30 marzo, 2021

El olvido, la condena de dos adultas abandonadas en una clínica de Valledupar

En habitaciones unipersonales se encuentran las dos mujeres abandonadas por sus familiares en un centro médico de la ciudad. Ambas esperan apoyo por parte de los entes encargados para ir a un hogar de abuelos.

María Inés Vargas de 78 años. Sus familiares se niegan a cuidar de ella. 

FOTO/CORTESÍA.

La existencia del ser humano se  divide en periodos cronológicos: infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez. Envejecer se convierte en un proceso natural que se caracteriza por la pérdida progresiva de la capacidad de adaptación al entorno. El problema  se agrava cuando los adultos mayores (de 60 años o más) son marginados y víctimas de discriminación.

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En 2019, María Irene Vargas, de 78 años, y Blanca Rocío Díaz, de 72 años, se sumaron a la extensa lista de personas abandonadas por sus familiares. Ambas ingresaron a la Clínica Laura Daniela para ser atendidas sin saber que ese se convertiría en su nuevo hogar.

Irene Vargas, procedente de Lebrija, Santander, vive en la institución desde el pasado 5 de octubre de 2019. Ese día ingresó al servicio de urgencias por un lumbago no especificado, según refiere su historia clínica. Condenada al olvido, en toda su estancia no ha recibido la compañía de algún familiar. “Yo no tengo familia, porque mi familia era mi esposo y él falleció hace 10 años. Por ahí anda un hijo pero me sirve más una silla porque me siento en ella. No lo veo hace mucho tiempo”, afirmó Vargas.

Su hijo de crianza fue localizado por el personal de la clínica, sin embargo se negó a retirarla de las instalaciones médicas alegando que no tenía cómo tenerla en su casa y que no compartían ningún tipo de consanguineidad.

Sabemos que no todas las familias son perfectas pero todo adulto mayor  necesita de la familia, bajo la ley ellos deberían hacerse cargo de ellos”, señaló Carmen Anillos, psicóloga de la Clínica Laura Daniela.

Blanca Rocío Díaz de 72 años de edad, no se ha logrado comunicación con sus parientes. FOTO/CORTESÍA.

SIN FAMILIA

Blanca Rocía Díaz, oriunda de Medellín, Antioquia, fue llevada a urgencias el 3 de noviembre del 2019, diagnosticada con síndrome de dificultad respiratoria del adulto. Hasta la fecha no se ha podido localizar a su familia.

Me trajo una señora con la que viví mucho tiempo, pero ahora ya no puedo vivir con ella porque la familia de ella se vino de Medellín y ya no puedo estar en esa casa”, expresó Díaz, quien es paciente dependiente de oxígeno. Incluso, para ir al baño necesita apoyo de las enfermeras de la clínica.

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Cuando residía en Medellín tenía poco contacto con su familia, al punto que estuvo incluida en la casa del adulto de Asocref, donde fue beneficiada con estadía, pero hace un tiempo su hijo apareció y firmó un retiro voluntario por lo que ese cupo fue cedido a otro adulto. “Después de que mi hijo me llevó yo me regresé solita en un bus, desde Medellín que son como 12 horas, de noche. Yo me quedé donde la señora, es una amiga, hermana de comunidad, viví con ella en La Nevada durante 22 años. Ella conmigo fue muy buena”, relata Blanca.

Desde la parte emocional el abandono es el rompimiento de un vínculo que se supone se tiene con las personas que nos antecedieron y con quienes deberíamos tener una responsabilidad por el cuidado que en algún momento nos dieron”, opinó Angélica Arias, psicóloga de profesión.

ABANDONO FAMILIAR COMO FORMA DE MALTRATO

Muchas veces no es necesario acudir a los golpes para maltratar; el abandono, insultos y otras acciones ocasionan secuelas psicológicas en las personas, principalmente si procede del núcleo familiar.

Las adultas mayores aseguran recibir excelente atención en la clínica, donde sus artículos de aseo son donados por el personal médico, auxiliares de enfermerías, y demás. Pero reconocen que les gustaría estar en una ‘casa de abuelos’ para poder compartir con personas de su edad.

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“Todas las acciones realizadas para comunicar a la familia han sido en vano, además las solicitudes antes la Secretaría de Salud, Oficina de Gestión Social, Personería de Valledupar, Defensoría del Pueblo, Comisarías, entre otras entidades, han resultado infructuosas y sus respuestas no han garantizado la restitución de los derechos de las dos mujeres”, aseguraron desde la  Oficina de Trabajo Social.

Por: Ketty Gutiérrez
Kjgutierrezma.18@gmail.com