12 noviembre, 2019

Corralejas: costumbre peligrosa de los pueblos

Las corralejas como espectáculo dejaron de realizarse en Valledupar hace casi medio siglo, esta actividad no tuvo mucha acogida en la ciudad capital, según algunas fuentes consultadas.

Anualmente las corralejas son el evento de entretenimiento para muchos municipios de la costa Caribe colombiana.

FOTO/ CORTESÍA.

Muchas son las hipótesis que se manejan sobre los orígenes de las corralejas. Registros antiguos señalan que estas festividades datan desde la antigua Grecia, específicamente de la isla de Creta. Los griegos pensaban que el toro era un animal sagrado que representaba la fuerza y el poder, en ese entonces, los primeros espectáculos eran vistos como la confrontación del poder frente a la destreza y habilidad del hombre.

Esta celebración milenaria fue heredada por los romanos que realizaban esta actividad no como espectáculo taurino, sino como una forma de manejo y entrenamiento del ganado, tradición que tiempo después se atornilló en la cultura española.

Las corralejas llegan al continente con la invasión de los ibéricos a América en la época colonial, y se hacían coincidir con algunas festividades patronales religiosas como vemos en la actualidad en algunos pueblos de la Costa Caribe colombiana.

¿Cómo iniciaron las corralejas en Colombia?

Las primeras fiestas de corralejas organizadas se realizaron en la ciudad de Sincelejo en octubre de 1845 en honor a San Francisco de Asís. Este evento fue copiado en muchas regiones del país, arraigándose en la cultura de algunos pueblos que al día de hoy se niegan a cambiar.

En algunos municipios del departamento del Cesar aún se realizan las corralejas ininterrumpidamente desde la época colonial, sobretodo en aquellos que tienen como actividad económica principal la ganadería, quedando así también radicada en la cultura de su gente.

Becerril es uno de estos municipios donde sagradamente se realizan desde hace mucho tiempo; en cambio, en Astrea, El Copey, Pueblo Bello, Gamarra, Pelaya, Pailitas, El Paso y Tamalameque se siguen haciendo las corralejas de manera más esporádica.

Existen muchas posturas con respecto a la realización y organización de fiestas con corralejas, para algunos es un espectáculo que hace parte de las tradiciones de los pueblos, para otros resultan ser actos sangrientos de los seres humanos para el entretenimiento de nuestra misma raza.

En nuestro país hay una disputa jurídica desde hace algunos años debido a la realización de estos eventos, un sector pide que se respete esta actividad por ser parte de la idiosincrasia cultural, y otro sector más animalista pide que se suspendan ya que son actos de crueldad en contra de los equinos.

La ley 916 de 2004 reglamenta la actividad taurina en nuestro país, pero a medida que van surgiendo los derechos de los animales, la legalidad de las corralejas y las corridas de toros se van poniendo en tela de juicio para la sociedad.

Luego de tanta controversia, en el año 2016 el Senado de la Republica aprueba la Ley 1774, que es conocida como la Ley Contra el Maltrato Animal en Colombia; la legislación es muy clara al precisar que “los animales son seres sintientes, no son cosas, recibirán especial protección contra el sufrimiento y el dolor. En especial, el causado directa o indirectamente por los humanos”.

La Ley de Protección Animal también menciona que el responsable del animal debe garantizar que no sufran hambre ni sed, que no sufran injustificadamente malestar físico ni dolor, que no les sean provocadas enfermedades por negligencia o descuido, que no sean sometidos a condiciones de miedo ni estrés y que puedan manifestar su comportamiento natural.

Además advierte que el que incumpla esta ley podría tener multas de 5 a 50 salarios mínimos legales vigentes, se le podría privar de la libertad de 12 a 36 meses y podría tener inhabilidades para el ejercicio de su profesión con animales; otro ítem importante que la ley establece, es que hace hincapié en que la responsabilidad de proteger a los seres sintientes es responsabilidad del Estado y de la sociedad.

Sin embargo, esta ley deja algunos huecos, y permite que haya algunos permisos especiales para la tauromaquia, corralejas y peleas de gallos.

