4 mayo, 2021

¿A quién intentaban engañar?

Por fortuna, las redes sociales democratizaron la noticia, que dejó de ser un libreto formateado por los dueños de los medios afines al establecimiento; ya nadie traga entero, o como se dice coloquialmente, nos mete el dedo en la boca fácilmente. ¿Quién es tan menso para creer que Uribe se oponía a la reforma tributaria, […]

Por fortuna, las redes sociales democratizaron la noticia, que dejó de ser un libreto formateado por los dueños de los medios afines al establecimiento; ya nadie traga entero, o como se dice coloquialmente, nos mete el dedo en la boca fácilmente.

¿Quién es tan menso para creer que Uribe se oponía a la reforma tributaria, y dizque desesperadamente le llegó a suplicar a Duque que esta no fuera tan agresiva para el bolsillo de los colombianos? ¡El presidente es Uribe!, verdad de perogrullo que no es “secreto a voces”, sobre algo que todo el mundo sabe, conoce y pregona, a no ser que maniobre una estrategia en el intento de salvar la Ley de Solidaridad Sostenible, como ha bautizado su tercera reforma tributaria.

Con los globos que suelta para auscultar la opinión nunca se imaginaron la descomunal protesta social que acompañó el paro nacional. La capacidad de convocatoria de las centrales obreras, sindicatos, Fecode, estudiantes, Asonal Judicial, universidades, gremios, sociedad civil, ciudadanía en general, en fin, desbordó las masas y reflejó el malestar colectivo, especialmente de los sectores más deprimidos que muerden el polvo y batallan contra la hambruna por la supervivencia.

El argumento de la reforma tributaria es el sostenimiento de los programas sociales del gobierno para la franja vulnerable de la población -pues que los financien la usura de los bancos y los conglomerados económicos-. Al final de cuentas, “del cuero salen las correas”. Son los directamente beneficiados con exenciones y reducción de una carga tributaria que golpea de manera implacable a los más pobres y a la clase media.

En 2012, Duque cuestionó a Santos por nuevos impuestos y hasta parafraseó al ex primer ministro de Canadá, William Mackenzie King: “Las promesas que hicieron los políticos ayer, son los impuestos de hoy”, sentencia que se convierte en un boomerang para el mismo Duque. Y claro, normalizamos las mismas prácticas que criticamos.

“Y no eres tú el que eliges el momento, es el momento el que te elige a ti”, paremia del inmolado senador por Massachusetts (Estados Unidos), Edward ‘Ted’ Kennedy, muy oportuna en las actuales circunstancias, sobre la inconveniencia de una reforma fiscal que nació muerta en medio de una crisis sin precedente, agudizada por la pandemia, porque al que no lo mata el covid-19 lo mata el hambre, dada la destrucción de decenas de millones de puestos de trabajo a nivel mundial.

Para deslegitimar el derecho a la protesta social, consagrada en el artículo 37 de la Constitución Nacional: “Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente”, fuerzas oscuras vandalizaron el comercio, entidades bancarias y bienes públicos, pero eso ya es comedia sin auditorio, porque las fuerzas del orden están en capacidad de reprimir hechos vandálicos que rechazaron los actores del paro. 

Lo real es que no hay efecto sin causa; de una reforma tributaria sin consenso que generó más pánico que el propio covid-19, repudio e indignación, se  presagiaba más muertes y contagios  por las aglomeraciones en las marchas al desacatar las normas sanitarias  dictadas por la Organización Mundial de la Salud.

Como si no fuera suficiente la racha de decesos por el covid-19, la glorificación de la violencia para que la fuerza pública utilizara las armas en medio de la protesta social no fue de buen recibo, incoherencia que le salió al paso la red social Twitter al bloquear la cuenta del expresidente Uribe por violar reglas de la plataforma tecnológica.

Con el retiro de la reforma tributaria al paso de enardecidas movilizaciones y agitación de masas, históricamente se demostró que la opinión pública es más fuerte que cualquier legislatura y posturas radicales obcecadas que nos hubieran ahorrado la pérdida de vidas humanas, porque los daños materiales por cuenta de los desmanes se recuperan.