27 mayo, 2020

Diomedes Díaz: ¿un cacique con pies de barro?

Cuál es la línea entre el talento natural de un ídolo popular y la persona misma detrás del primero. Quién traza esa frontera y con qué autoridad moral. En julio de 2015 se generó a nivel nacional una polémica cuando en el Congreso de la República se intentó sacar adelante una ley que exaltara y protegiera la obra musical de Diomedes Díaz Maestre, quien había fallecido un tiempo atrás.

Cuál es la línea entre el talento natural de un ídolo popular y la persona misma detrás del primero.  Quién traza esa frontera y con qué autoridad moral. En julio de 2015 se generó a nivel nacional una polémica cuando en el Congreso de la República se intentó sacar adelante una ley que exaltara y protegiera la obra musical de  Diomedes Díaz Maestre, quien había fallecido un tiempo atrás.

Congresistas, opinadores, periodistas, columnistas y toda clase de personajes de la vida nacional manifestaron su apoyo o rechazo a la iniciativa. El motivo principal para estar en contra fue el comportamiento culpable de Díaz Maestre, responsable del delito de homicidio preterintencional en la persona de Doris Adriana Niño García, una de sus admiradoras, cuyo cuerpo fue hallado en un paraje de Boyacá después de asistir a una fiesta con Diomedes en un apartamento en el norte de Bogotá, a fines de los noventa.

La polémica evitó se le rindiera homenaje en el Congreso, corporación que no se ha destacado desde hace décadas por ser un ejemplo de buen comportamiento.

Esa vida personal del llamado ‘Cacique de La Junta’, plagada también de otros tantos episodios deplorables como consecuencia del consumo de alcohol y sicotrópicos  fue a la par de la carrera musical del cantautor,  como un estigma imposible de borrar. Sin embargo, en muchas ocasiones quienes estuvieron al lado de Diomedes fueron testigos de valores, conductas y esfuerzos loables de quien comenzó como un sencillo y humilde  cantor campesino.

Atravesó Diomedes, desde antes de sus inicios como mensajero en radio Guatapurí, un campo extenso de obstáculos para conseguir, primero, que sus cantos fueran grabados y escuchados por un público amplio y, después, para que él mismo se convirtiera en uno de los más grandes intérpretes de la canción vallenata, con el desarrollo de unas cualidades propias de quien estaba predestinado por la vida a ser un hombre capaz de convocar a millones de personas que no solo asistían a sus presentaciones sino también que aún compran sus grabaciones para que estas hagan parte de recuerdos imborrables.

Aquellos que se opusieron a la exaltación de la música de Díaz Maestre como patrimonio nacional: ¿serán ejemplo de comportamiento ante la sociedad que los elige para que los represente en los poderes del país?  ¿Estarán por encima del bien y del mal para dictar clases de moral desde sus altas, privilegiadas e intocables sillas? Lo cierto fue que  pasó lo mejor, así no se volvió el homenaje en oportunista trofeo político de los promotores, ni el Congreso se iba a sintonizar con el alma popular, contaminándola. Esos héroes populares gravitan y perduran  fuera de las lisonjas oficiales.

La gente, su “fanaticada” como Diomedes Díaz  llamó a sus seguidores, otra vez superior a sus dirigentes, se había apropiado desde siempre y para siempre de las interpretaciones del hijo del viejo Rafael María Díaz y Elvira Maestre quien nació, como lo dice en uno de sus cantos,  el 26 del mes de mayo del año 57.

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