21 abril, 2019

Higas, una tradición que se diluye en el tiempo

A las pequeñas esferas de madera, que brotan de los tallos de los árboles durante el Viernes Santo, históricamente les han atribuido capacidades curativas supersticiosas. Sin embargo, EL PILÓN encontró una explicación científica a este fenómeno.

Semana Santa más allá de un tiempo de devoción, regocijo y reflexión en torno a la vida, obra y muerte de Jesucristo, se ha convertido en una época en la que anualmente afloran un sin número de tradiciones supersticiosas que van más allá de las que dicta la fe cristiana.

Durante décadas se han alimentado diferentes creencias que incluyen rituales en los que se combina la fe, el misticismo, entre otros factores. Aunque algunas tradiciones se van perdiendo en el tiempo porque las diferentes generaciones pierden el interés o se dejan de transmitir de generación en generación.

Edmundo Calle, de 62 años de edad, recuerda cómo en su infancia era una tradición hurgar con un cuchillo el tallo de los árboles de diferentes especies, durante el mediodía del Viernes Santo, para obtener las higas que luego era puestas a secar para elaborar aseguranzas.

 “Fue algo que vimos hacer a los mayores en ese entonces y nosotros lo fuimos viviendo también, entonces empezamos a practicarlo casi que sin querer, porque uno siendo pequeño se emocionaba con el solo hecho de ir a buscar las higas, pero luego cambió”, recordó Calle.

Higas, así se conocen tradicionalmente estos pequeños piezas de madera a las que históricamente la gente le ha dado valores místicos de protección, pues las utilizan como amuleto para protegerse del alcance del ‘mal de ojo’; un maleficio supersticioso que puede transmitirse con la mirada.

Sin embargo, como el mismo Edmundo reconoció, la costumbre de esperar al mediodía durante un Viernes Santos para ver brotar estos pequeños talismanes que cortaban del árbol para luego usar como colgantes a manera de protección, se fue perdiendo poco a poco hasta casi diluirse y hoy se habla de ella solo para recordar de qué se trataba y cómo era parte de la infancia de muchas personas que crecieron con esa tradición.

“Ya no es igual, no se ve. Yo de hecho casi que me acuerdo es si me preguntan y entonces hago memoria, pero eso uno lo dejó de hacer y como tampoco lo enseño, ahí ha quedado. Claro que habrá quien lo conserve”, aseguró Calle al rememorar su niñez en su natal Fonseca, La Guajira.

Sobre esta creencia de Semana Santa, Tomás Darío Gutiérrez, historiador y actual secretario de Cultura del municipio de Valledupar, también manifestó que esta tradición ya se ha ido olvidando.

“La que yo conocí fue que los Viernes Santos a los árboles de limón, debajo de las cáscaras le salían unas bolitas y uno con un cuchillo cortante, quitaba la cáscara y sacaba la bolita. La bolita era de la misma madera de limón. Yo lo llegué a hacer, no sé si es que los limones siempre echan eso, pero llegué a sacar esas bolitas. Se les hacía un hueco de lado a lado y se usaban como collar para beneficio de la persona”, relató Gutiérrez, quien también hizo referencia a que las higas eran utilizadas como aseguranzas, amuleto o talismán.

La explicación científica

Más allá del misticismo que encierra la recolección de higas en Semana Santa,  existe una explicación científica que explica el biólogo y ambientalista Miguelángel Sierra.

“Eso es una enfermedad bacteriana que se llama agrobacterium que suele ocurrir cuando se pasa de seco a húmedo con la lluvia y empiezan a aparecer unos brotes que son enfermedades de los árboles y generan esas llagas, es típico en época de inicio de lluvia”, argumentó el experto.

Además indicó que las higas brotan en estos días de la Semana Mayor porque coinciden con el cambio de clima, que da paso a las lluvias. “Las Semanas Santas están diseñadas para que ocurran cuando empiezan las lluvias por eso está relacionado así. Todas las Semanas Santas se hacen cuando a nivel climático está determinado que empiecen las lluvias”, precisó.

Agregó que cuando la tierra está seca el hongo también lo está en igual estado y cuando empieza a llover, el agua le da toda la fuerza para crecer y genera ese tipo de llagas que la gente del común llama higas. En cuanto a la manipulación de las higas puntualizó que no afecta  los humanos, pero “sí le afecta al árbol; cuando se la quitan desprotegen al árbol, pero igual el árbol ya está demostrando que es muy débil”.

Sobre el manejo que se le puede dar a estas especies, hizo referencia a que en efecto se puede hacer un tratamiento, pero se trata de una enfermedad que puede perdurar toda la vida en el árbol, la cual demuestra una deficiencia de nutrientes en el mismo.

El pasado Viernes Santos fueron pocas las personas que se dedicaron a la milenaria practica de recolectar higas, puesto que a quienes se les preguntó por la misma manifestaron desconocer esa tradición que todavía pervive en la región Caribe.

Por Daniela Rincones