6 agosto, 2020

Colombia y México, dos coincidencias históricas

Cuando leemos lo que pasa en Colombia y México, en materia político-económica y electoral, sorprenden las enormes similitudes existentes.  Aquí hemos tenido una hegemonía de dos partidos tradicionales, en México la del PRI por 70 años, con pequeñas interrupciones. Aquí, en 1970 dejaron de transmitir los resultados electorales cuando el ganador virtual era Rojas Pinilla; […]

Cuando leemos lo que pasa en Colombia y México, en materia político-económica y electoral, sorprenden las enormes similitudes existentes.  Aquí hemos tenido una hegemonía de dos partidos tradicionales, en México la del PRI por 70 años, con pequeñas interrupciones.

Aquí, en 1970 dejaron de transmitir los resultados electorales cuando el ganador virtual era Rojas Pinilla; al siguiente día Misael Pastrana amaneció triunfador; allá, en 1988, Cuauhtémoc Cárdenas era el seguro ganador de la presidencia pero también suspendieron la transmisión: ganó Salinas de Gortari; igual le pasó a Gustavo Petro, el candidato que llenaba todas las plazas pero perdió con el que hacía sus reuniones en espacios cerrados porque no llenaba; después se ha sabido con el proceso de la “ñeñepolítica” que pudo existir un fraude.

Aquí, una alianza de narcos y Estado asesinó a Luis Carlos Galán, seguro presidente de Colombia, igual que a Pizarro, ganador esperado y otros más; desde Uribe Uribe es una práctica siniestra; allá lo hicieron con Luis Donaldo Colosio en 1994, parece que con la connivencia del mismo PRI, partido de Colosio; subió Ernesto Zedillo.  Cárdenas esbozaba unas tesis económicas similares a las de Petro; Colosio estaba haciendo una revisión a las políticas neoliberales del PRI, que había hundido totalmente las apuestas nacionalistas y agrarias inspiradas en la revolución de Pancho Villa y Emiliano Zapata.

Las investigaciones, en los dos países por estos magnicidios, ocultaron el crimen. La tesis de Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, de las AUC (q.e.p.d.), era que: “una vuelta grande no se hace sin la ayuda del Estado”.  Y todas estas vueltas eran bien grandes.  En México tuvieron su “Señor de los Cielos”, nosotros el de los falsos positivos (¿el señor de las tinieblas?).  Ambos países, por tradición, han desarrollado su economía alrededor del petróleo y la minería y sus políticas internacionales sumisas a los EE.UU, pese al nacionalismo azteca.

En materia religiosa, son los dos países más confesionales de América: el patrón de Colombia era el Sagrado Corazón de Jesús, aún nos queda la virgen de Chiquinquirá; en México, la virgen de Guadalupe, invento de los mexicanos según el papa Francisco.  Y, a pesar de esa fe consagrada, Porfirio Díaz, un dictador mejicano se quejaba injustamente de la poca fe de su país diciendo: “México, tan ceca de EE.UU pero tan lejos de Dios”.  En narcotráfico son dos países siameses; en los dos, estructuras mafiosas han penetrado el Estado y lo manejan; no hay líneas divisorias.

Las similitudes entre Pablo Escobar y el Chapo Guzmán y sus respectivos carteles, son evidentes.  En ambos impera el miedo. Allá liberaron al hijo del Chapo por temor a una represalia, aquí las barras bravas del uribismo y los comunicados oficiales del CD frenan decisiones de la Corte Suprema. Estos países tienen una fortaleza musical que recorre el mundo, teniendo México una cultura precolombina más avanzada.  En la conquista de ambos países hubo dos “pacificadores”, Morillo y Hernán Cortez. Allá, con AMLO, parece iniciarse una ruptura, aquí la esperamos con Petro.