17 agosto, 2019

El llamado de la madre tierra

Rosa es una joven que vivía en Makumake y tenía muchos sueños de superación.

Angélica Hernández

Rosa es una joven que vivía en Makumake y tenía muchos sueños de superación.

Un día se levantó muy triste al ver la situación de pobreza que le rodeaba debido a las escasas fuentes de trabajo, y pidió a Dios que le ayudara a encontrar una buena oportunidad.

Todas las mañanas repetía la rutina, pero regresaba cansada y sin nada, hacía esta lucha a diario con el fin de mejorar su vida y ayudar a sus padres.

Después de varias semanas, cuando se sentía vencida, observó un aviso donde solicitaban a una empleada de servicio doméstico en una casa campo ubicada cerca a la comunidad.

Pasaron tres meses y la señora de la casa le preguntó con tono tranquilo

_ ¿Por qué no estudias?  Ella con lágrimas en los ojos le dijo que estudiar era su mayor anhelo, la señora conmovida decidió apoyarla sin esperar nada a cambio.

Rosa empezó a estudiar con esfuerzo porque quería ser una profesional; se graduó de bachiller y con alegría celebró con sus padres.

Entró a la universidad y le dolía ver como sus compañeros no reaccionaban ante los males que amenazaban a la sociedad, la situación era cada vez peor, pero a nadie parecía importarle. Un día decidieron ir de excursión a la Sierra Nevada de Santa Marta, aunque Rosa no quería llevarlos a su territorio, pensaba que quizás ese viaje podría cambiar un poco la visión devastadora que tenían sobre la existencia del hombre. Durante el trayecto se divertían, pero también burlaban la humildad de las viviendas, las calles empedradas, y la apariencia de los nativos.

También ignoraban la sabiduría de la naturaleza, por esto se sentían invencibles. Al llegar al lugar donde pasarían dos días, salieron enloquecidos a tirarse a un pozo que escuchaba el atrevimiento de los muchachos y la maldad en sus carcajadas perezosas. De pronto el río empezó a bajar su creciente y en ella arrastraba a todos con fuerza, Rosa advirtiendo el peligro, salió en busca de ayuda, al escuchar sus gritos desesperados la gente llegó a socorrer a los sacrificados. Esa vez todos tuvieron una oportunidad más y aprendieron con los nativos a integrar el talento con la conciencia.  

Hoy en día Rosa es una profesional exitosa, que trabaja en defensa de los recursos de su comunidad.

Autor: Angélica María Hernández – I. E. Río Seco