministro de Salud colombiano, Alejandro Gaviria: “Hoy es siempre todavía”, ya es sabida su capacidad como escritor elegante y profundo, ya lo había leído en ‘Alguien tiene que llevar la contraria’, pero es en el primero que menciono en el que su condición de redivivo de cáncer lo lleva a narrar el recorrido por el espinoso camino del dolor y cómo llegar a la esperanza, se aferró a su pasión: la poesía, esa es su oración, en su condición de descreído.
Leer, para sentir mejor el pasar de los días, es una buena opción, nos aparta un poco de la angustia que nos depara un año que no se sabe cómo nos va a tratar y nos lleva a dar gracias a Dios, a quien se venere o al universo por lo vivido y como dice Edith Eger, al referirse a dónde reside nuestro poder, poder para enfrentar la vida: “Creo que lo más importante es lo que reside en el interior, nuestra verdad interior, o el verdadero poder requiere también que actuemos en el exterior…”
A mis lectores, mis mejores deseos de bienestar en este año y mi regalo será siempre recomendar un buen libro envuelto en la afirmación: leer nos hace más valientes, más pacientes, más amorosos, mejores personas, eso creo.

Siguenos como @El_Pilon