13 abril, 2019

El camino de espinas para algunos emprendimientos naranja

En ciudades como Valledupar el vallenato es una economía sostenible y productiva, sin embargo otros espacios como las artes escénicas trabajan en el día a día para conquistar un público en su mayoría concentrado en un sector de la cultura.

Por: DEIVIS CARO DAZA/ EL PILÓN
defancaro1392gmail.com

“Estamos en la cuarta revolución, la revolución de mentes, de las tecnologías. A diferencia de las anteriores que extienden nuestra fuerza física, esta revolución extiende nuestra imaginación”.

Con esta frase, resumió los cambios de la economía en el mundo Felipe Buitrago, coautor del libro ‘La Economía Naranja: una oportunidad infinita, junto al presidente Iván Duque, durante su exposición en el auditorio Pablo Oliveros Marmolejo de la Fundación Universitaria Área Andina.

Con la presencia de autoridades locales y departamentales, se expuso la política nacional para el desarrollo de la economía creativa en Colombia, especialmente en ciudades como Valledupar.

“Es una estrategia, no es una ideología. El que diga que es un cuentazo, dirá que su cultura no vale nada. Dígale como quiera, economía de la cultura, industria del ocio, pongamos el nombre que quiera”, explicó Felipe Buitrago, director de Gobierno y Asuntos Estratégicos de la Presidencia.

Sin una definición clara, la economía naranja consiste en convertir ideas innovadoras en bienes y servicios culturales; su valor se determina en la propiedad intelectual. En otras palabras, es la industrialización de la cultura.

Antes fue economía creativa, pero desde la publicación del libro por parte del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, ‘La economía naranja’, autoría de ambos economistas, Buitrago y Duque, se le dio una distinción o representación.

Uno de los puntos que más remarca es la evolución para no perder vigencia. “Hace 52 años había sido absurdo pensar en hacer en una paseo de las estrellas para los reyes vallenatos. Hoy tiene todo el sentido del mundo. Eso es evolución cultural, eso es adaptación. Y si nos adaptamos, nos apropiamos mejor con más oportunidades”, comentó Buitrago durante el conversatorio en el Área Andina.

EL ESPINOSO CAMINO DE LAS ARTES ESCÉNICAS

En Valledupar el vallenato y lo que desencadenó encuentra en el Festival de la Leyenda Vallenata su mayor detonante económico en la ciudad, además de los lanzamientos musicales, entre otros. Solo por medir, 1.647 personas fueron preseleccionadas para integrar el equipo de logística del 52 Festival de la Leyenda Vallenata, ‘Vallenato para el mundo’, que se llevará a cabo del 26 al 30 de abril.

Este año, quedó la cifra récord de 5.938 inscritos (2.845 hombres y 3.093 mujeres) interesados en integrar el equipo de logística del 52 Festival de la Leyenda Vallenata.

Lo anterior, sin contar la oferta hotelera, aeropuertos, restaurantes, discotecas y el resto de empleos directos que se generan gracias a las festividades. Pero no todo el arte considerado economía naranja cuenta con la fortaleza del vallenato.

En las artes escénicas el camino aún es espinoso. Y en ese proceso de abrir camino está Maderos Teatro. Desde hace cuatro años están haciendo teatro en Valledupar y sueñan con realizar un festival en la ciudad.

“Lo que vendemos es teatro, que no está dentro de la canasta familiar. Tiene un grado de dificultad”, aseguró Deyler Díaz Arzuaga, director de puesta en escena de Maderos Teatro.

En una casa del centro histórico de Valledupar, con capacidad para más de 100 personas, presentan trabajos que tardan más de tres meses prepararlos. Para conquistar al público, tienen uno de los valores más económicos del país en cuanto a entradas: 10.000 pesos.

“Hemos vivido en Maderos espiritualmente, creyendo en nuestro oficio. En Valledupar el público está respondiendo. Maderos teatro está viviendo gracias al público, gracias a que la sala se llena y por el estímulo de la gente” agregó Deyler Díaz Arzuaga.

Sin duda uno de los puntos más importante dentro de este tipo de negocios lo enmarca la frase de Deyler: “Lo que vendemos es teatro, que no está dentro de la canasta familiar”, en una ciudad como Valledupar donde consumir teatro no está dentro de las prioridades.

Por eso el objetivo de Maderos es posicionar la necesidad de ir a teatro. Son cerca de 20 personas de actores y actrices que además de dedicarse al teatro alternan su tiempo en enseñar artes escénicas.

“Un montaje tiene un término de tres meses de elaboración, en los recursos para ese montaje está la debilidad en Valledupar y en toda Colombia. En buscar recursos para sostener esa producción: vestuarios, parte técnica. Ahí se genera el mayor costo. Es una de las dificultades”, sostuvo Arzuaga.

Todos esos costos son los que mayor cantidad de empleo generan en este sector de la economía naranja. En Valledupar, Maderos Teatro no es el único luchando por posicionar el teatro. Junto a ellos, Boris Serrano Gómez lleva más de 30 años en las artes escénicas. En ese tiempo ha conocido el aglomerado económico que mueven las artes y que recién toma fuerza en la capital del Cesar.

VIVIR ALCANZADO: EL SACRIFICIO DE LAS ARTES ESCÉNICAS

“Estamos en un despertar que está tomando fuerza. Hay gente haciendo teatro, generando dinámicas permanentes, abriendo camino, pero debemos ir mucho más allá para generar condiciones mucho más favorables: crear escuelas”, argumentó Boris Serrano Gómez, quien creó el personaje Pochorito.

Con el mismo personaje inició una campaña para poder asistir a una capacitación intensiva en Cuba sobre elaboración de personajes en la escritura del cine en La Habana, Cuba. Por eso, realiza presentaciones en las que Pochorito, un campesino desplazado de unos 45 años llega a la ciudad afrontando el pasado, el presente y su futuro. Es el único protagonista.

“Es mimo: teatro gestual lo que yo hago. Pochorito es el protagonista y va realizando diferentes cuadros escénicos, por ejemplo, hace una serie de juegos cómicos”, agregó Serrano, quien tiene planeado el 22 o 23 de abril en hacer dos funciones en la Casa de la Cultura con el fin de recoger fondos.

“Yo he vivido de ellas todo este tiempo. Sí se puede vivir, pero alcanzado, y la idea no es vivir siempre así. Tengo 30 años y vivo alcanzado”, concluye Boris Serrano Gómez.

Ambos se unen a casi la decena de academias de artes escénicas en Valledupar que en el día a día buscan crear un mercado que les permita ser sostenibles en el tiempo y seguir haciendo lo que les gusta: el teatro.