17 agosto, 2019

Amelie es mi mamá

Alma vestida de paz, la alegría, la esperanza y el perdón, me encanta me tranquiliza. Una sensación gigantesca de luz al ver esos ojos negros brillantes al verlos no había tortura.

Alma vestida de paz, la alegría, la esperanza y el perdón, me encanta me tranquiliza. Una sensación gigantesca de luz al ver esos ojos negros brillantes al verlos no había tortura. Cuando las escuchas te imaginas algo lejano que se ha caído o se encuentra en trance de extinción es inefable misteriosa su cabello juega con el clima simplemente redime todo lo malo que ha pasado y nos permite sonreír. Una extraña sensación de vértigo que se siente, cuando pasa susurra el sonido del viento al pasar por las hojas de los arboles; me refugiaba en mis propios suburbios.

La veo todos los días y siempre lleva junto a ella un olor único, creía yo que era por las flores que vende pero no, las flores se opacan ese olor solamente vive en ella. Le compro flores para verla más de cerca, pero la timidez es muy grande para decirle lo que siento, a veces creo que la mirada es compartida.

Que somos dos personas demasiado tímidas para dar el primer paso, como algo que te hace saber que la otra persona también te corresponde, pero no quiero que alguno se atreva hacer algún movimiento. Han pasado los días y como siempre pasa vendiendo sus flores, vende por las mañanas y su sonrisa es la que me despierta, he corrido a verla  pero esta vez no sería a comprarle flores, me he acercado, estaba sola recostada a un árbol cantándole a la naturaleza, me escondí detrás de unos árboles para admirarla y apreciar una vez más su sutil belleza. Ha llegado el atardecer se ha levantado se despide del árbol donde ha estado recostada, se ha marchado, pero no la iba a dejar ir he gritado: ¡ mi adorada Amelie!

Ella voltea y me dice: ¿Quién eres de dónde saliste? Sonó algo grotesca y se aleja sin voltear la mirada. Cierto día regresa, me le acerque y me pregunta: ¿Va a comprar flores? Fue maravilloso oírla, su cabello ya no era negro, es iluminada por el color rojizo, con el que el sol les daba color a las nubes al despuntar el atardecer. No podía seguir imaginándome un beso, un hogar una vida junto a ella debía hacer algo.

 te he observado todos estos años y desde que supe tu nombre ha permanecido en mi corazón. sonríe, pero no con cualquier sonrisa, no podía evitar que se le dibujara una sonrisa en sus labios.

¿Cuál es su nombre? Me pregunta, a lo que yo respondo: Mi nombre es Avelino

tengo que irme responde Amelie ¡A dónde vas! Vuelve, otra vez era de verla aparecer y desaparecer como si no existiera.

Mejor lloro. De alguna manera era ella y se fue, la he dejado ir.ella ha pasado todos los días vendiendo sus flores y sin duda no he podido olvidarla. Amelie regresa y una vez más me le he acercado Amelie ¿otra vez usted?, Disculpe, pero ¿Ha sentido usted un flechazo alguna vez? ¿A qué se refiere? No es el dolor o la herida que causa una flecha, me refiero a ese amor que se siente de una manera repentina y no esperada.

Ella me miró fijamente, decidió estar conmigo repitiéndome ¡amor, todo el amor! Nunca me enoje con Amelie ese falso enojo que siempre se presenta después de una pequeña riña; (sus abrazos se transformaban en un lugar seguro). ¡Una semana sin verla ya no sale tan seguido. La  vi un día, paso toda llena de ella; no puedo olvidar sus ojos, me miró como despidiéndose. A veces se le olvida llegar, ella no es de este mundo, fue hecha para ser soñada, pero valía la pena verla, oírla y verla sonreír.

Autor: Adriana Ricardo Beleño – Colegio Alfonso Araújo Cotes