12 octubre, 2019

Guayacanal se parece al Valle de Upar

William Ospina en conversatorio en El PILÓN habló de la influencias de su obra ‘Guayacanal’, inspirada en una perspectiva subjetiva. El autor establece una relación con Valledupar a partir de los guayacanes y una analogía a partir de la unidad del territorio.

Foto: Edwin Bayona

El periódico EL PILÓN recibió al escritor William Ospina, en el auditorio Guzmán Quintero Torres, una visita espontanea que se dio por la gestión entre la Universidad del Área Andina y este medio de comunicación, y así como se forma una parranda vallenata, de la nada, se ‘formó’ pero esta vez un conversatorio sobre su nueva novela ‘Guayacanal’.

Como aprendiz de periodismo. Empecé por preguntar sobre su vida. Él muy gentilmente respondió que ha dedicado su vida a la escritura y a la literatura. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la universidad de Santiago De Cali. “Pero muy pronto abandoné la carrera porque comprendí que mi vocación principal era la literatura y como sé que a escribir solo se aprende escribiendo y leyendo, entonces he dedicado mi vida fundamentalmente a leer y a escribir”.

Empezó escribiendo poemas, ensayos literarios, y después sobre temas sociales de América Latina, contemporáneos. Los ensayos lo fueron llevando a escribir novelas, publicó una trilogía sobre los primeros viajes de los europeos al Amazonas y sobre la conquista y surgimiento de Colombia como país en el siglo XVI, escribió sobre las fuentes de la era romántica, particularmente sobre unos episodios que ocurrieron en Europa a comienzos del siglo XIX, “el Año del verano que nunca llegó”.

La visita del escritor a Valledupar se debe a la presentación de su nuevo libro. “Una historia familiar, un relato de la llegada de mis bisabuelos al norte del Tolima como parte de la colonización antioqueña en el siglo XIX pero también un relato sobre cómo se formó el país campesino del centro del país, cómo surgió la zona cafetera y cómo se dieron esas hazañas de la ocupación de un territorio que era prácticamente virgen hasta entonces”.

Acto seguido preguntamos al maestro William Ospina por las influencias en su obra y las categorías presentes en la misma que estructuran el eje narrativo.

W.O.: Yo sé que en esta región la tradición oral ha sido muy importante y ha sido la fuente principal de la música vallenata que primero expresaba el alma local el alma de la región, pero que después se convirtió en un lenguaje universal, refiere.

“A mí a veces me preguntan que me hizo volverme escritor. Qué libros influyeron en mí para que yo me volviera escritor. Y yo siempre respondo que antes que llegaran los libros para mí fue muy importante la música popular. Mi padre era músico y cantó toda la vida entre los 10 y 90 años y los cuentos, relatos que oí de niño. Este libro quiere rendirle un homenaje a ese lenguaje oral de los campesinos colombianos porque las historias que cuento son historias que oía contar en mi casa a mis abuelos, tíos, mis padres, que contaban historias de mucho antes de que yo naciera y como fue la vida la primera mitad de siglo en esas montañas. Ellos eran excelentes narradores como solían ser excelentes narradores los campesinos y las gentes humildes y anónimas de todo el país y es tradición oral fundó nuestra memoria y nuestra Nación”.

Así que este libro quiere rendirle homenaje a unas voces entrañables. Yo siempre quise escribir este libro, era un deseo, pero no lo sentía como una necesidad. La muerte de mis padres, las muertes de mis tíos, hizo que eso que era un deseo se convirtiera en una necesidad cada vez más urgente porque yo quería no solo rendirle un homenaje y rendirle un homenaje al mundo en que vivieron a la geografía en que lucharon durante toda su vida y a esas historias de las que formaron parte pero también a ese rumor del habla popular y de la música popular de la cual yo descifro muncho los episodios de mi vida y yo casi que podría puntuar mi vida, mi historia personal con canciones y con cuentos de ese mundo.

A su turno la ingeniera Gelca Gutiérrez, rectora de la Universidad del Área Andina, intervino para darle la bienvenida al escritor colombiano. Y citó la obra ‘Pa’que se acabe la vaina’, al tiempo que preguntó por la influencia del vallenato en su obra.

A lo que el maestro respondió que hace como 20 años escribió un ensayo sobre Colombia y en un esfuerzo por explicar por qué vivía hundido en tantas crisis sociales, históricas, la violencia incesante del país.

W.O.: Escribí ese ensayo que se llama ‘Dónde está la franja amarilla’ donde trataba de descifrar algunas claves de la historia colombiana y bueno 20 años después sentí la necesidad de ahondar en los temas en los que ya había tocado en ese libro, ese es un ensayo que ha circulado mucho que ha sido muy leído en los colegios, en las universidades, todavía es de los ensayos que más me mencionan.

A partir de esa experiencia vio la necesidad de insistir sobre el tema surgiendo la propuesta de un libro sobre la situación de Colombia, sobre su historia y no solo centrado en los conflictos políticos y los hechos violentos sino también reflexionando sobre el modo como la cultura ha acompañado el proceso de formación de nuestra Nación y como las artes y las músicas populares han expresado a veces mucho más poderosamente que los lenguajes más cultivados y más aristocráticos, el alma de esta Nación.

W.O.: Cuando terminé de escribir ese libro que es muy crítico sobre la realidad colombiana, sobre la realidad política, pero también un libro que habla mucho de mi amor por el país, su territorio, diversidad y su cultura.

