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Editorial - 5 septiembre, 2022

¿Habrá reforma política-electoral para El Cesar?

El exministro, constituyente (1.991) y profesor experto en descentralización Jaime Castro, escribe sobre “¿Cuál reforma política?”, el día de ayer, en El Tiempo. Sus inquietudes las compartimos, pues es evidente que la positiva descentralización de recursos y competencias y la elección de mandatarios territoriales, puso de presente cómo los clanes de la corrupción se apoderaron de sus altruistas cometidos.

El exministro, constituyente (1.991) y profesor experto en descentralización Jaime Castro, escribe sobre “¿Cuál reforma política?”, el día de ayer, en El Tiempo.

Sus inquietudes las compartimos, pues es evidente que la positiva descentralización de recursos y competencias y la elección de mandatarios territoriales, puso de presente cómo los clanes de la corrupción se apoderaron de sus altruistas cometidos.

Se pregunta Castro con qué reforma se vendrá el gobierno Petro, que ha anunciado instrumentos contra la corrupción.

Dice que “Capítulo especial de la reforma política debe ser el rescate de la descentralización, que inicialmente produjo resultados aceptables: cambió el mapa político del país, aseguró inversión pública en todo el territorio con la participación de los gobiernos subnacionales en las rentas nacionales y mejoró, entre otros, los servicios de salud y educación, pero con el paso del tiempo buen número de distritos, departamentos y municipios se volvieron feudos podridos que manejan grupos y camarillas, a veces clanes familiares, que se comportan como mafias políticas y delinquen, tal como lo han establecido autoridades competentes y denunciado calificados periodistas. Por ello, sin reforma política territorial no habrá reforma política nacional. La primera debe adoptar nuevas reglas para acceder al poder, ejercerlo y controlarlo a nivel territorial, con el fin de colocar a todos los candidatos en por lo menos relativa igualdad de condiciones y combatir irregularidades.

Conviene redefinir el tamaño de las circunscripciones electorales porque las que tenemos, por su tamaño y población, ponen a competir a candidatos válidos ética y políticamente, casi siempre de escasos recursos económicos, con aspirantes cuyo poder electoral se multiplica por los cuantiosos recursos de que disponen. También abren las puertas a la corrupción, pues los candidatos y sus financiadores recuperan las inversiones que hicieron y se enriquecen si logran que el patrimonio público pague el precio de sus indebidas conductas.

Las curules del Senado se disputan entre pocos candidatos pobres contra miles de aspirantes acaudalados. Por eso la campaña menos costosa al Senado vale más de 5.000 millones de pesos, excepción de las que se ganan con voto de opinión. Las cifras cambian, pero la proporción es comparable cuando se habla de alcaldías, gobernaciones, concejos, asambleas y juntas administradoras locales. Por eso hay campañas a gobernaciones que valen más de 20.000 millones, y al Concejo de Bogotá más de 3.000 millones de pesos”.

Circunscripciones más pequeñas. Listas cerradas con votos preferentes, buscando mayor cercanía del elector y el elegido. Los senadores ya se elegirían por regiones y las cámaras por provincias dentro del departamento. Propuestas para transformar nuestra política local.