VOCES A FAVOR Y EN CONTRA

La corralejas y los espectáculos taurinos están contemplados en el marco de la ley como maltrato animal”. Señala Ivette Figueredo Polanía, especialista en docencia universitaria y activista por los derechos de los animales. Ella menciona que hay muchos vacíos en las leyes que castigan el maltrato animal y por eso muy poco se cumplen. Además señala que las instituciones que deben hacer cumplir la ley no lo hacen por omisión a esta.

Muchas personas optan por tomar una postura más conservadora, como es el caso de Guillermo Preciado, presidente de la Asociación de Ganaderías de Toros Bravos, Asotoros, quien en un conversatorio realizado en Sincelejo comentó que las corralejas no se van a acabar, según Preciado, “el pueblo caribeño, la costa Atlántica y la región Caribe ama sus corralejas que son una tradición cultural de más de dos siglos y es un fenómeno de transculturización que se arraigó en esta tierra«. Muchos comparten las palabras del presidente de Asotoros, y esto se ve reflejado en la participación de personas que asisten a estos eventos.

Tomás Darío Gutiérrez, coordinador de la Casa de la Cultura de Valledupar toma una postura más neutra con respecto a este tema, según comenta, si las corralejas retomaran su sentido original sería una festividad bien vista; ya que anteriormente no se torturaba y humillaba al equino hasta matarlo lentamente con una puñalada al corazón. “Si estos eventos continúan con el desenlace que actualmente tienen”, esta actividad estaría condenada a desaparecer, afirmó el funcionario.

Otro punto por el que muchos están de acuerdo con la realización de estos espectáculos, es por las ganancias económicas que este produce: no es secreto para nadie que la organización recauda mucho dinero por la realización de las corralejas y con este dinero se les paga a los banderilleros que arriesgan su vida enfrentando al furioso animal y a otras personas que se contratan como parte del show. Los ganaderos que crían y comercializan a los toros también encuentran muy rentable este negocio. Así pues, hay muchas personas que económicamente subsisten mediante esta actividad.

¿HAY CONTROLES PARA LA REALIZACIÓN DE LAS CORRALEJAS?

Desde que la actividad corralera comenzó, muchas personas han perdido su vida mientras eran partícipes de estos escenarios. El último caso reportado fue el de Manuel Enrique Madrid Vega, quien falleció el pasado 9 de noviembre en un centro asistencial en Bosconia; ´Colita´ como era conocido, fue envestido por un toro que le ocasionó una herida muy grave en el abdomen en el marco de las fiestas patronales de Astrea, Cesar.

Como este hecho, se presentan muchos todos los años en el departamento y el país, lo que abre el interrogante sobre los controles existentes en este tipo de eventos.

Las estructuras o gradas de las corralejas es un punto que los organizadores y autoridades analizan detalladamente, estas tribunas por llamarlas de alguna forma, deben garantizar la seguridad del espectador. Una de las historias más recordadas fue las del incendio en una parte de la estructura durante las corralejas en Becerril en el año 2011, en ese entonces, el susto dejó un saldo de 23 heridos.

Hay que resaltar que los permisos para la realización de las corralejas son otorgados de manera independiente por las secretarías de Gobierno de cada municipio. De las administraciones municipales depende que se cumplan todas las medidas de seguridad, comentó el secretario de Gobierno departamental Carlos Andres Cotes Maya.

Anualmente las corralejas son el evento de entretenimiento para muchos municipios de la costa Caribe colombiana. FOTO/ CORTESÍA.

La cultura puede prevalecer sin las corralejas

Las actividades corraleras se encuentran más arraigadas en la cultura costeña que en otras partes del país, por lo tanto, se hace difícil que se erradique esta actividad tradicionalmente realizada en muchos pueblos.

Fuentes consultadas creen que sí se puede erradicar la práctica, es más, consideran que se puede conservar las tradiciones ganaderas siempre y cuando se respete lo contemplado en la Ley de Protección Animal.

Poco a poco se han ido prohibiendo las jornadas taurinas y corraleras en el país debido a muchas voces de protestas que se han levantado en contra de estas actividades; en Bogotá, Medellín y otras ciudades fueron prohibidas y muchos municipios, incluso del departamento del Cesar, dejaron de organizarlas por la poca asistencia de la comunidad debido a que muchos las consideran una barbarie.

Por: CARLOS VANEGAS MONTH / EL PILÓN
carlosavanegas19@hotmail.com