18 agosto, 2019

El niño y el planeta de queso

Érase una vez, un niño indígena que vivía cerca del rio Amazonas, en una casita de choza que el padre del niño hizo. Una vez el niño de dijo a su padre, a su madre y a su familia que él quería estudiar.

Marolit García Rueda

Érase una vez, un niño indígena que vivía cerca del rio Amazonas, en una casita de choza que el padre del niño hizo. Una vez el niño de dijo a su padre,  a su madre y a su familia que él quería estudiar.

La madre dijo que sí, pero  el papá no estaba de acuerdo porque quería que su hijo aprendiera de la vida, que no estudiara. La madre dijo tenía que estudiar,  además tiene que tenía que ser alguien en la vida porque era muy inteligente, respetuoso, amable, dulce y sobre todo que se esforzaba por tener las cosas.

Pasaron los años y el niño estudió aunque el padre no estuviera muy de acuerdo.  Con el tiempo el niño creció, y se convirtió en un hombre que quería ser un astronauta, el niño se fue a la ciudad para terminar sus estudios. Un día el joven quiso comprar un telescopio pero no tenía dinero así que consiguió un trabajo de mesero que le permitió comprar un telescopio.

El niño en el telescopio vio todos los planetas: Marte, Júpiter, entre otros. El niño vio un planeta, muy raro, era un planeta amarillo como el queso, y grande como la tierra y el sol, y redonda como una naranja. Este curioso planeta se veía que botaba una masita muy blanda, entonces él quiso saber qué era eso. Más tarde se puso a investigar sobre ese extraño planeta amarillo, grande como la tierra y el sol unidos.

Con el paso del tiempo el niño terminó su carrera y se fue a conseguir otro trabajo como astronauta. El joven se preparó y subió a una nave con un envidioso compañero, que lo odiaba por ser una persona indígena,  entonces llegaron al extraño planeta, donde se encontraron con monstruos, arañas, gigantes y también se encontraron con una muchachita de pelo largo que era una diosa de amor llamaba Vallolet. Ella era diosa del planeta de queso, y el niño era un indígena pero el niño se enamoró de ella. Luego el niño envidioso se puso a pelear con el niño indígena, pero el indígena no quiso pelear, entonces la diosa se dio cuenta enseguida que el niño indígena era una buena persona y se casó con Vallolet, pero el niño malo se convirtió en queso.

AUTORA: MAROLIT DANIELA GARCIA RUEDA – I. E. FRANCISCO MOLINA SÁNCHEZ