Por: JOSÉ M. APONTE MARTÍNEZ
Yo como buen Martínez, soy preguntón, y a cualquiera le saco las tripas en un santiamén al mejor estilo de una parienta en Villanueva, que se paraba en la esquina de su casa y le preguntaba a los alumnos en la mañana si habían desayunado, en que consistía el desayuno y si los huevos y la leche los habían fiados.
Frecuentemente me encuentro en la calle con una cantidad de jóvenes conocidos, que andan en flamantes carros nuevos y les pregunto donde trabajan y la respuesta siempre es la misma: en la Drummond. Visito barrios nuevos y elegantes de esos de los que Toño Maya tiene inundado a Valledupar y me encuentro hijos de viejos amigos y les pregunto si viven ahí y me dicen “Si señor Jose compre esta casita, a la orden”, pero resulta que no es casita sino una mansión y cuando les averiguo donde trabajan, es lo mismo: en la Drummond.
Y así es todo, el colegio Bilingüe dejo de ser exclusivo de determinadas familias al igual que el Gimnasio del Norte, El Hispano y El Santa Fe, y hoy vemos elegantes mujeres muy jóvenes todas interviniendo y decidiendo en los destinos de esos emblemáticos centros educativos; los Centros Sociales como el Club Valledupar y Club Campestre son visitados por esta nueva clase de gente que se distinguen por ser buenos y respetuosos socios y cuando pregunto de donde vienen, la respuesta a veces despectiva de algunos que todavía siguen creyendo que son la ultima Coca-cola del desierto y que esto no ha cambiado o alegre de los que sentimos satisfacción de la superación de nuestros congéneres, es la misma: son empleados de Drummond.
Lo mismo sucede en todos los municipios carboníferos y vecinos de ellos, todo lo nuevo que se ve y todo el progreso son de propiedad de empleados, especialmente de la Drummond, al igual que parques, canchas e instalaciones deportivas.
En fin, tal como lo sostiene el Doctor Augusto Jiménez Mejía, su Presidente para Colombia en su Informe de Sostenibilidad, bellamente editado y titulado “Sueños que Nacen de la Tierra”, que por gentileza de nuestro buen amigo Alfredo Araújo Castro llegó a nuestras manos, dice que “Hay decenas de escuelas, hospitales, carreteras e iniciativas sociales y culturales que tienen nuestro modesto, pero significativo aporte y queremos fortalecerlos más a fondo”, su propietario o uno de ellos Garry S. Drummond, hijo de H. E. Drummond, un empresario de la pequeña localidad de Sipsey en el sureño y algodonero estado de Alabama que en 1935 comenzó a operar su primera mina de carbón utilizando una mula y una vagoneta, nunca se imaginó que su negocio de 50.000 toneladas anuales produciría en el 2010; 22.000.000 de las entrañas de un pequeño pueblo llamado la Loma, en el departamento del Cesar, que también fue al primer productor de algodón de Colombia, arrastradas por 3 trenes con 130 vagones con capacidad de 50 toneladas cada una para un total de 6.500; que generaría 4.600 empleos muy bien remunerados, cientos de contratistas con más de 3.500 colaboradores y 32.000 personas que indirectamente derivan sus sustento de las labores mineras.
En fin, Drummond, produce y produce mucho para el Cesar y para Colombia, de que la botemos en el sector oficial, esa es otra cosa, por que los particulares si la aprovechan y bien, y ojalá que en el Cesar hubiera 3 o 4 Drummond más para poder beneficiarnos de sus servicios y bondades, aunque los ciegos que ven, pero no quieren ver digan lo contrario.
Mr. Drummond, Doctor Jiménez y Fello, no será posible que ustedes den un vistazo al Hospital Rosario Pumarejo de López y vean que pueden hacer con una costosa Unidad Oncología que allí se encuentra botada y abandonada.
Los Cesarenses debemos de sentirnos orgullosos de tener una empresa como la Drummond, como los Guajiros lo manifiestan del Cerrejón en una propaganda de Telecaribe.






