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Editorial - 12 septiembre, 2023

Hay empleo rural por aprovechar y no abandonar el campo

Desde finales del pasado mes de agosto comenzó la etapa de recolección de café en las zonas productoras de departamentos como Cesar, La Guajira y sur de Bolívar, actividad que en otrora era esperada por centenares de jóvenes y de personas de cualquier edad y sexo para ganarse el dinero que requerían para los gastos de celebración de las fiestas de fin de año.

Desde finales del pasado mes de agosto comenzó la etapa de recolección de café en las zonas productoras de departamentos como Cesar, La Guajira y sur de Bolívar, actividad que en otrora era esperada por centenares de jóvenes y de personas de cualquier edad y sexo para ganarse el dinero que requerían para los gastos de celebración de las fiestas de fin de año.

La recolección de café era una gran oportunidad laboral y de generación de ingresos para mucha gente, no solo del campo sino también para citadinos o de los pueblos, quienes se trasladaban a las fincas cafeteras para aprovechar la temporada.

No obstante, en la actualidad esa tradición se ha ido perdiendo, dicen los productores de café que ahora muy poca gente quiere desarrollar esa actividad, “ya nadie quiere trabajar en el campo y prefieren pasar dificultades radicados en la ciudad, todos quieren vivir del mototaxismo, pero esa no es la solución”, comenta preocupado un cafetero.

Según se conoció por parte de directivos del Comité de Cafeteros del Cesar, La Guajira y sur de Bolívar, para este año 2023 se necesita personal para recolectar la cosecha de unas 28 mil hectáreas en esta parte del país, lo cual significa una oferta laboral bastante significativa si se tiene en cuenta que por cada finca de 10 o 20 hectáreas de café se requieren por lo menos unas 30 o 40 personas en promedio, dependiendo de la calidad del cultivo.

Al recolector de café se le pagan 650 pesos por cada kilo recolectado, quien puede llegar a recoger en un día o jornada de trabajo hasta 200 kilos, siendo el promedio más bajo de 80 kilos, es decir, que en el mejor de los casos la persona tendría un ingreso diario de 130 mil pesos y en el peor escenario su rentabilidad sería de 52 mil pesos.

Se estima que en estos momentos se estarían necesitando alrededor de unos cinco mil recolectores de café, lo que equivale a igual cifra de empleos, pero tristemente eso pasó a ser un oficio no deseado por muchos, excepto para unos cuantos que toda la vida se han dedicado a esa actividad laboral.

Así las cosas, duele pensar que se ha venido perdiendo el amor por el campo y por las actividades que de él se derivan, en especial en los sectores poblaciones conformados por la juventud. Se avizora entonces un futuro con muy pocos campesinos en nuestra región, eso significaría una baja considerable de la despensa agropecuaria y por ende el encarecimiento de los principales productos alimentarios que dependen de la actividad agrícola.

Es claro que se necesitan acciones gubernamentales y empresariales que vuelvan a hacer atractivo el campo para la gente. Hay que crear las condiciones, nuestros campesinos urgen de herramientas y de toda clase de tecnología que le permita volver rentable su oficio, vivir dignamente y para que no caigan en el error de que solo en la ciudad está el progreso y las supuestas comodidades.

No es solo para el café, para todos los renglones agropecuarios se necesita mano de obra, hay que volver atractiva esa oferta laboral, eso ayudaría a despejar a las ciudades de tanta congestión y también a bajar los índices de delincuencia en la juventud.