EDITORIAL

Reflexiones coyunturales sobre la libertad de expresión

Se conmemoró en Colombia, como en todo el mundo, el día internacional de la libertad de expresión el pasado 3 de mayo, en una situación coyuntural para la libertad de prensa por cuanto las FARC tienen secuestrados a un periodista francés, Romeo Langlois, quien cubría una operación del Ejército Nacional en contra del narcotráfico en una zona de conflicto del país, como es el departamento del Caquetá.

Reflexiones coyunturales sobre la libertad de expresión

Reflexiones coyunturales sobre la libertad de expresión

Por:

@el_pilon

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Se conmemoró en Colombia, como en todo el mundo, el día internacional de la libertad de expresión el pasado 3 de mayo, en una situación coyuntural para la libertad de prensa por cuanto las FARC tienen secuestrados a un periodista francés, Romeo Langlois, quien cubría una operación del Ejército Nacional en contra del narcotráfico en una zona de conflicto del país, como es el departamento del Caquetá.

El diario EL PILÓN como socio de la Asociación de Diarios de Colombia (Andiarios) se suma al llamado nacional e internacional que exige la liberación de este reportero de la televisión francesa, que solo trataba de cubrir el complejo conflicto de Colombia.

De confirmarse que son las FARC las que tienen al periodista francés, estaría esta organización guerrillera cometiendo una serie de errores. En primer lugar, desde ningún punto de vista se puede considerar a un reportero como prisionero de guerra. En segundo término deben respetarle la vida y lo mejor que podrían hacer es liberarlo pronto, sin ninguna exigencia a cambio e indicándole así, al país y al mundo, que hablan de unas eventuales negociaciones de paz.

Pero, además de condenar este secuestro, es oportuno reflexionar sobre la situación del periodismo en distintas partes del mundo y en particular, en América Latina, donde persisten, en mayor o menor proporción, serias limitaciones para el ejercicio de la libertad de prensa. En efecto, en los últimos doce meses han sido asesinados en este subcontinente unos 24 periodistas, es decir un tétrico promedio de dos por mes.

Uno de los casos más preocupantes es el de México, donde la acción del narcotráfico viene amenazando a los periodistas y a los medios de comunicación, como hoy es conocido y repudiado en todo el Mundo. También preocupa la situación de Ecuador y Venezuela, sobre la cual hemos escrito en otras oportunidades, cuyos gobiernos aparentemente civilistas y democráticos han sido autores de muchas normas y medidas que afectan la libertad de expresión.

También en Colombia, a pesar de los avances logrados en materia de seguridad, persisten situaciones de temor y de autocensura ante los grupos armados ilegales, de extrema derecha y de extrema izquierda, ante políticos corruptos y – en algunos casos- unidades aisladas de organismos del Estado, que persisten en condicionar la labor de los periodistas y los medios de comunicación.

El diario EL PILÓN, ha sufrido en carne propia este tipo de amenazas, en el caso del caricaturista Deivi Safady Pupo, y de la periodista, colaboradora de esta casa e integrante del Comité Editorial, Ana María Ferrer.

Igualmente, rechazamos las amenazas de las que han sido objeto varios colegas de la radio local, y en los últimos días el periodista y reportero gráfico, Edgar de la Hoz, quien fuera víctima de una agresión por parte del grupo de escoltas de una agrupación internacional que se presentó en la ciudad con ocasión del Festival de la Leyenda Vallenata.

Hoy debemos reiterar nuestro pensamiento sobre este complicado tema: la libertad de expresión es un derecho de los ciudadanos, que hace parte de las libertades esenciales del sistema democrático y cuya coerción amenaza la democracia misma. No se trata de un derecho sólo de los periodistas y los medios, aunque en la práctica debemos gozar de un fuero especial para el acceso a las fuentes de información y a la información pública, principalmente.

Ojalá este tipo de conmemoraciones, como la de la libertad d prensa, establecida por la Unesco desde 1991 y la ONU, desde 1993, sirviera para insistir, ratificar y reiterar la trascendencia que tiene para la democracia política y económica la libertad de expresión, como elemento constitutivo esencial del derecho a la información, esencial para cualquier ciudadano en la sociedad moderna.

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