21 julio, 2020

El pobre hospital de los más pobres, es el nuestro

“Quiero tener mi hijo en El Rosario” fue hasta finales del siglo una expresión de las futuras madres por la fama y la confianza que tenían en el Rosario Pumarejo de López como principal hospital materno-infantil de la región. Del Magdalena, de La Guajira y hasta de Sucre venían las familias a Valledupar para recibir la atención del parto. Y así se encuentran personas en toda la región, de gente nacida en Valledupar pero que vive en otros municipios.

“Quiero tener mi hijo en El Rosario” fue hasta finales del siglo una expresión de las futuras madres por la fama y la confianza que tenían en el Rosario Pumarejo de López como principal hospital materno-infantil de la región.  Del Magdalena, de La Guajira y hasta de Sucre venían las familias a Valledupar para recibir la atención del parto.  Y así se encuentran personas en toda la región, de gente nacida en Valledupar pero que vive en otros municipios.

La condición de buena ciudad provenía de sus buenos servicios y uno vital era su hospital, el hospital emblemático y público.  No solo sucedía en Valledupar con su vecindario.  A principios del siglo XX las familias más pudientes de Barranquilla y Cartagena iban a Panamá a tener sus hijos porque había los mejores y más higiénicos hospitales establecidos por los ocupantes gringos.

Después con la controvertida pero ya vieja Ley 100, y la conformación de las estructuras de las EPS y las IPS se avanzó mucho en la cobertura de salud de la población colombiana y hoy podemos decir que en ese aspecto es un modelo a nivel global.  Con la masificación del servicio los médicos especializados se resintieron, se les afectó su remuneración, y explicaban que los niveles de calidad de los servicios habían disminuido.  Se produjo una activa participación del sector privado en los servicios de salud, fuere en las  EPS con el aseguramiento o en las IPS en la prestación.

Valoramos mucho el esfuerzo particular, invirtiendo, con tecnologías y haciendo de la ciudad un sitio de gran infraestructura de salud.  Su capacidad ha quedado demostrada cuando los quemados de Tasajera llegaron hasta la unidad especializada de la clínica Médicos de alta complejidad.

Los hospitales públicos se fueron olvidando porque se quedaron atendiendo a la población no asegurada y a los migrantes venezolanos; y en cierta medida a la asegurada bajo convenios con las EPS. Pero esos hospitales cada vez más desvencijados, y administrados con politiquería, impericia y no poca corrupción, tampoco le generaban confianza a las EPS contratantes, a pesar de que el Estado ha venido expidiendo normas para obligarlas a que una porción de los servicios asegurados se hiciera con Entidades de Salud del Estado (ESE).

Es lo visto con las ESE del departamento.  Una muestra: Antes de la pandemia en los hospitales públicos del departamento solo había 7 UCI completas disponibles para atender a los pacientes críticos. 20 veces más en los privados.

El hecho de que la red privada se haya fortalecido y crecido, lo que es de aplaudir, contribuyó a que el cómodo gobierno departamental se desentendiera del hospital.

En ese contexto en que además se atendía residualmente a los más vulnerables y sin voz, ni los  gremios ni las familias tradicionales, otrora protectoras del hospital, -porque eran usuarias-, se olvidaron del y por eso también se llegó hasta acá.

Hoy reiteramos al Departamento del Cesar que haga las operaciones presupuestales, preste o anticipe recursos que recaudará el hospital de la nación y de las EPS y le pague de inmediato a los profesionales y personal y se pueda restablecer su normalidad.

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