15 mayo, 2019

A las madres

No es tarde para escribir sobre ellas. En casi todo el mundo se celebró el pasado domingo 12 de mayo el día de las madres y se hizo justo reconocimiento a esa figura paradigmática para quien todo elogio es pequeño. Para mí, todos los días le debemos reconocimiento a ese ser tan bello y adorado. […]

No es tarde para escribir sobre ellas. En casi todo el mundo se celebró el pasado domingo 12 de mayo el día de las madres y se hizo justo reconocimiento a esa figura paradigmática para quien todo elogio es pequeño. Para mí, todos los días le debemos reconocimiento a ese ser tan bello y adorado.

En Colombia y en especial en esta tierra vallenata cobra especial significado, pues en medio de las tragedias en las que vivimos, sobresale como símbolo de sufrimiento que genera cualquier acto de violencia, el papel abnegado de las mujeres que soportan la pérdida de sus hijos, con todo el dolor que ello conlleva.

Madres de policías y soldados muertos en defensa de nuestra democracia o retenidos arbitrariamente por los grupos alzados en armas, madres de ciudadanos y niños inocentes asesinados en actos de salvajismo que rechaza la conciencia civilizada, madres de seres que mueren víctimas de la delincuencia y la intolerancia, madres que soportan la muerte de sus hijas asesinadas por sus propios esposos, madres de hombres y mujeres secuestradas, madres, en fin, martirizadas en un país o en nuestro pueblo que parece insensibilizado ante tanta hostilidad insensata. Para ellas ese día no fue de celebración. Pero el mensaje de amor y solidaridad de sus familiares, sus allegados y todos en general que buscamos interpretar en estas líneas servirá para ustedes para reconfortarlas. A ellas, así como a las mujeres que puedan ufanarse de conservar a sus hijos, rendimos el homenaje que se merecen a través de esta columna. No son sólo fuente de vida por excelencia sino sostén de los valores que hacen digna la existencia y ahora más que nunca están haciendo falta para sacar a nuestra Colombia del oscuro túnel de la violencia.

Desde esta columna les rindo un homenaje a todas las madres vallenatas y en especial a mi viejita inolvidable y adorada Lety Palmera, a mis tías Dominga y Susana, que mi Dios las tenga en los cielos. A mis tres hijas Nany, Chia y Silvia, y a mi yerna Taty Bazzi. Quiero también hacer mención de algunos familiares que algo han tenido que ver con mi vida: Ana Susana Palmera, Marielena Castro de Quintero, María Clara Quintero y María Margoth Maestre de Cabello.

Postdata: Señor alcalde, gran amigo. El relevo en una oportunidad que tienen los mandatarios para recuperar oxigeno ya que están sufriendo un visible desgaste ante la opinión pública por culpa de la ineptitud de ciertos secretarios que no están rindiendo. Los cambios de gabinete como lo decía un expresidente significa para los gobiernos, lo mismo que los cambios de sábanas para los enfermos: no una curación pero sí un alivio.

Le recuerdo al secretario de Obras de los innumerables huecos que hay entre las calles 14 y 15 sobre la carrera 9ª. Le agradezco tomar atenta nota.
Debemos castigar a los políticos que se dedican a ejercer la mentira pública. Personalmente cuando los escucho o los leo, siento en ellos el mal aliento de la mentira. Su boca y sus intervenciones dejan el rastro de las verdades a medias.

Señor alcalde, el domingo conté 35 vendedores estacionarios alrededor de la Plaza Alfonso López y 3 frente a la iglesia dentro de la Plaza. Le hago la observación porque dentro de poco le van a invadir la Plaza y cuando quiera tomar alguna medida, ya será demasiado tarde.

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