Refiere que fue compleja la búsqueda del nombre del libro hasta que un día comprendió que tenía que llamarse así ‘Pa’ que se acabe la vaina’

W.O.: En primer lugar porque en esa frase hay el tono de urgencia que se requiere para la corrección de los males que Colombia lleva arrastrando desde hace mucho tiempo pero también porque el libro quiere hacer un homenaje a la música popular, y por supuesto que, la Gota Fría es una de las canciones más entrañables de la tradición colombiana y todo el mundo la conoce y esa frase ‘pa’ que’ se acabe la vaina es una de las frases más colombianas que uno pueda encontrar.

Recordó la vocación de García Márquez y Álvaro Mutis por reivindicar la colombianidad cuando se reunían en México. Cada vez que se reunían a hablar decían – ya sabemos de qué es que vamos a hablar – de lo único que pueden hablar los colombianos, ‘de la vaina’. Entonces hablemos ‘de la vaina’. Los colombianos vivimos hablando ‘de la vaina’ pero también cuando decimos ‘pa’ que se acabe la vaina’ siempre queremos decir ya es hora de que cambien las cosas.

Preguntamos al escritor sobre nuevos paradigmas en la producción literaria a partir de la necesidad de una interpretación de lo que somos.

W.O.: Colombia es un país extraño al que hay que mirar en su complejidad. Hay un montón de cosas que son nativas, propias del país. Eso le da una singularidad, sin embargo muchas de las cosas que nos caracterizan como país vinieron de lejos.

¿Cómo articular Guayacanal con el País Vallenato?

W.O.: Los guayacanes forman parte del país entero y hablan de la unidad del territorio más allá de sus fragmentaciones históricas y de sus divisiones políticas. Colombia es un país que tiene muchas historias regionales pero que tiene unos grandes relatos comunes.

El autor refiere que en su libro sobre la obra de Juan de Castellanos ahonda en la conquista del Valle de Upar cuando entraron los conquistadores alemanes desde Venezuela y lo compara con las campañas de Pedro de Heredia y otras ocupaciones y conquistas del territorio colombiano.

W.O.: Colombia carece de un relato de conjunto. No hemos logrado articular un relato que nos acabe de hacer sentir hijos de una misma Nación. Este era un territorio muy diverso hace cinco siglos, eran 120 naciones indígenas distintas dispersa por un territorio muy complejo que en cada una de cuyas regiones era muy homogéneas en sí misma. Eran muchas naciones indígenas y no hemos avanzado suficientemente en la configuración de un relato que nos enseñe a sentirnos parte de esa diversidad.

A veces nos ha unido alguna hazaña histórica. La navegación del Magdalena, el tendido de los ferrocarriles, procesos musicales, artísticos. Y a veces fenómenos muy trágicos nos han unido también, las violencias, la violencia de los años 50 marcó un momento de la historia del país y unifico muchas leyendas de muchas regiones, esta región no fue tan afectada por la violencia de los años 50, sin embargo hubo otra violencia más reciente.

OSPINA CUESTIONÓ LOS PROCESOS DE PAZ

W.O.: Por qué siguen produciéndose esos fenómenos de bandas criminales de guerrilla de disidencias. Esos proceso de desmovilización de guerreros son necesarios, son fundamentales y cumplir esos acuerdos me parece muy importante, pero yo no llamaría a eso la paz, la paz se hace con los ciudadanos que nunca han hecho violencia contra nadie y que están allí esperando una oportunidad, esperando empleo, salud, educación y creo que cuando hagamos un proceso de paz en el que verdaderamente participe la ciudadanía y en el que verdaderamente la ciudadanía reciba oportunidades y sienta que está empezando un proceso que es un momento nuevo de la historia, esa paz si será verosímil y si será duradera.

Jady González, maestrante en comunicación y medios de la Universidad Nacional, formuló una inquietud desde lo metodológico, “al ser una novela de tradición oral de la historia de su familia y de su sensibilidad ¿cómo se construye el relato?”

W.O.: Nosotros crecimos en una generación que tiene una veneración por las leyendas europeas. Más recientemente la literatura latinoamericana ha tomado cierto impulso y ha tratado de demostrar que también aquí existieron grandes hechos y hay gran imaginación y que desde aquí también se pueden contar grandes relatos y hacer grandes obras literarias pero es un proceso de aprendizaje que nosotros no hemos acabado de vivir, todavía nosotros padecemos las consecuencias de haber crecido en un culto demasiado excesivo por las metrópolis y en una suerte de menosprecio de nuestro propio mundo.

En este caso yo he tratado de hacer literatura con esos recuerdos familiares de esos cañones del norte del Tolima y con esas historias del campo pero no es una historia sin precedentes. Existe en Colombia toda la literatura de Tomás Carrasquilla, toda la literatura de violencia también que sin haber logrado su plenitud logró avaneces importantes en la narración de esas historias terribles.

Para mí lo fundamental al escribir un libro como este es despojarme de ese ropaje libresco y escribir desde la referencias literarias y tratar de escuchar desde más cerca la voz humana, desde unos seres, unos paisajes, unas regiones que no han sido tan tratadas por la literatura a los que hay que arrancar un poco de ese anonimato y convertirlos en hechos literarios, no sé qué tan afortunado habrá sido el proceso pero para mí era importante y es necesario que eso se haga y en todas partes del continente lo hemos hecho.

La globalización ha influenciado en hacer que cada lugar recupere su importancia.

Este es un momento en el que hay que visibilizar lo local. Es el mundo lo que empieza a ser visible en detalle, cada uno de nosotros tiene una historia que contar y forma parte tan digna como las otras de ese mosaico.

HAMILTON FUENTES / EL PILÓN
hamiltonfuentes@yahoo.com