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Columnista
21 marzo, 2010

Juzguen ustedes (Continuación).

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Luis Rafael Nieto Pardo

Por: Luis Rafael Nieto Pardo Tenía el firme propósito de dejar de ese tamaño el tema relacionado con los áulicos chavistas que se han mostrado molestos a raíz de una columna que hace poco escribí sobre la temática del comandante gobernador y la posibilidad de su equivocación al atacar a los estudiantes, porque ello podría […]


Por: Luis Rafael Nieto Pardo

Tenía el firme propósito de dejar de ese tamaño el tema relacionado con los áulicos chavistas que se han mostrado molestos a raíz de una columna que hace poco escribí sobre la temática del comandante gobernador y la posibilidad de su equivocación al atacar a los estudiantes, porque ello podría acarrearle a futuro la caída de su imperio. Si no fuera porque al señor Eligio Ortiz se le une otro copartidario (también colombiano, para más señas) y oriundo de la región vallenata (respetado doctor Hermes Romero Churio) quien, de manera respetuosa y elegante, y recordándome a Ortega y Gasset, con su obra “yo y mis circunstancias”, inicia su contraataque anunciándome que lo hace con orgullo de ciudadano colombo-venezolano y con raíces profundas en Guacoche, y orgullo elevado a la enésima potencia como quiera que además de ser bachiller del Loperena e ingeniero industrial de la Tecnológica de Pereira, ostenta titulo de matemáticas de la Universidad Abierta de Venezuela y participa como aspirante a un doctorado en Derecho en la Universidad Bolivariana de Venezuela.
Ni más faltaba, doctor Romero Churio, que no le manifestáramos nuestra satisfacción y complacencia por su prístina hoja de vida; pero de ninguna manera ello nos impide considerarlo con respeto, no otro “necio”, pero sí otro iluso incauto para quien, al igual que el amigo Eligio, consideran al vecino territorio como el nuevo paraíso latinoamericano.
Lo cierto es que no nos interesa continuar polemizando sobre un tema que ya, a nivel internacional está copando todo el interés de los medios por el peligro latente que entraña para la seguridad mundial la concentración de tanto poder y riqueza  en manos de alguien que no ha demostrado tener la cordura necesaria para mantener el equilibrio y la responsabilidad que las circunstancias generan.
Me autoriza a expresar tal concepto las expresiones y opiniones, no tanto de Henry Falcon, antiguo compañero de lucha del cuestionado comandante; sino los conceptos y conclusiones del señor Luis Miquilena, quien fuera maestro intelectual de Chávez y terminó también tomando distancia, y entre otras razones acerca de su decisión ha dicho: “yo creía que él era capaz de cambiar”, “Chávez está acabando con el campo, nos estaba llevando al desabastecimiento y no quería escuchar a nadie”, “…intelectualmente limitado, impulsivo, temperamental, rodeado de obsecuentes, increíblemente desordenado en todos los aspectos de la vida, impuntual, absolutamente negado para las finanzas, amante del lujo y por sobre todas las cosas errático” (SIC).  Y si quieres más, te agrego lo que concluyó el maestro: “todos aquellos que han tenido un poco de aprecio por sí mismos, un poco de autoestima, que no se dejan humillar, que tienen alguna oportunidad, se han ido apartando, queda la resaca” (SIC). Sin comentarios.

Para terminar con la respuesta a nuestro anterior corresponsal, Eligio Ortiz, y dar por terminado este capítulo, con mucho respeto lo invitamos a leer la obra de Andrés Bello (1847), y de don Rufino José Cuervo (1874), quienes expresaron siempre su preocupación por la conservación, en lo posible, de la pureza del lenguaje, como un medio providencial de comunicación y un vínculo de  fraternidad; y por ello usted no adquirió la destreza para adjetivar (aplicar adjetivos, dar valor de adjetivo a una palabra, frase u oración – Diccionario Enciclopédico Larousse – Diccionario de la Academia de la Lengua.
¿Cómo se le ocurre catalogar como escuálidos (con tilde en la a, no se le olvide), a quienes usted (entre ellos equivocadamente a mi) cataloga como capitalistas de la oligarquía que se pueden contar con los dedos; o hacemos parte de la “burguesía Cesarense (Dios me libre) sólo por que se les acabó la teta (sic). Pues me toca regañarte de nuevo, Eligio, ya que no puedes utilizar de manera equívoca el adjetivo “escuálido”: flaco, macilento (mismas obras citadas) siendo que, al hablar de un burgués, cualquier lego supone que se trata de un hombre bien vestido y con la barriga llena; y que si es burgués afecto al gobierno (sea cual sea), no va a quedar en tan deplorable estado sólo porque se le acabe una teta, pues de otra se agarrará.

Continuaremos con nuestros conceptos jurídicos la próxima semana.

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