22 noviembre, 2019

Con la vida no se juega

Alarmante la epidemia de dengue que hay en el Valle, en todas partes encuentra uno gente con dolor de cabeza, rasquiña, inapetencia y un “yo no sé qué, déjame estar que no me deja tranquilo y me impide dormir” y se lo achacan a un resfriado o a una fuerte gripa, cuando ahora que todo […]

Alarmante la epidemia de dengue que hay en el Valle, en todas partes encuentra uno gente con dolor de cabeza, rasquiña, inapetencia y un “yo no sé qué, déjame estar que no me deja tranquilo y me impide dormir” y se lo achacan a un resfriado o a una fuerte gripa, cuando ahora que todo el mundo tiene servicios médicos, desde el más humilde hasta el más encopetado, lo que deben es acudir al médico, quien sin mucho preámbulo, te manda a hacer un hemograma y ahí sin ninguna duda te salen las plaquetas y otros componentes sanguíneos bajos, razón inequívoca que estas puyao por el bandido del mosquito o zancudo que lo transmite, aunque acabo de leer que también se contagia como el Sida, haciendo “cositas ricas” y lo único que te dice el médico al conocer los resultados de tus exámenes es que guardes reposo absoluto para que no se alborote y no te de rasquiña, que tomes Dolex cada seis horas e ingieras líquido bastante aunque sea a la fuerza, que te repitas el hemograma una o dos veces para ver la evolución y que aguantes con paciencia y resignación siete u ocho días de cambios del maldito bicho hasta cuando desaparece.

Eso es pesao y la única manera de evitarlo es matando al zancudo transmisor que abunda en los cientos de lotes que parecen selvas convertidos en botaderos de basura sin que haya autoridad que lo haga limpiar y evite que los carromuleros que ahí están haciendo de las suyas los conviertan en inmundos basureros y ahora con la nueva noticia de la transmisión amorosa, será repartiendo condones a diestras y siniestras; Valledupar necesita la presencia de las autoridades representada en la Policía Nacional especialmente, pues da grima y rabia ver cómo pasan por las narices de cientos de policías los carros de mula cargados hasta los téques de poda de árboles y de ñapa arrastraos por unos caballos famélicos, sudaos y muertos de hambre que dan lastima, pero a quienes no se les puede decir nada porque te mandan a comerte un cerro de doble m (miedda y copa) y te recuerdan no en forma cariñosa a la vieja.

Señor Alcalde, inicie una gran brigada de fumigación en la ciudad no una sino varias veces aunque el eminente médico Internista, todero y de fina puntería Marcelo Calderón dice que este remedio es peligroso, que lo que hay que hacer es limpiar la ciudad, los lotes, las acequias, las llanterías, albercas y todo lo que deposite agua en donde el zancudo bellaco se reproduce y evite que nos sigamos muriendo de dengue como ya lo estamos viendo. Con la vida no se puede jugar, es sagrada.

Hay lotes que se han vuelto una amenaza para sus vecinos, no solo por su desaseo sino porque se han convertido en una guarida de viciosos, rateros, atracadores y personas de las peores condiciones humanas, como es el caso del inmenso bien ubicado en la cuadra del famoso colegio Ateneo del Rosario, que sus propietarios no se han preocupado nunca de cerrarlo y al menos poner un parqueadero en él. No les importa, porque tienen los bolsillos llenos, pero a los residentes del Rosa del Ateneo si nos golpea, pues el robo en nuestras casas es el pan de cada día.