19 octubre, 2021

El cantor del olvido

Nos envolvía en la nostalgia su voz cadenciosa para que luego nos extasiáramos con las más hermosas melodías de la época, que interpretaba como el mejor de los mejores de aquellos tiempos primaverales que invitaban de inmediato a departir con las colonias provincianas amantes de su música, nuestra música, que servía de aliciente para resaltar […]

Nos envolvía en la nostalgia su voz cadenciosa para que luego nos extasiáramos con las más hermosas melodías de la época, que interpretaba como el mejor de los mejores de aquellos tiempos primaverales que invitaban de inmediato a departir con las colonias provincianas amantes de su música, nuestra música, que servía de aliciente para resaltar nuestras costumbres y nos hacía sentir superior al medio.

Así escuchábamos los sones de Escalona, Julio Erazo y los porros y canciones entusiastas del momento. Nuestras emociones resaltaban a través del sonido de las guitarras acompañantes que nos sumían en un romanticismo profundo.

Era el verdadero cultor de nuestra música en el interior del país, la cual llevó a otros ámbitos americanos y parte del Viejo Mundo.

Fue su época de oro, que nació como todo lo bueno de las puertas del famoso Loperena y aún vive en los sentimientos del pasado, porque hasta ahora quien dio tanto auge a la música Vallenata parece morir en el olvido.

La sangre llama, como dice algún famoso paseo vallenato, y no solo por este motivo escribo esta nota, sino porque es tiempo que nos reivindiquemos con el pasado, sobre todo ese pasado que le ha dado tantas historias a nuestro folclor a través de su música, composiciones e interpretaciones, manejadas estas últimas por la voz fabulosa de este personaje que pareciera estar predestinado al olvido cuando fue y ha sido parte de nuestra historia musical.

No se puede lanzar al olvido la historia ni mucho menos a los que la hicieron; ello marca un hito en nuestra necesidad cultural.

¡A Alberto Fernández hay que abrirle un gran espacio en la Leyenda Vallenata! ¡Gloria a él! 

Las cosas buenas de la historia no pueden quedar en el pasado, necesariamente tienen que hacer parte del futuro para ayudar a recomponer la vida del folclor y de la historia vallenata.